domingo, 7 de febrero de 2021

 

RECUERDOS

Hola AMIGOS: Hoy, en el repaso que hago a diario, en los diversos medios de comunicación, encuentro este artículo que me da pie para comentar con todos vosotros una idea que hace tiempo que la tenía pendiente de realizar, y que la lectura del mismo me ha empujado a hacerlo.

Apocalypse News: No es de extrañar que ante este Apocalypse News, esta mezcla perversa de noticias espeluznantes, rumores, bulos o mentiras publicadas, en el que estamos inmersos, el personal se dé a la bebida, a los ansiolíticos, o al juego, como señalan las cifras. Meses seguidos de comunicaciones que nos ponen los pelos como escarpias han provocado un aumento desmedido de las ventas de alcohol online en 2020. El sector, fuertemente dañado porque muchos bares y restaurantes han estado cerrados y las ventas a estos establecimientos se han desplomado, ha visto aumentar, en modo exponencial, la procesión de distribuidores de cajas llenas de bebidas alcohólicas a hogares en los que la necesidad de evadirse de esta realidad apocalíptica, aunque sea por breve tiempo, se ha convertido en una necesidad básica. Hay que elevar como sea  en nuestros cuerpos los niveles de neurotransmisores como la serotonina o la dopamina. Es una urgencia. Mikel Urretabizkaia

Según mi humilde opinión, en este párrafo de Mikel, se detallan algunas, no todas, de las consecuencias que nos ha dejado, nos está dejando y, desgraciadamente parece que  nos puede seguir dejando, esta situación que ha provocado la pandemia.

En casa hemos venido comentando con cierta frecuencia desde el comienzo de la misma, las diversas fases por las que hemos ido pasando, como creo que ha sucedido en la inmensa mayoría de los hogares, no solo en España, sino en todo el mundo. Y es así, que repasando las diversas etapas  que se han sucedido, también ha ido variando los motivos de los comentarios. Al principio hablábamos de sorpresa, de preguntarnos una y otra vez porque sucedía, como íbamos a poder superarla, que asombro nos producía el cambio tan tremendo en el vivir del día a día, el tener  que asumir tantas y tantas costumbres nuevas que se producían a diario, y así mil cosas más.

Pero ha pasado el tiempo, casi un año, y no solamente no hemos tenido respuestas a tantas preguntas, sino que ahora lo que nos ocupa son las consecuencias que nos está dejando en tantos y tantos hogares y tantos seres humanos, por muy diversos motivos. Y uno de los mismos son la muerte de tantas personas, demasiadas me antevería a decir, y que cada vez son más cercanas, con lo esto representa para la salud mental de todos los que tenemos  que vivir estas circunstancias, y que, como dice Mikel en su artículo, está llevando a muchas personas a unas situaciones muy, muy peligrosas, y  que como también añade:” Hay que elevar como sea  en nuestros cuerpos los niveles de neurotransmisores como la serotonina o la dopamina.” Y no con alcohol o drogas-que creo que no hacen sino empeorar la situación- sino con otras fórmulas.

Y llegados a este punto, quiero lanzar esa idea que os decía al principio que hace tiempo que llevo en mente, y que consiste en algo tan sencillo pero que puede resultar eficaz-o por lo menos esa es mi ilusión- y que consiste en recordar aquellos acontecimientos alegres y gozosos, que nos sirvan de medicina, y además transmitirlo a la mayor cantidad de seres posibles, para que también les pueda servir de ayuda y consuelo, cuando no de regocijo y felicidad.

Como ejemplo de lo que digo y propongo, os voy a dejar un relato que me aconteció hace tiempo, pero que en aquel día nos dio momentos muy agradables cuando lo comentamos en casa-y también en algún otro lugar- y a mí me hizo muy feliz.

Es por todo esto, que os animo a que nos dejéis vuestros maravillosos recuerdos y así poder disfrutar todos de los mismos. Espero vuestros escritos, y os doy las gracias por anticipado.

VERANO EN LA PLAYA

 

Se despertó, como era su costumbre, entre las 6,30 y 7 de la mañana. Cerró la puerta del dormitorio con mucho cuidado, para no despertar a su pareja que dormía plácidamente. Se vistió con la ropa que usaba en sus paseos con la bicicleta, y salió al pasillo que corría a lo largo de los pisos de la planta.

