RECUERDOS
Hola AMIGOS: Hoy, en el repaso que hago a diario, en los diversos medios de comunicación, encuentro este artículo que me da pie para comentar con todos vosotros una idea que hace tiempo que la tenía pendiente de realizar, y que la lectura del mismo me ha empujado a hacerlo.
Apocalypse News: No es de extrañar que ante este Apocalypse
News, esta mezcla perversa de noticias espeluznantes, rumores,
bulos o mentiras publicadas, en el que estamos inmersos, el personal se dé
a la bebida, a los ansiolíticos, o al juego, como señalan las cifras. Meses
seguidos de comunicaciones que nos ponen los pelos como escarpias han provocado
un aumento desmedido de las ventas de alcohol online en 2020. El sector,
fuertemente dañado porque muchos bares y restaurantes han estado cerrados y las
ventas a estos establecimientos se han desplomado, ha visto aumentar, en modo
exponencial, la procesión de distribuidores de cajas llenas de bebidas
alcohólicas a hogares en los que la necesidad de evadirse de esta realidad apocalíptica,
aunque sea por breve tiempo, se ha convertido en una necesidad básica. Hay que
elevar como sea en nuestros cuerpos los niveles de neurotransmisores como
la serotonina o la dopamina. Es una urgencia. Mikel Urretabizkaia
Según
mi humilde opinión, en este párrafo de Mikel, se detallan algunas, no todas, de
las consecuencias que nos ha dejado, nos está dejando y, desgraciadamente
parece que nos puede seguir dejando,
esta situación que ha provocado la pandemia.
En
casa hemos venido comentando con cierta frecuencia desde el comienzo de la
misma, las diversas fases por las que hemos ido pasando, como creo que ha
sucedido en la inmensa mayoría de los hogares, no solo en España, sino en todo
el mundo. Y es así, que repasando las diversas etapas que se han sucedido, también ha ido variando
los motivos de los comentarios. Al principio hablábamos de sorpresa, de preguntarnos
una y otra vez porque sucedía, como íbamos a poder superarla, que asombro nos
producía el cambio tan tremendo en el vivir del día a día, el tener que asumir tantas y tantas costumbres nuevas
que se producían a diario, y así mil cosas más.
Pero
ha pasado el tiempo, casi un año, y no solamente no hemos tenido respuestas a
tantas preguntas, sino que ahora lo que nos ocupa son las consecuencias que nos
está dejando en tantos y tantos hogares y tantos seres humanos, por muy
diversos motivos. Y uno de los mismos son la muerte de tantas personas,
demasiadas me antevería a decir, y que cada vez son más cercanas, con lo esto
representa para la salud mental de todos los que tenemos que vivir estas circunstancias, y que, como
dice Mikel en su artículo, está llevando a muchas personas a unas situaciones
muy, muy peligrosas, y que como también
añade:” Hay que
elevar como sea en nuestros cuerpos los niveles de neurotransmisores como
la serotonina o la dopamina.” Y no con alcohol
o drogas-que creo que no hacen sino empeorar la situación- sino con otras
fórmulas.
Y llegados a este
punto, quiero lanzar esa idea que os decía al principio que hace tiempo que
llevo en mente, y que consiste en algo tan sencillo pero que puede resultar
eficaz-o por lo menos esa es mi ilusión- y que consiste en recordar aquellos
acontecimientos alegres y gozosos, que nos sirvan de medicina, y además transmitirlo
a la mayor cantidad de seres posibles, para que también les pueda servir de
ayuda y consuelo, cuando no de regocijo y felicidad.
Como ejemplo de
lo que digo y propongo, os voy a dejar un relato que me aconteció hace tiempo,
pero que en aquel día nos dio momentos muy agradables cuando lo comentamos en
casa-y también en algún otro lugar- y a mí me hizo muy feliz.
Es por todo esto,
que os animo a que nos dejéis vuestros maravillosos recuerdos y así poder
disfrutar todos de los mismos. Espero vuestros escritos, y os doy las gracias
por anticipado.
VERANO EN LA PLAYA
Se despertó, como era su costumbre, entre las 6,30 y 7
de la mañana. Cerró la puerta del dormitorio con mucho cuidado, para no
despertar a su pareja que dormía plácidamente. Se vistió con la ropa que usaba
en sus paseos con la bicicleta, y salió al pasillo que corría a lo largo de los
pisos de la planta.
El contacto con el exterior despertó sus sentidos.
