miércoles, 26 de febrero de 2014

Ampliación del concepto de redundancia individual en su dimensión formativa. Meditación a partir del texto de Alberto Cerezo: En busca de la autoeducación estética (II)

     Si tras la modernidad se consolidó como canónico un sujeto concéntrico cuya individualidad se caracteriza como redundante y escindida, podremos descubrir  alguna lógica que posibilite ese tipo de individuo. Desde un punto de vista sociológico se trataría de un individuo medio o típico de una sociedad porque en la redundancia sobreabunda lo mismo.  Este individuo permanece concentrado en unos fines que le caracterizan precisamente como tipo de una época determinada.   La manera de ser individual se encuentra unificada en  un  mismo impulso o dirección porque en la reciprocidad individual se seleccionan unos fines a la vez que se descartan otros. La prevalencia de unos (fines) sobre otros es cuestión de moldeamiento de la subjetividad porque es necesario que la atención se mantenga fija en unos elementos de la realidad y se distraiga de otros.  Puedo señalar dos rasgos psicológicos que hacen posible esto: de un lado, conformidad con el estado de las cosas y por otro, cierta renuncia a la búsqueda filosófica del conocimiento, porque con disconformidad las acciones individuales serían divergentes y porque con investigación no se anularían otras perspectivas posibles. Es un espíritu conservador aunque se vista con el ropaje del progreso y se presente como adalid de todos los cambios tecnológicos posibles porque se caracteriza por la repetición de los fines que se propone en la vida y no por los recursos de los que dispone para conseguirlos. La unificación se dispone como uniformidad porque esta es la manera en la que un conglomerado humano puede reconocerse y darse a conocer. Se puede apreciar, por ejemplo, en la figura y en la disposición del cuerpo, en cómo se muestra en público un individuo siguiendo los patrones de la moda o mediante la vestimenta laboral. La asunción de unos fines que permiten desenvolverse al individuo acaban por caracterizarle envolviéndole -como si fuera alguien desnudo que se cubre- pero en realidad lo que se mantiene es otro sentido  que, como si fuera algo irremediable, unifica individualmente a cada sujeto en torno a unos fines no individuales sino colectivos.

     Por ejemplo, tras el consumismo se esconde una organización del mundo que define como bien el propio consumo quien se convierte en pieza angular de la economía y la vida cultural. La capacidad para consumir es un dato del valor individual, de modo que es sentido como algo útil para realizarse. De ahí, que la pérdida de un objeto exija su reposición o el cambio por uno mejor para mantener o incrementar el valor personal. Ya no es solo algo que hace referencia a la necesidad humana, sino a las condiciones marcadas por la organización de la vida social. De aquí el valor de la imitación y de lo falso porque quien no puede conseguir esos objetos necesarios para significar su propia individualidad, intentará valorizarse mediante un disfraz para disponer de ese valor en sus relaciones. La historia personal queda enmarcada por el esfuerzo dedicado y empleado para conocer y conseguir esos objetos, por su visibilidad y por la impresión que causan en los otros y en uno mismo. Cada consumidor es un actor que  persiguiendo sus propios intereses, contribuye a perpetuar un modelo de relaciones que responde a fines distintos de los suyos propios, ya que sigue una lógica colectiva. La redundancia es, por tanto, efecto de la perdurabilidad de la unificación en torno a unos fines de muchos individuos que siguiendo sus propios motivos, intereses y afectos se embarcan en unos fines derivados de la lógica que despliega la propia disposición que ellos tienen para relacionarse entre sí. 

      La redundancia se aparece con un aspecto formal y con una tendencia hacia el mismo sentido. Puede ser pensada como efecto de las relaciones recíprocas o a la inversa como estructuradora de ellas pero no explicaremos nada sino la diferenciamos en clases y tipos porque como seres humanos ya somos algo redundantes porque la naturaleza humana impone sus condiciones:  lo que encontramos en nuestra época no es un individuo redundante si no una clase de individuo redundante (por eso siempre se pueden distinguir rasgos predominantes de un grupo, una sociedad o un período histórico). También faltaría conocer cómo viven esas formas cada individuo y hasta qué punto esto es producto de su perspectiva individual. Si la individualidad emerge <<cosificada>> necesitaríamos recuperar la posibilidad real de vivir de manera diferente, es decir, con la fuerza suficiente para que la discrepancia pueda concebir su perspectiva y albergar la posibilidad de constituirse en realidad.  

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