El
sábado 5 de Marzo la comunidad filosófica del grupo de Filosofía
y Terapia se reunió para debatir sobre el tema propuesto
'Aprender a pensar'
basado
en la primera
lección del libro de Heidegger del mismo nombre. Se propusieron
distintas ideas dejando abierta una solución definitiva aunque todos
concluyeron sobre lo que es 'merecedor de ser pensado' a diferencia
del mero pensar cotidiano. Si bien el diálogo comenzó proponiendo
el tema de la soledad introducido
por Francisco,
todo terminó encaminándose hacia el discurso de una soledad radical
donde el Hombre se encuentra frente al Infinito para enlazar con el
discurso de Heidegger y las preguntas esenciales. Este era el pequeño
comentario al texto del autor que elaboré para esta ocasión:
La
filosofía no puede permanecer mirándose a sí misma exclusivamente
en
eterna revisión, que si bien es algo recomendable, tiene el
deber de
aportar lo que tiene de vanguardia y de actualidad,
ofrecer su utilidad
en pos de garantizar su acogida siempre que
mantenga su identidad
permaneciendo fiel a lo que la hace especial
y distante de la opinión de
lo cotidiano, es decir, fiel a lo que
la hacer ser lo que es: un saber a
través de los tiempos que se
ocupa de las cuestiones esenciales, capaz
de hacerse y deshacerse
la cama a pesar de la comodidad o incomodidad
tanto para sí misma
como para los que la escuchan a través de sus
indagaciones, todo
ello si es que eso le permite revisar ambas
perspectivas incluso
contrapuestas y así abrir nuevas vías.
Como explica
Heidegger al principio de su
seminario tomar una dirección
es cuestión de deseo, de querer hacerlo y desde luego de tener la
capacidad de poder dirigirse en
esa dirección. Esto nos
sucede con el pensar. Como racionales debemos ser capaces de pensar
con tal de tener el deseo o apetecernos hacerlo.
ANHELO
Anhelamos
lo que nos apetece para nosotros mismos, y con esto buscamos
reforzar
nuestra esencia con tal de mantenernos en ella. Buscamos el
retener
o sostener (en la memoria de nuestra identidad) esta esencia
intuida,
pocas veces mencionada y muchas veces abandonada en el olvido.
Dice
Heidegger que el recuerdo es como un 'regalo' de nuestra
identidad,
un retornar hacia lo que fue para reforzar lo que se
es. De esta manera
saciamos el anhelo o Deseo de lo Infinito y por
eso podemos considerarlo
como aquello que merece ser retenido, ser
pensado. De esta manera, dice
Heidegger “lo
pensado es lo regalado con un recuerdo”.
APRENDER
Heidegger
explica que el aprender trata
“sobre lo que elegimos
hacer u omitir en
correspondencia con lo esencial”
de cada asunto al que nos enfrentamos,
en este caso, sobre el
Pensar. Como cada asunto es diferente, varía la
manera de tratar
esa correspondencia y por tanto la forma de aprender.
Llegado el
momento, intentar otra manera de abordar el asunto hacia su
modo
esencial también podría resultar ser una actividad vacía cuando
no
existe una correspondencia real o incluso se comercializa con
ello [ver la parte del hilo
conductor en el libro, pp.77].
Llegado el momento no
se libra de esta corrupción
ni la actividad de pensar ni la de poetizar tampoco.
Suena
peyorativo el incidir sobre el hombre al decir que no piensa, que
aún
no sabe pensar. Su actividad natural que además mantiene desde
su
nacimiento, se le dice que no la realiza correctamente. Se ha
dedicado a
la acción y ha pensado (correctamente) muy poco. Sin
embargo de otro modoplanteado
la filosofía también es
acción, es la actuación del pensamiento. Es el pensamiento
actualizando. Por tanto es
posible, decía Alex, que si bien no podemos primeramente discernir
sobre cuál es la manera correcta de pensar, a raíz de los sucesos
del momento del autor como fueron la guerra y el Holocausto que
muestran la actividad de un hombre que 'piensa' no-pensando,
podríamos llegar a descifrar algo sobre qué es lo que no merece ser
pensado afrontando el asunto por su parte negativa.