Prestó atención, y le pareció que escuchaba algo: no, no se escuchaba nada en
particular; era el sonido del silencio. Su olfato creyó percibir el aroma del
mar, que tan próximo estaba. Sintió en su piel el fresco de la mañana; era una
temperatura que calculó estaría en torno de los 20 grados. El calor agobiante
del mes de Julio lo tendremos al medio día, pensó. Miró a lo lejos, y quiso adivinar, porque los
edificios del frente le impedían verlo, un cielo verdaderamente complejo.
Una vez montado en su bicicleta, bajo la avenida que le
conducía hasta el pino que estaba a la orilla de la playa. Ya situado en el
carril bici, adelantó unos pocos metros, hasta dejar atrás los edificios del
pueblo, y emprender su camino en dirección a su destino, y que no era otro,
sino el próximo pueblo distante unos 7 Km. Y entonces pudo divisarlo en todo su
esplendor.
Frente a él tenía un horizonte verdaderamente
sobrecogedor: con un cielo despejado de fondo, se veían unas nubes mezcladas de
un claro-oscuro, que servían de lecho al
sol que se adivinaba detrás, y del que salían unos rayos de luz, que nacían pequeños
e intensos, y se iban haciendo gigantescos y más claros, al perderse en lo alto
del firmamento. Se sintió pequeño, enano, diminuto, ante semejante espectáculo,
y reafirmó su idea, de que solo la naturaleza era capaz de ofrecer algo tan
maravilloso.
Pasado el momento de éxtasis, reemprendió la marcha a
lo largo del paseo que corría a orilla
del mar, que por cierto estaba totalmente en calma, y que solo hacía percibir
su presencia, por las mansas y pequeñas olas que morían en la playa. Llegado
hasta su meta, dio la vuelta y emprendió el regreso.
A mitad del camino, el panorama cambió por completo. El
cielo que divisaba, y que al salir de su casa no había visto porque lo tenía de
espaldas, era casi tanto espectáculo como el anterior, pero por otro motivo.
Las montañas se recortaban sobre un fondo totalmente negro, que se elevaba
hasta casi la mitad de la bóveda celeste, presentando un aspecto amenazador que
no presagiaba nada bueno. Recordó lo que muchas veces había oído a los
aborígenes: si se juntan las nubes negras de las montañas, con las del mar,
tendremos una buena tormenta. Aceleró el pedaleo cuando percibió el primer
relámpago, y justo al llegar a la calle que conducía a su casa le cayeron unas
tímidas gotas.
Todo había transcurrido en una hora aproximadamente.
Sabía, por la experiencia de otros muchos años, que habría más cambios a lo
largo del día; seguro que a partir de las 10, la playa se iría llenando de
gentes de toda condición, con el ánimo de tomar este sol, que ahora se escondía
tras las negras nubes. El termómetro registraría más de 30º, que todos dirían
que este año va a ser tan caluroso como el que más, en fin los mismos tópicos
de siempre. Y pensaba para sí:” Yo me quedaré en casa, abriré una puerta y
otra, para que haya corriente, y estaré la mar de fresquito, también como
siempre”. La verdad es que este rincón del Mediterráneo es una maravilla, y que
cada temporada estaba más contento de pasar una gran parte del año en él.
Y no solo por todo lo que ofrecía en cuanto a
temperatura, playa, mar, montaña, puerto, pesca, paseos, tiendas, helados
deliciosos, y mil cosa más. Lo principal eran sus gentes, esas que había
descubierto a través de los años de estancia, y sobre todo, a raíz de su
contacto con “El Casal”, donde convivía con unas personas sencillamente
estupendas, empezando por la Directora, pasando por sus compañeras de la
oficina y terminando por los conserjes. Y como guinda de esta tarta estaban sus
compañeros del Taller de informática, donde los unos competían con los otros,
para ser atentos, amables, cariñosos, respetuosos, y con unas ganas tremendas
de aprender. Quería dar las gracias a todos, por dejarle compartir con ellos
todas sus ilusiones, sus alegrías, al ver que día a día avanzaban con pasos de gigante en el
conocimiento de todo lo relacionado con el ordenador.
Para quien no sepa el nombre de este lugar maravilloso,
le diré que se encuentra en la “Costa Dorada”, y que se llama CAMBRILS.
Francisco
Ojala que este relato os guste tanto o más, como a mí
me ha gustado redactarlo, y pueda contribuir a distraernos de tantas y tantas
malas noticias que ha diario nos acometen por todos lados.
Deseándoos toda la felicidad del mundo, recibir un gran
abrazo.
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