Pre- ocupaciones.
Me preocupa:
La polarización constante... la exigencia de polarización en este mundo nuestro. Aunque, en realidad, esto no es nuevo; al contrario, es cansinamente viejo.
Me preocupa:
El aumento de una actitud paternalista que no permite al otro pensar por sí mismo, aunque sea equivocadamente.
Me preocupa:
Que el otro, de pronto (o ¿no es tan repentino?) se haya convertido en enemigo, el portador de males.
Me preocupa:
El olvido. Olvidar quienes somos, quienes verdaderamente somos.
Me preocupa:
La inconsciencia ecológica, el no saber realmente que andamos sobre una tierra que nos nutre, nos acoge...
Me preocupa:
...
Todos estos pensamientos me enredan en una magnifica y cruel tela de araña. Espero ser ingerida por el gran monstruo en cualquier momento.
Sin embargo, algo sucede. Una enorme gota de rocío cae frente a mí y me devuelve mi propio reflejo (¿Soy yo esa que mira?), un cuerpo aterido, cuasi rígido, diría, y una mirada, la mirada... y observo, miro más hondo y allí a lo lejos percibo un brillo.
Centro mi atención en ese brillo que titila desde el fondo... poco a poco mi respiración se acompasa, mi cuerpo se relaja, ¡La red desaparece!
Quedo suspendida, no hay tela de araña, no hay monstruo... solo vacío. Y, en ese vacío, una certeza: Yo soy, soy eso. Eso que brilla, eso que titila, eso que no tiene forma, eso que está en lo hondo suspendido en el vacío. Yo soy eso. Eso eres tú. Yo soy tú.
Vuelvo a la superficie. Vuelvo a mi pequeño yo, pero esta vez me acompaña un brillo sin fin, un vacío inmenso que paradójicamente me llena.
Desde ahí miro al mundo, mi mundo. Con toda su incertidumbre, con todo su ritmo, con sus idas y venidas... veo mi propio telar, tejido con viejos hilos venidos de tiempos inmemoriales y con otros de espléndidos colores todavía no nacidos... mientras tanto la vida, nuestro vivir, siguiendo el propio impulso vital, ese conatus Spinoziano del que todos somos ejemplo. Vivir creando o fabricando o soñando...respirando la misma esencia de la vida.
Vivir y también morir o, tal vez, morir y también vivir.
Sí, Sí.., grito el Santo Sí de Nietzsche. Depongo mis armas... dejo de luchar con este mundo, dejo de mirarlo desenfocadamente (Un brillo me ilumina, un vacío me acompaña) y contemplo asombrada ese mundo.
Lo contemplo como quien contempla una gran obra de arte y ¿Por qué no? ¡una hermosa obra de arte!
Lo contemplo y grito Sí. Sí al mundo, Sí a mí, Sí a ti, Sí a nosotros.
Pre-ocupaciones. Como personajes de esta obra, las contemplo.
Contemplo adentro y afuera.
Contemplo mi red y sigo el hilo de Ariadna confiando en salir del laberinto.
Aunque sé que el Minotauro ya ha muerto.
Querida amiga SILVIA: bienvenida de nuevo a tu "casa" y muchas gracias por tu colaboración.
ResponderEliminar¡¡¡Qué suerte que nos hayamos librado de Minotauro!!!. Una preocupación menos.
Un abrazo.