viernes, 27 de febrero de 2015

A JUAN ANTONIO

Querido Juan Antonio; desde el aprecio que te tengo, me atrevo a criticarte, siempre en positivo, tu “granito de arena”.
Como dices en tus palabras, “sé que estoy siendo muy pesimista”, noto un tono que estoy seguro que no es el habitual en ti, pues te tengo por una persona reflexiva, inteligente, razonable y razonadora. Estoy seguro que cuando escribiste esto no estabas en tu mejor momento.
Dices: “Cuantas barbaridades no se han hecho….” Pero yo te desafío a que amplíes tus recuerdos y seguro que encontrarás en ellos algún hecho estupendo que fue consecuencia de un acto de amor. Yo estoy convencido que hay más de los buenos que de los malos.
“El amor al poder” añades. Esto solamente es para los malos, que es cierto que son los que más se ven, pero que no son mayoría. Y te diré más: son malos y solo quieren el poder porque nosotros les dejamos, porque se lo consentimos, por nuestra falta de acción. Porque, siento darte en esto la razón, nuestro egoísmo nos impide unirnos para decirles basta.
“Se desvanece en la rutina…..” Hay quien opina que sin rutina la vida sería demasiado imprevisible e incluso peligrosa. Si todos los días tuviésemos que aprender a vivir, no podríamos soportarlo; para esto la rutina viene bien. Estoy contigo en que si solo hay rutina la vida puede caer en el aburrimiento y esto es peligroso. Pero convendrás conmigo que el aburrimiento también es un estimulo para que cada día busquemos algo distinto algo que salgamos del mismo y logremos que nuestra vida en pareja valga la pena. Recurro, como tantas veces, a Comte-Sponville: “Una pareja feliz no es una pareja en la que nunca nos aburrimos; es una pareja en la que el aburrimiento es la excepción, no la regla, donde nos aburrimos mucho menos entre dos, que solos o con los demás”. (pág. 66)
Preguntas: “Que dura el amor hecho un arte en un mundo como el nuestro”. Yo te contestaría que dependerá del “arte” que le demos a ese arte. Porque si es un arte como el de tu paisano Sorolla o el del mío Goya, tendremos para muchos siglos. Entonces quizás deberemos plantearnos si debemos de ser unos “artistas” tan buenos como los del ejemplo para que nuestro amor sea eterno.
Citas a Nietzsche y creo que de la misma forma o muy parecido a como lo hago yo en múltiples ocasiones. La frase que yo cito es: “Antes de casarte, pregúntate: ¿seré capaz de conversar bien con esta persona hasta la vejez? El resto es pasajero en el matrimonio”. Como digo en la nota que he enviado al grupo, para la próxima reunión, si algo puedo aportar es mi larga experiencia, y esta me dice que lo que dice Nietzsche es verdad. Con el tiempo casi todo se pasa; pero si te puedes sentar en la mesa camilla, uno frente a otro; si puedes salir de casa y dar un largo paseo, y puedes conversar, creo que puedes ser feliz, sin echar en falta aquellas otras cosas que en el pasado te parecieron importantes. ¡Lo peor es el silencio! O que lo que digas, no lo digas con mucho amor.
Querido amigo: basta de darte la vara y disculpa si me metí en un terreno al que no había sido llamado, pero como te decía al principio lo he hecho desde mi aprecio hacia ti. Y para terminar quiero traer a colación una reflexión de una Psicóloga a la que admiro, Patricia Ramírez y que dice:
Convénzase de que merece ser feliz. ¿Por qué tiene esa idea absurda de que en esta vida estamos para sufrir? Estamos para disfrutar y para sacarle todo el jugo que se pueda. Hay personas a quienes les da miedo ser felices. Tienen la creencia completamente irracional que relaciona este sentimiento con sentirse culpables y atraer las desgracias. Un pensamiento del tipo “estoy tan feliz que algo malo tiene que llegar”. Estas ideas les llevan a frenar su estado de bienestar, por miedo a tentar a la mala suerte y que se pongan enfermos o se muera alguien o pierdan el trabajo. No hay una relación directa entre disfrute y que vengan mal dadas. Lo cierto es que la vida trae buenos y malos momentos, no siempre controlables por nosotros. Así que es normal encontrarse con piedras y dificultades en el camino, pero no son la consecuencia de que seamos felices, sino de que se tienen que vivir y nos pasan a todos, vienen en el reparto de la vida. Hay que buscar y provocar nuestros estados de paz y felicidad personales.
La felicidad no se compra, sino que se deleita en cada momento de nuestra vida. Deje de invertir en cosas y hágalo en tiempo, risas, cenas, una buena copa de vino, disfrutar de la amistad, de un café, de una llamada de teléfono relajada, de un paseo, de los detalles que se le escapan buscando la felicidad en el mapa del tesoro. Claro que podría estar mejor de lo que está, usted, su vecino y yo también. Pero pensar en ello le limita. Disfrute lo que tiene y no deje de esforzarse para seguir viviendo experiencias”.
Recibe un fuerte abrazo


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