Dice
Heidegger “¿hay algo en
nuestros días por lo que no se interese el
hombre?”,
describiendo que el hombre se encuentra entre las cosas y que
sufre
de indiferencia ante ellas actualizando, renovando su
interés
constantemente al dirigirse (momentáneamente) hacia la
cosa en busca de
satisfacer o acallar lo inesperado, lo
sorprendente y así una vez saciado
mirarlo con indiferencia y
repetir de nuevo el proceso con otra cosa.
Heidegger parte de la
postura de que lo merecedor de ser pensado es algo
previo,
existente, algo a 'encontrar-buscar' y no algo con lo
que
encontrarse, es decir, de alguna manera elimina toda
espontaneidad del
pensamiento y asimila dicha espontaneidad con la
clase de atributo que
lleva a un pensamiento que se desplaza hacia
lo aburrido y lo
indiferente sobre su objeto. Define la
espontaneidad de lo encontrado como algo
que se va superando y
actualizando hacia un nuevo objeto a encontrar. El
pensamiento
dirigido hacia sí mismo, hacia el pensar, no fertiliza sobre
la
mera genialidad de un minuto ni sobre la mirada rápida.
De modo
que esta manera de enfocar este mismo proceso hacia la filosofía
no
nos coloca en situación apropiada para el pensar en
correspondencia
con ella. También advierte del engaño sobre la
erudición de mantenerse
en contacto con los textos filosóficos y
creer que por esto uno ya hace
filosofía y que pensamos por
ello.
Esquema problemático que Heidegger
propone:
¿QUE
ES LO QUE MÁS MERECE PENSARSE? =
SOBRE
LO ESENCIAL DE PENSAR: EL PENSAMIENTO EN SÍ =
SE
DA EL HECHO DE QUE ESTO NO OCURRE, por
tanto
NO PENSAMOS
Y visto desde el cambio de
perspectiva sobre ese existente, de ese previo
que ahí-permanece
y que es lo 'merecedor de ser pensado' no se trata de que el
hombre no realice el esfuerzo
suficiente de dirigirse hacia lo que quiere ser
pensado o merece
ser pensado y que reclama así su derecho. Es que lo
merecedor de
pensarse se aleja de él. Lo que hace esencia en el hombre,
lo que
hace parte de él se le aparta, por eso se dice que se sustrae.
El
pensamiento se sustrae de nosotros, sin embargo esa
circunstancia nos es
algo cercano, algo que lo sentimos como
ocurrencia habitual, y de hecho lo sustraído también a su vez nos
exige o reclama mantener esa cercanía. Mantener esa corriente en
flujo es precisamente lo que hace que el hombre 'piense', que tenga
la certeza de ese discurrir hacia la parte que se aleja, de ese
camino hacia lo que se sustrae.
Todo esto carece de interés
científico y reconocer este hecho nos ayuda
a mantener una
distancia que nos permita abordar el asunto sin
contagios. La
ciencia, dice Heidegger, no piensa. El único pensamiento
que
puede resultar fértil generado desde la ciencias es el
del
reconocimiento de la separación entre el pensar propio 'de'
su
actividad como la resolución de sus problemas y el pensar
'sobre' (por
encima) su actividad. Cualquier intento de analizar
su materia desde su
propia materia son perjudiciales desde el
momento que no conducen a lo
que buscan: hay que remitirse a las
preguntas esenciales. Sin embargo, y el autor
nos propone de esta
manera un apunte sobre un modelo de pensamiento, el presentarse como
contradictor no es lo propio del pensamiento ya que como explica
Heidegger,“un pensador piensa solamente cuando persigue lo que
habla a favor de la cosa” y hablar a la defensiva persigue el
proteger la cosa, estancarla, por esto propone no pronunciarse contra
las ciencias sino hablar a favor de ellas y es que la esencia de la
técnica aún permanece en tinieblas, las preguntas esenciales sobre
ella aún no se han formulado debido a no pensarse aún lo que debe
pensarse. Otra cuestión será cuando llegue el momento de afrontar
las respuestas, posiblemente inacabadas, con las que el hombre
familiarizado con la simplicidad y poco habituado a la multitud de
sentidos tendrá que habitar.
