miércoles, 28 de julio de 2021

 

¿Qué pasa con la izquierda?

¿Podemos seguir pensando como izquierda o derecha?

 Acabo de leer el libro de Michel Onfray “L’impensé de la gauche” (Lo impensable de la Izquierda, 2019), donde le da un repaso, muy crítico, a la izquierda francesa del siglo XX y XXI, y del cual podemos extraer conceptos que también afectan a la izquierda española y europea, en estos momentos tan delicados del auge de la extrema derecha. Este libro esta separado en dos capítulos el segundo es un escrito sobre lo que vivió en 1982 en su visita a la URSS. Esta segunda parte, para mí, carece de interés ya que se limita a escribir las “bondades” del mundo soviético de aquella época, donde todavía se adoraba a Lenin y en menor medida a Stalin. Lo que es un retrato de un estado totalitario.

 En su conclusión de la primera parte Michel Onfray se despacha a gusto con lo que podríamos llamar el viraje de la izquierda desde los años 80 del siglo pasado, cayendo de lleno en la trampa que le tendió el neoliberalismo:

 Los liberales que se llaman a sí mismos de izquierda invitan a "la izquierda" a abandonar al pueblo a la familia Le Pen (extrema derecha francesa). Para ello, esta izquierda de derechas ha optado por un nuevo motor para la historia : desea remplazar el proletariado, motor impulsor de antaño, por un nuevo pueblo arco iris constituido de feministas menos preocupadas de la condición femenina que por el odio a los hombres, por inmigrantes atraídos por una falsa prosperidad europea y que descubren, agravándolo, la pauperización liberal, atravesando el Mediterráneo aún a riesgo de sus vidas, por LGTBI’s preocupados por su género y que digámoslo en el lenguaje kantiano, desean universalizar sus máximas de homosexuales, cuyo horizonte insuperable es el matrimonio y la maternidad, dos valores castigados cuando se trata de heterosexuales, por unos habitantes de los suburbios que encarnan el liberalismo en todo su esplendor ( religión del consumismo, grandes márgenes en el comercio de la droga, adulación de la violencia, economía paralela del tráfico, chulería ostentatoria de siglas y marcas comerciales, oro y joyas ostentosas, reivindicaciones identitarias y étnicas, tribales y religiosas, odio por la república y sus valores) dicho de otra manera : lo contrario de las reivindicaciones antiguamente vitoreadas por la izquierda… Valores que siguen siendo los míos. 

 Es verdad que Michel Onfray no deja a nadie indiferente con sus pensamientos al denunciar todo lo que considera injusto venga de donde venga, lo que yo creo que debe hacer un filósofo. Habrá ideas o denuncias que parecerán disparatadas, pero en todo caso conllevan a una reflexión profunda sobre lo que esta pasando con la izquierda y que se debería cambiar. Creo que sin este tipo de pensadores estamos condenados a elegir entre filósofos ideologizados y eso no es nada bueno para el pensamiento crítico

  Para seguir conociendo este cambio que el neoliberalismo ha hecho dar a la izquierda es muy interesante el libro de Daniel Bernabé “La trampa de la diversidad. Como el neoliberalismo fragmentó la identidad de la clase trabajadora”. En el nos muestra el cambio que ha sufrido nuestra sociedad desde la aparición del neoliberalismo y como desplegó todo su potencial en los años 80 del siglo pasado, cuyas cabezas visibles fueron Reagan y Thatcher. Bernabé nos define muy bien como el neoliberalismo fue minando a la izquierda:

 De hecho, cuando le preguntaron a Margaret Thatcher sobre su mejor logro político ésta contesto: “Toni Blair y el Nuevo Laborismo. Obligamos a nuestros oponentes a cambiar su forma de pensar”

 El gran triunfo del neoliberalismo no fue siquiera poner a hablar a la izquierda en su lenguaje, pensar en sus términos. Fue lograr que el hecho político desapareciera de la vida cotidiana de la gente, conseguir que se viera como algo indigno practicado por unos profesionales decadentes entre el susurro y la componenda, conseguir envasarla, transformarla en un producto que consumiríamos como otro estilo de vida, como otro entretenimiento.

 Daniel Bernabé, también, achaca a la diversidad que denuncia Onfray la perdida de realidad de la izquierda sobre la clase trabajadora.

