El camino de la búsqueda está marcado por la esperanza y esto implica desear, tendxer hacia algo posible. Si uno considera imposible alguna meta u objetivo jamás podrá alcanzarla. El creer que nuestras metas pueden hacerse realidad son una componente fundamental de su posibilidad. De ahí la importancia de desear lo posible o ver como posible lo que se desea. Es necesario realizar un análisis previo de las condiciones de posibilidad de nuestros objetivos ya que es fácil convertir una fantasía en esperanza. Y en consecuencia, la frustración acaecerá de una manera segura. Es fundamental plantearse metas posibles y a partir de ahí luchar por ellas. Este es el camino de la esperanza.
Aunque no es lo mismo tener esperanza para uno mismo que para los demás, podemos afirmar que cuanto más altruista sea una meta más necesitamos tener esperanza, sobre todo porque es posible que los resultados se den a mediano o largo plazo e, incluso, que a veces no lleguemos a verlos aunque podamos estar convencidos que se han conseguido o se conseguirán.
Lo que vamos consiguiendo en el camino de nuestra propia búsqueda personal es algo tangible (tanto los logros como los fracasos) pero aquellas esperanzas puestas en los demás no las veremos de un modo tan nítido. Podemos depositar mucha esperanza en la educación de nuestros hijos, incluso suscitarles rumbos fecundos para su vida, pero los resultados los iremos viendo poco a poco y algunos nunca. Pero esta es una característica de la esperanza depositada en otros.
Tenemos esperanza en el ser humano. Creemos en la educación como medio de construir una sociedad más justa y solidaria. En contribuir en la consecución de un mundo mejor para nosotros y nuestros descendientes y a nos anima la esperanza en los demás y en el futuro.
Resulta, entonces, que la búsqueda con esperanza ya es de por sí un logro, un resultado. Pero esta actitud abierta y esperanzada hacia los demás, solo puede surgir de un sentimiento profundo de esperanza individual. Solo podemos creer en los demás si creemos en nosotros mismos.
También habría que distinguir la esperanza como actitud vital considerada, quizás, como una actitud de optimismo radical respecto del futuro, de los demás, de la vida y la esperanza como sentimiento concreto frente a los retos de la vida cotidiana. Es verdad que, a veces, lo segundo se nutre de lo primero, pero es necesario hacer alguna precisión.
La esperanza como sentimiento personal tiene mucho que ver con los sentimientos de autoestima y confianza en uno mismo. De ahí la importancia de fijarse metas posibles. Porque de este modo cosecharemos resultados que a su vez aumentarán más nuestra autoestima. Plantearse metas imposibles nos aboca al fracaso. Y plantearse continuamente este tipo de metas nos llevaría a la frustración continua o, incluso, a la desolación. De ahí la importancia de realizar una crítica de nuestra propia filosofía personal y a partir de ahí construir una filosofía de la esperanza que nos oriente en la consecución de nuestras metas y nos permita conseguir resultados porque somos capaces de perseguir fines posibles y realizables. Y en esto consiste, ni más ni menos, el camino de la felicidad.
Una filosofía práctica de este tipo, además de guía personal, constituye una auténtica invitación a los demás. Una invitación a vosotros.
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