DESAPRENDER
Llegamos a un
buen punto de partida para comenzar la tarea de aprender a pensar.
Necesitamos desaprender para poder
llegar a aprender aunque lo paradójico es que necesitamos
previamente conocer la base de la esencia de lo aprendido
anteriormente. Se refiere el autor a las bases del pensamiento
anterior, del pensamiento heredado y basado en el representar tal
como apuntaba Janeire en el debate. Recuperar a Nietzsche cuando
cuestionamos los valores de la Cultura, la moral sospechosa, la
herencia, el poso lingüístico, el arte muerto, el espíritu humano
abandonado y la falta de interés por reformularlo todo permitiendo
que el “desierto crezca”.
El hombre ha realizado un
gran esfuerzo intelectual para intentar asir lo que se aleja pero es
propenso a tomar por real lo aparente; el pensamiento de la esencia
se ha construido así. El sentido del Ser se encuentra sumido a la
exigencias de presencialidad del ente presente y esto ha provocado el
olvido del Ser desde el origen de la Metafísica, provocando una
diferencia radical entre el Ser y el ente.
Heidegger de esta
manera está presentando su filosofía sobre olvido del Ser frente al
ente. Para Heidegger la filosofía finalmente es Ontología. El
hombre
camina atraído hacia lo que le atrae, es su esencia ese
discurrir,
apuntar hacia el no-lugar o u-topos, de esta manera el
hombre se
configura como 'indicador' de una dirección, de hecho
el hombre no es
hombre y luego un indicador como atributo añadido
sino que como explica
el autor, “el hombre es por primera vez
hombre en cuanto [se ve]
llevado a lo
que se sustrae”. Cuando el hombre se encuentra
en esta corriente es
entonces cuando piensa. Piensa cuando es
consciente de su caminar hacia lo que se le aleja. De este modo puede
decir que el hombre es un signo no en el sentido de representar lo
que se sustrae en sí mismo sino en el sentido de ser signo de su
camino hacia lo que se aleja de él, de su orientación aunque de
esta manera el signo queda así vacío y sin interpretación. Es
signo de apuntar.
MNEMOSINE
Dada la importancia de urgar en
los recuerdos y en la memoria para rescatar las preguntas esenciales,
el autor realiza un repaso de términos de la antigüedad que nos
pongan en disposición de entender más claramente de qué se trata
todo esto. Mnemosine se traduce como Recuerdo, Memoria.
Mnemeion es el signo que sirve de recuerdo, por ejemplo como
uso para las lápidas funerarias o monumentos. Mnemosine también es
la titánida que evoca Hölderlin en su poema, hija de Urano y Gea,
madre de las musas pero que también es nombre del río del Hades
opuesto al río Lete. Los muertos bebían de Lete para olvidar sus
vidas mientras los
iniciados lo hacían de Mnemosine cuando morían
para mantener su
conocimiento, para mantener la Idea de las
cosas.
Mythos: palabra, discurso, razón, dicho, reflexión,
deliberación consigo
mismo, proyecto, fábula, mito, cuento. Es
lo que prevalece a la esencia
que se delibera y se hace presente,
se proyecta, se desvela.
Logos: palabra, dicho, definición,
razón, explicación,revelación divina, argumentar, juicio.
Ambos
términos no son opuestos a pesar de la tradición
filológica.
Mnemosine no es la mera retención de lo pasado en la
memoria. Se trata
más bien de la memoria cuando piensa en lo
pensado, la reflexión sobre lo pensado.
