La filosofía de por sí puede cambiarnos la vida. Todos somos filósofos y en la búsqueda del sentido solo tenemos que ejercer como tales.
jueves, 16 de mayo de 2013
martes, 14 de mayo de 2013
MAS SOBRE "EL MIEDO"
EL ESTADO GUARDIÁN. EL MIEDO
COMO RECURSO DE DOMESTICACIÓN.
Y este clima de tensión hará fructificar
un nuevo recurso integrador de la ciudadanía en la época que se abre tras la
crisis. Ciertamente, no desaparecerá la mentalidad consumista, ni las
incitaciones para ella. Es la herencia psicológica
y social que la etapa anterior lega a nuestros tiempos, prolongándose hasta
nuestros días. Para lograr la satisfacción integradora no es ya tan fácil,
especialmente para los jóvenes y las clases más modestas, no digamos para los
cada vez más numerosos parados. Surge una contradicción entre las ansias de
adquirir los bienes publicitados, ofrecidos tentadoramente en los escaparates,
y los bolsillos enflaquecidos de bastantes ciudadanos. Hay que buscar un nuevo
truco domesticador de las masas. La maniobra consistirá en pulsar otro resorte
compensatorio: él se la inseguridad, forjando un ciudadano estremecido ante el
acoso de múltiples amenazas. Se moldeará, así, el ciudadano dominado por el
miedo, que no busca ya tanto el placer del consumo, como la protección.
EL MIEDO EN LA HISTORIA
HUMANA. MIEDO Y FANTASÍA.
Incluso sectores enteros de la
cultura humana se originan en el miedo. Tal sería el caso de la religión, según
afirmó destacadamente Lucrecio. Los terrores ante la naturaleza, según la
repetida frase del poeta romano timor
fecit Deus, unidos a la ignorancia constituyeron la fuente de la
religión.
EL MIEDO Y EL PODER POLÍTICO.
El siervo de la gleba, el
vasallo, en la Edad Media, acosado por la violencia ambiental en aquella
sociedad, encontraba en el señor, por más que lo explotara y le vejara con el ius primae noctis,
su protector. El precio de la seguridad, de la supervivencia, era la total
sumisión. Y el ciudadano pacifico de la democracia se siente defendido por la policía.
Son estos los mecanismos de integración que pone en marcha el que podemos
designar como “Estado guardián”.
Amigo JUAN ANTONIO: Abundando un
poco más en este tema tan moderno y eterno a la vez, como se puede apreciar en
estos retazos del libro de Carlos Paris, Ética radical, vemos que el arma del
miedo se ha utilizado, siempre y en todo lugar, para llevar al ser humano más
indefenso a donde le conviene al poderoso. Por supuesto, a mi manera de ver,
partiendo de la base del complemento ideal del miedo, que es la ignorancia. Así,
en tiempos pasados, teniendo a las gentes apartadas de cualquier asomo de
cultura, teniéndolos analfabetos; y hoy, que mantener el analfabetismo es más difícil,
procurando que la información que posea el ciudadano sea la menor posible. ¿Cómo
puede ser esto ante los medios tan poderoso de información que tenemos? Fácilmente:
haciendo que esta sea la que interesa al poderoso. (En la línea de lo que decía
Trasímaco: “que
lo justo es aquello que conviene al que manda”) ¿De qué forma? De mil
maneras, contando con el suficiente capital que pueda comprar todo aquello
necesario para llevarlo a cabo. Comprar medios físicos: prensa, radio,
televisión. Medios humanos: personas que influyan en las gentes, por muy
diversos motivos. Medios mafiosos: atemorizar a las voces discrepantes,
llegando a la eliminación física, como desgraciadamente estamos viendo, día sí
y otro también.
¿Remedios? Me preguntarás. Ya
sabes que muchas veces hemos hablado, o yo he dicho, en múltiples ocasiones que
la solución está en la educación. Pero llegados a este punto actual de nuestra
vida, de nuestro panorama nacional, solo encuentro una solución: la insumisión
civil. Sin violencia, imitando a Gandhi, pero sin resquicio de flaqueza por
parte de los ciudadanos, negándonos a pagar todo aquello que nos imputan. Estoy
seguro que si no pagásemos los impuestos, tendrían que escucharnos. Otra forma,
yo no la veo.
Un abrazo. Francisco.
domingo, 12 de mayo de 2013
Una filosofía de la esperanza. La terapia que necesitamos.
El camino de la búsqueda está marcado por la esperanza y esto implica desear, tendxer hacia algo posible. Si uno considera imposible alguna meta u objetivo jamás podrá alcanzarla. El creer que nuestras metas pueden hacerse realidad son una componente fundamental de su posibilidad. De ahí la importancia de desear lo posible o ver como posible lo que se desea. Es necesario realizar un análisis previo de las condiciones de posibilidad de nuestros objetivos ya que es fácil convertir una fantasía en esperanza. Y en consecuencia, la frustración acaecerá de una manera segura. Es fundamental plantearse metas posibles y a partir de ahí luchar por ellas. Este es el camino de la esperanza.
Aunque no es lo mismo tener esperanza para uno mismo que para los demás, podemos afirmar que cuanto más altruista sea una meta más necesitamos tener esperanza, sobre todo porque es posible que los resultados se den a mediano o largo plazo e, incluso, que a veces no lleguemos a verlos aunque podamos estar convencidos que se han conseguido o se conseguirán.
Lo que vamos consiguiendo en el camino de nuestra propia búsqueda personal es algo tangible (tanto los logros como los fracasos) pero aquellas esperanzas puestas en los demás no las veremos de un modo tan nítido. Podemos depositar mucha esperanza en la educación de nuestros hijos, incluso suscitarles rumbos fecundos para su vida, pero los resultados los iremos viendo poco a poco y algunos nunca. Pero esta es una característica de la esperanza depositada en otros.
Tenemos esperanza en el ser humano. Creemos en la educación como medio de construir una sociedad más justa y solidaria. En contribuir en la consecución de un mundo mejor para nosotros y nuestros descendientes y a nos anima la esperanza en los demás y en el futuro.
Resulta, entonces, que la búsqueda con esperanza ya es de por sí un logro, un resultado. Pero esta actitud abierta y esperanzada hacia los demás, solo puede surgir de un sentimiento profundo de esperanza individual. Solo podemos creer en los demás si creemos en nosotros mismos.
También habría que distinguir la esperanza como actitud vital considerada, quizás, como una actitud de optimismo radical respecto del futuro, de los demás, de la vida y la esperanza como sentimiento concreto frente a los retos de la vida cotidiana. Es verdad que, a veces, lo segundo se nutre de lo primero, pero es necesario hacer alguna precisión.
La esperanza como sentimiento personal tiene mucho que ver con los sentimientos de autoestima y confianza en uno mismo. De ahí la importancia de fijarse metas posibles. Porque de este modo cosecharemos resultados que a su vez aumentarán más nuestra autoestima. Plantearse metas imposibles nos aboca al fracaso. Y plantearse continuamente este tipo de metas nos llevaría a la frustración continua o, incluso, a la desolación. De ahí la importancia de realizar una crítica de nuestra propia filosofía personal y a partir de ahí construir una filosofía de la esperanza que nos oriente en la consecución de nuestras metas y nos permita conseguir resultados porque somos capaces de perseguir fines posibles y realizables. Y en esto consiste, ni más ni menos, el camino de la felicidad.
Una filosofía práctica de este tipo, además de guía personal, constituye una auténtica invitación a los demás. Una invitación a vosotros.
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