 

El contacto con el exterior despertó sus sentidos. Prestó atención, y le pareció que escuchaba algo: no, no se escuchaba nada en particular; era el sonido del silencio. Su olfato creyó percibir el aroma del mar, que tan próximo estaba. Sintió en su piel el fresco de la mañana; era una temperatura que calculó estaría en torno de los 20 grados. El calor agobiante del mes de Julio lo tendremos al medio día, pensó.  Miró a lo lejos, y quiso adivinar, porque los edificios del frente le impedían verlo, un cielo verdaderamente complejo.

 

Una vez montado en su bicicleta, bajo la avenida que le conducía hasta el pino que estaba a la orilla de la playa. Ya situado en el carril bici, adelantó unos pocos metros, hasta dejar atrás los edificios del pueblo, y emprender su camino en dirección a su destino, y que no era otro, sino el próximo pueblo distante unos 7 Km. Y entonces pudo divisarlo en todo su esplendor.

 

Frente a él tenía un horizonte verdaderamente sobrecogedor: con un cielo despejado de fondo, se veían unas nubes mezcladas de un  claro-oscuro, que servían de lecho al sol que se adivinaba detrás, y del que salían unos rayos de luz, que nacían pequeños e intensos, y se iban haciendo gigantescos y más claros, al perderse en lo alto del firmamento. Se sintió pequeño, enano, diminuto, ante semejante espectáculo, y reafirmó su idea, de que solo la naturaleza era capaz de ofrecer algo tan maravilloso.

 

Pasado el momento de éxtasis, reemprendió la marcha a lo largo del  paseo que corría a orilla del mar, que por cierto estaba totalmente en calma, y que solo hacía percibir su presencia, por las mansas y pequeñas olas que morían en la playa. Llegado hasta su meta, dio la vuelta y emprendió el regreso.

 

A mitad del camino, el panorama cambió por completo. El cielo que divisaba, y que al salir de su casa no había visto porque lo tenía de espaldas, era casi tanto espectáculo como el anterior, pero por otro motivo. Las montañas se recortaban sobre un fondo totalmente negro, que se elevaba hasta casi la mitad de la bóveda celeste, presentando un aspecto amenazador que no presagiaba nada bueno. Recordó lo que muchas veces había oído a los aborígenes: si se juntan las nubes negras de las montañas, con las del mar, tendremos una buena tormenta. Aceleró el pedaleo cuando percibió el primer relámpago, y justo al llegar a la calle que conducía a su casa le cayeron unas tímidas gotas.

 

Todo había transcurrido en una hora aproximadamente. Sabía, por la experiencia de otros muchos años, que habría más cambios a lo largo del día; seguro que a partir de las 10, la playa se iría llenando de gentes de toda condición, con el ánimo de tomar este sol, que ahora se escondía tras las negras nubes. El termómetro registraría más de 30º, que todos dirían que este año va a ser tan caluroso como el que más, en fin los mismos tópicos de siempre. Y pensaba para sí:” Yo me quedaré en casa, abriré una puerta y otra, para que haya corriente, y estaré la mar de fresquito, también como siempre”. La verdad es que este rincón del Mediterráneo es una maravilla, y que cada temporada estaba más contento de pasar una gran parte del año en él.

 

Y no solo por todo lo que ofrecía en cuanto a temperatura, playa, mar, montaña, puerto, pesca, paseos, tiendas, helados deliciosos, y mil cosa más. Lo principal eran sus gentes, esas que había descubierto a través de los años de estancia, y sobre todo, a raíz de su contacto con “El Casal”, donde convivía con unas personas sencillamente estupendas, empezando por la Directora, pasando por sus compañeras de la oficina y terminando por los conserjes. Y como guinda de esta tarta estaban sus compañeros del Taller de informática, donde los unos competían con los otros, para ser atentos, amables, cariñosos, respetuosos, y con unas ganas tremendas de aprender. Quería dar las gracias a todos, por dejarle compartir con ellos todas sus ilusiones, sus alegrías, al ver que día  a día avanzaban con pasos de gigante en el conocimiento de todo lo relacionado con el ordenador.

 

Para quien no sepa el nombre de este lugar maravilloso, le diré que se encuentra en la “Costa Dorada”, y que se llama  CAMBRILS.

 

Francisco

 

Ojala que este relato os guste tanto o más, como a mí me ha gustado redactarlo, y pueda contribuir a distraernos de tantas y tantas malas noticias que ha diario nos acometen por todos lados.

 

Deseándoos toda la felicidad del mundo, recibir un gran abrazo.             

 

 

   

 

 

 

 

 

 

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