Es el pensamiento
concentrado en aquello que ha podido ser ya pensado, o de alguna
manera lo que descifra el término mythos (la esencia que se delibera
y se hace presente, se desvela haciéndose presente algo a lo que ya
se le otorga
el haber sido con anterioridad); de hecho toda
meditación poética surge
de esta fuente.
ENSEÑAR
¿Qué hacer una vez
que se encuentra lo que merece pensarse? ¿qué hacer con lo
aprendido? ¿es posible enseñar a otros a pensar?
Enseñar es más difícil que
aprender, dice Heidegger, ya que implica un hacer
aprender, el
maestro lo que enseña es el arte de aprender. Esto recuerda a la
mayeútica socrática, al despertar del oyente y como tal un acto
social.
Aprender a pensar, enseñar a aprender, enseñar a pensar
es como construir algo. Es un ponerse manos a la obra, dice, y esto
ya implica una mano que sugiere mucho más que una actividad
prensora; se trata de una mano que presenta un lenguaje, que dirige
un gesto y que transmite cuando el hombre calla. Una mano que es
expresión del pensar de manera que a través de los gestos de la
mano pasa el lenguaje. El hombre solo piensa en tanto habla y no a la
inversa. Es la palabra del otro la que ofrece un mundo; este mundo es
traído por el otro en las proposiciones, rompiendo el 'mundo
silencioso' del hombre como observador solitario del escenario o
espectáculo del que no puede obtener verdadero conocimiento por sí
mismo, del que habla Levinas:
“El comienzo del saber
mismo no es posible más que si se rompe el encantamiento y el
equívoco permanente de un mundo en el que toda aparición es
disimulo posible, en el que el comienzo falta. La palabra [como
signo] introduce un principio en esta anarquía[...] El
mundo se orienta con respecto a ella, o sea, cobra
significación”.
Sin embargo la palabra estalla y al
entregarse al otro pierde su momento de fenomenalidad abriéndose a
la interpretación, palabras abandonadas como un puente dejado atrás
que ya no significan aunque fueron pensamiento
Quedan restos
de palabras, límites de espejos desgastados,
quedan cosas improbables cumpliendo
la promesa de ser
nada. Quedan plazas arrasadas,
muros huérfanos que ceden
como un ascua; desesperadamente que da
un cuerpo joven y
tendido, y una lenta piedra que da
sombra, un grito por
decir, una música culpable de esta
forma de estar solo,
una sílaba abatida sobre el hombro de un
planeta de cobardes...
(Fin de las palabras. “Los mundos
contrarios”. Antonio Lucas)
CONCLUSION
Mi conclusión
final sobre este texto tan abierto es quedamos invitados a pensar, y
de esta manera pensamos en lo que merece pesarse, sobre el hecho de
que describamos al hombre como signo siempre en busca de una
interpretación definitiva, de completarse, y que relacionemos su
desvelamiento sobre la apertura al ser desde la poesía y más
concretamente desde Hölderlin o Rilke aunque Heidegger también deja
claro que la última palabra sobre la filosofía no la entrega a la
estética o al dominio de la palabra esotérica de los poetas (Fco
José Martinez).
Conectando con Nietzsche, propone Deleuze, el
abandono de una Razón-dominio, renunciando a un Ser fuerte que
permita un sistema abierto donde la ontología rechace la posibilidad
de una verdad fija y estable y se dirija no a las esencias de las
cosas sino a sus circunstancias y acontecimientos. Dado que el ser
(también del hombre) es una dirección que conduce a un devenir, una
apertura al Ser como se explicaba anteriormente en este texto (dasein
o ser-ahí lo
llama Heidegger), nuestros esfuerzos en la actividad de pensar pueden
encontrar quizás vía de salida entendiendo el ser como una
repetición productora de la diferencia basada en el acontecimiento,
o lo que es lo mismo, una ontología basada en un ser débil a pie de
frontera mucho más abierto y tambaleante (E.Trías).