El pasado sábado
volvimos a reunirnos los miembros de nuestro grupo de filosofía, al
cual en un principio le denominamos Grupo Filosofía como Terapia
(como el curso homónimo que tenemos en la UNED). Aunque creo que, a
partir de ahora, le llamaremos Comunidad Filosófica por todo
lo que este nombre entraña y además para estar en sintonía con
otras “comunidades” similares.
Este grupo o comunidad,
como algunos ya saben, se nutre de alumnos míos de la UNED, tanto
del CAD como de Grado por una parte, y por otra, del curso Filosofía
como Terapia. Nuestra base común es el interés (cuando no la
pasión) por la filosofía. Nuestro punto de unión es la amistad –
en la cual pretendemos profundizar y perfeccionarnos.
Mi idea es que sea un
grupo abierto y dinámico que se expresa en una relación
igualitaria. Todos somos maestros y todos somos discípulos.
Aprendemos los unos de los otros porque estamos convencidos del
carácter intersubjetivo de la verdad.
Deseamos practicar una
filosofía viva, incardinada en la realidad e -incluso- en la
cotidianidad. Una filosofía comprensible para todos y por tanto muy
exigente, situada más allá del discurso meramente académico.
Aunque esto no significa que proponga una divagación improvisada,
sino que pretendo que fundemos nuestras reflexiones en atentas
lecturas de los textos filosóficos -tanto actuales, como clásicos.
Nuestra tarea será estrictamente filosófica, pero nuestros
resultados siempre tendrán que pasar “la prueba de la realidad”.
La filosofía debe servir para vida. Es más, la filosofía debe
orientar y dirigir nuestras vidas -nuestra existencia- en el largo y
a la vez corto camino que nos conduce a la felicidad (aunque otra
cosa sea lo que entendemos por “felicidad” -que ya
dilucidaremos).
Mi intención es que
programemos reuniones o encuentros periódicos (cada mes o dos meses)
a las que asistirán todos los que lo deseen. Algunas veces los
haremos en Navalafuente y otras en Madrid. También es posible
trasladarnos en alguna ocasión a otra ciudad española en la que
viven algunos de nuestros participantes.
Decía que nuestra
comunidad es abierta y siempre será posible admitir nuevos miembros.
Dadas las distancias físicas, comprenderemos que no se pueda asistir
a todas la reuniones. De ahí la importancia del uso de las TIC.
Nuestra comunicación “virtual” podrá suplir algunas
dificultades. Tenemos un foro, un blog, una página en Facebook y
hasta un grupo de Whatsaap. Y nuestro deseo es ir perfeccionado cada
vez más y haciendo más útil y eficaz el uso de estas tecnologías
de la comunicación.
De estas cosas y otras
hablamos en nuestra última reunión. Aún falta... pero
seguiremos...