Hola: Que la acción de pensar-sobre todo si ese pensar es
crítico- es algo que pone muy nerviosos a los poderes, a todos los poderes,
pero mucho más a los tiránicos, es algo que se ha dicho infinitas veces. Sin
embargo, entiendo, que no por ello debemos de dejar de recordarlo, porque hay
mucha gente-demasiada gente- que pasa la vida sin ejercer esa facultad que solo
los humanos tenemos.
El artículo de A. García Peña refleja de manera magnifica
este tema.
Merece la pena de leerlo despacio, reflexionar sobre ello y divulgarlo.
Saludos Francisco.
Aarón García
Peña: Presidente de la Agrupación
de Retórica y Elocuencia del Ateneo de Madrid
¿Cuánto tiempo nos dedicamos a pensar por nosotros mismos? Solemos creer
que nuestras ideas son propias, consecuencia directa de la manera que tenemos
de entender o tratar de entender el mundo. Pero ¿cuántos de nosotros tenemos
por costumbre comprobar si son fiables? Sincerémonos: ninguno; no se nos educó
para ello.
De pequeño me enseñaron algunas verdades absolutas. Supe, sin saber muy
bien cómo, que las pirámides de Egipto fueron construidas por esclavos, que a
las trece víctimas del estrangulador de Boston se les quitó la vida mediante el
estrangulamiento, que a Albert Einstein le fue concedido el Premio Nobel de
Física por su Teoría de la Relatividad General, que Darwin afirmó que los seres
humanos descendemos del mono, que Robert Capa fue el autor de la fotografía
“Muerte de un miliciano” durante el tiempo que trabajó como corresponsal de
guerra en la Guerra Civil Española, que era una manzana el fruto que comieron
los personajes de la Biblia —Adán y Eva—… Fueron muchas las verdades que adquirí
sin cuestionármelas, tal vez porque creía en las bondades de los mayores o
porque resultaba cómodo creerme culto. Pasado el tiempo, hubo un puñado de
maestros que me enseñaron a dudar de mis axiomas más hermosos, que me hicieron
dudar incluso de ellos mismos; que me hicieron dudar, sencillamente. Entonces
ocurrió: de repente dejé de ser un hombre culto y me sentí traicionado por
aquellos en los que hube confiado mi conocimiento. Ahora, a mis treinta y seis
años, hace tiempo que me sé responsable de mi propia ignorancia. Sin dejar de
culparles, me culpo; he aprendido a culparme por no defender a los maestros que
me inculcaron la duda y por no defenderme de quienes me dan una verdad sin
pedirme la propia.
Un hombre no es culto por aceptar como siervo las letras de los libros. Un
hombre no es culto por saber muchas cosas. Un hombre culto es aquel que sabe
interpretar, por sí mismo, las muchas o pocas cosas que sabe. No se es culto
por saber que las pirámides de Egipto fueron construidas por trabajadores asalariados,
de hecho la primera huelga de trabajadores de la historia fue protagonizada por
ellos. No se es culto por saber que el estrangulador de Boston sólo asesinó a
la primera de sus trece víctimas estrangulándola. No se es culto por saber que
el Premio Nobel de Física le fue concedido a Albert Einstein, en mil
novecientos veintiuno, por su obra sobre el efecto fotoeléctrico; siendo
publicada la Teoría sobre la Relatividad General dieciséis años antes. No se es
culto por saber que gorilas, chimpancés, bonobos, orangutanes y homo sapiens
sapiens descendemos del Sahelanthropus Tchadensis; y que, como realmente
advirtió Darwin, no somos todos sino primates. No se es culto por saber que
Robert Capa no existió sino que éste era el seudónimo de Endré Ernö y Gerda
Taro —marido y mujer del mismo matrimonio—. Y no se es culto por saber que en
la Biblia no se especifica que el Árbol del bien y del Mal fuera un manzano ni
que el famoso fruto prohibido fuese una manzana. ¿Quién es culto, entonces? Lo
importante no es tanto conocer la verdad o evitar que nos mientan. Lo
importante es que la ciudadanía española tenga la duda por certeza. La derecha
lo conoce bien: sólo mediante la duda puede existir el librepensamiento y sólo
en ausencia de éste es posible tomarnos por tontos.
La ausencia del ministro de Cultura, José Ignacio Wert, en la última gala
de Los Premios Goya, es un desprecio a quienes practican el librepensamiento;
del mismo modo que se pretende prevenir éste con un nuevo modelo de educación
que resta protagonismo a las materias que incitan a la reflexión y el análisis;
haciendo que las asignaturas con contenidos de historia, filosofía, literatura
y ética pierdan peso curricular en favor de las materias que no admiten
cuestionamiento por parte del alumno. Cuando la derecha española nos ha
hablado, históricamente, de cultura; en realidad sólo nos habla de su propio
modo de entenderla. Dijo Gonzalo Calamita, rector de la Universidad de Zaragoza
en 1936, que el libro es “el peor estupefaciente”. José Ibáñez Martín, segundo
ministro de enseñanza, dijo en en 1944 que la actuación más destacable de su
ministerio fue la construcción de capillas. Aseveró Blas Piñar, en 1980,
“nosotros tenemos lo que les falta a ellos: Dios y la razón”.
Debería preocuparnos el modelo de cultura porque debería preocuparnos que
lo niños sigan siendo, junto con los adultos, las criaturas del mundo más
fácilmente manipulables. Debería, debería, debería…; pero el hombre es un ser
irracional que se pasa toda la vida disimulándolo.
Público.es 23/2/2014
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