A JUAN ANTONIO
Querido Juan Antonio; desde
el aprecio que te tengo, me atrevo a criticarte, siempre en positivo, tu
“granito de arena”.
Como dices en tus palabras, “sé
que estoy siendo muy pesimista”, noto un tono que estoy seguro que no es el
habitual en ti, pues te tengo por una persona reflexiva, inteligente, razonable
y razonadora. Estoy seguro que cuando escribiste esto no estabas en tu mejor
momento.
Dices: “Cuantas barbaridades
no se han hecho….” Pero yo te desafío a que amplíes tus recuerdos y seguro que
encontrarás en ellos algún hecho estupendo que fue consecuencia de un acto de
amor. Yo estoy convencido que hay más de los buenos que de los malos.
“El amor al poder” añades.
Esto solamente es para los malos, que es cierto que son los que más se ven,
pero que no son mayoría. Y te diré más: son malos y solo quieren el poder
porque nosotros les dejamos, porque se lo consentimos, por nuestra falta de
acción. Porque, siento darte en esto la razón, nuestro egoísmo nos impide unirnos
para decirles basta.
“Se desvanece en la
rutina…..” Hay quien opina que sin rutina la vida sería demasiado imprevisible
e incluso peligrosa. Si todos los días tuviésemos que aprender a vivir, no
podríamos soportarlo; para esto la rutina viene bien. Estoy contigo en que si
solo hay rutina la vida puede caer en el aburrimiento y esto es peligroso. Pero
convendrás conmigo que el aburrimiento también es un estimulo para que cada día
busquemos algo distinto algo que salgamos del mismo y logremos que nuestra vida
en pareja valga la pena. Recurro, como tantas veces, a Comte-Sponville: “Una pareja feliz no es una pareja en la que
nunca nos aburrimos; es una pareja en la que el aburrimiento es la excepción,
no la regla, donde nos aburrimos mucho menos entre dos, que solos o con los
demás”. (pág. 66)
Preguntas: “Que dura el amor
hecho un arte en un mundo como el nuestro”. Yo te contestaría que dependerá del
“arte” que le demos a ese arte. Porque si es un arte como el de tu paisano
Sorolla o el del mío Goya, tendremos para muchos siglos. Entonces quizás
deberemos plantearnos si debemos de ser unos “artistas” tan buenos como los del
ejemplo para que nuestro amor sea eterno.
Citas a Nietzsche y creo que
de la misma forma o muy parecido a como lo hago yo en múltiples ocasiones. La
frase que yo cito es: “Antes de casarte,
pregúntate: ¿seré capaz de conversar bien con esta persona hasta la vejez? El
resto es pasajero en el matrimonio”. Como digo en la nota que he enviado al
grupo, para la próxima reunión, si algo puedo aportar es mi larga experiencia,
y esta me dice que lo que dice Nietzsche es verdad. Con el tiempo casi todo se
pasa; pero si te puedes sentar en la mesa camilla, uno frente a otro; si puedes
salir de casa y dar un largo paseo, y puedes conversar, creo que puedes ser
feliz, sin echar en falta aquellas otras cosas que en el pasado te parecieron
importantes. ¡Lo peor es el silencio! O que lo que digas, no lo digas con mucho
amor.
Querido amigo: basta de darte
la vara y disculpa si me metí en un terreno al que no había sido llamado, pero como
te decía al principio lo he hecho desde mi aprecio hacia ti. Y para terminar quiero
traer a colación una reflexión de una Psicóloga a la que admiro, Patricia Ramírez
y que dice:
“Convénzase
de que merece ser feliz. ¿Por qué tiene esa idea
absurda de que en esta vida estamos para sufrir? Estamos para disfrutar y para
sacarle todo el jugo que se pueda. Hay personas a quienes les da miedo ser
felices. Tienen la creencia completamente irracional que relaciona este
sentimiento con sentirse culpables y atraer las desgracias. Un pensamiento del
tipo “estoy tan feliz que algo malo tiene que llegar”. Estas ideas les llevan a
frenar su estado de bienestar, por miedo a tentar a la mala suerte y que se
pongan enfermos o se muera alguien o pierdan el trabajo. No hay una relación
directa entre disfrute y que vengan mal dadas. Lo cierto es que la vida trae
buenos y malos momentos, no siempre controlables por nosotros. Así que es
normal encontrarse con piedras y dificultades en el camino, pero no son la
consecuencia de que seamos felices, sino de que se tienen que vivir y nos pasan
a todos, vienen en el reparto de la vida. Hay que buscar y provocar nuestros
estados de paz y felicidad personales.
La felicidad no se compra, sino que se
deleita en cada momento de nuestra vida. Deje de invertir en cosas y hágalo en
tiempo, risas, cenas, una buena copa de vino, disfrutar de la amistad, de un
café, de una llamada de teléfono relajada, de un paseo, de los detalles que se
le escapan buscando la felicidad en el mapa del tesoro. Claro que podría estar
mejor de lo que está, usted, su vecino y yo también. Pero pensar en ello le
limita. Disfrute lo que tiene y no deje de esforzarse para seguir viviendo
experiencias”.
Recibe un
fuerte abrazo
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