 Nuestro yo construido socialmente anhela la diversidad, pero detesta la colectividad, huye del conflicto general, pero se regodea en el especifico.

 Parece que más que buscar a tus iguales para sumar fuerzas, intentamos buscar nuestras diferencias para afirmarnos según lo que comemos, lo que deseamos sexualmente, a quien rezamos, con lo que nos divertimos, cómo nos vestimos. Somos veganos, budistas, pansexuales, naturistas, friganos, antinatalistas… No se trata de no respetar esos estilos de vida sino de advertir de la simbiosis entre esas competencias en el mercado de la diversidad y el neoliberalismo:

El proyecto del neoliberalismo destruyó la acción colectiva y fomentó el individualismo de una clase media que ha colonizado culturalmente a toda la sociedad. De esta manera hemos retrocedido a un tiempo premoderno donde las personas compiten en un mercado de especificidades para sentirse, más que realizadas, representadas.

 Bernabé nos da la clave de esta trampa en la que estamos cayendo. Cada día se está dividiendo a la sociedad en más colectivos en mas diversidad, todos conocemos a lo que conlleva esta separación en colectivos o comunidades y que siempre fue el eslogan de los poderosos” Divide y vencerás”. Pero cada vez nos cuesta mas ver aquello que nuestros abuelos sabían sin necesidad de entrar en ninguna universidad.

 La trampa de la diversidad, junto a otras cosas, tiene el objetivo de seguir desmovilizando, o mejor dicho, movilizando con humo, a la izquierda y a la clase trabajadora. Que termino tan extraño ya, ¿verdad?, clase trabajadora.

 El neoliberalismo a hecho cambiar tanto la idea de la izquierda que esta ya no se atreve a mostrar los valores que siempre fueron los suyos:

 Se ha instalado la idea de que la izquierda no puede ganar unas elecciones presentando un programa de izquierdas puesto que no será comprendido por ese difuso concepto llamado gente, que ha servido para extender el sector de la clase media a todos los segmentos. Se olvida así el abstencionismo y sus causas, muy amplio en todas las democracias occidentales y formado en su mayor parte por personas de clase trabajadora.

 La clase media, que fue una ficción pensada para el control social, cumple eficazmente su función.

La trampa de la diversidad como concepto en principio bueno es usado para fomentar el individualismo romper la acción colectiva y cimentar el neoliberalismo.

 La política de izquierdas hoy no compite contra la política de derechas, sino contra todo un sistema de ocio planificado que coloniza cualquier tiempo muerto del que los trabajadores disponen. Compite contra una idea que se repite desde hace 40 años y que ha calado profundo en ella misma, la de no hay alternativa.

 Hoy es mas urgente que nunca borrar de las mentes este ultimo eslogan que nos muestra Bernabé “no hay alternativas”. Se ha inculcado en las mentes del pueblo esta idea. La idea de que todos los políticos son iguales, de que solo piensan en robar. Por eso cuando aparece alguien nuevo que desea cambiar, aunque sea algún pequeño privilegio de los poderosos es enseguida destruido. Tenemos ejemplos muy recientes en nuestro país.

 Claro que tenemos alternativas, pero nuestro gran problema es que la extrema derecha es capaz de hacer lo que la izquierda es incapaz: conectar con la clase trabajadora. La izquierda debe salir de las universidades y vivir en los barrios obreros conocer su realidad. Los desfavorecidos no entienden que a las primeras de cambio los abandonen por una residencia de lujo. La izquierda necesita más Josés Mujicas y menos arribistas. Necesita conciliadores y no políticos que cuando entran en las instituciones se devoren como lobos hambrientos de poder, haciendo saltar en mil pedazos la esperanza de los pobres.

 Ahora y antes de que sea demasiado tarde es el momento de exigir a la izquierda que vuelva a sus orígenes, que se deje de tandas separaciones de colectividades y empezar a remar todos en un mismo sentido. Debemos remar contra el neoliberalismo y sus mentiras, contra los que nos quieren reescribir la historia, contra los que nos piden un voto a cambio de una cerveza y una tapa.

Señores y señoras de izquierda el mundo es mas simple que lo que nos hacéis creer. Somos hombres y mujeres, iguales, luchando contra las desigualdades y en esto los trabajadores son los mas necesitados. No son solamente mano de obra barata al servicio del capital y de unos políticos demagogos aferrados a sus sillones y sus pagas vitalicias, ¡somos seres humanos!   

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