sábado, 12 de diciembre de 2020

El hijo pródigo o la parábola de la alegría.

 

Como el hijo pródigo aparezco de nuevo en este foro. Con toda humildad pero también con alegría pura por el abrazo recibido vuelvo a esta casa. Sí y digo casa, hogar,  porque fue de la mano de Eduardo con quien empecé mi andadura por la filosofía como terapia. Con él, la filosofía saltó de su tribuna académica para salir a la calle, al corazón, al ser... así la filosofía fue mi hogar y este blog se convirtió en refugio.

A pesar del tiempo pasado, de la lluvia caída, de las canas, de los cambios... Eduardo y algunos otros amigos queridos como Francisco, no han dejado de habitar mi corazón y en muchas ocasiones mi pensamiento.

¡Qué curioso! ¿Verdad? Sin vernos en persona, les conozco, les quiero.

¡Qué mágica la vida! ¡Qué misteriosa!

El pensamiento nos acerca al alma del otro, nos permite navegar entre sus luces y sus sombras; crear lazos indestructibles, construir mundos nuevos... desaparece el espacio y hasta el tiempo, solo aquí y ahora, en un continuo diálogo íntimo y puro. Un abrazo invisible y eterno.

Qué bueno recordar este poder que nos compete. Qué bueno saberlo, en estos tiempos que nos obligan a estar separados, distanciados. Qué bueno saber que con tan solo cerrar los ojos, con tan solo sentir, con tan solo pensar ya estás compartiendo el banquete con Sócrates, ya estás dialogando con Séneca. Tan lejos y tan cerca.

La incertidumbre es nuestra compañera en este enigmático mundo donde todo está sujeto al cambio pero adentro, en uno, encontramos las certezas de la vida, hondas y seguras como el fondo muy hondo del océano.

Desde adentro podemos surfear las olas de la superficie, y solo desde ahí, desde  ese adentro, podemos ofrecer lo mejor que tenemos.

Son tiempos difíciles pero ¿Cuándo no lo fueron? ¿Es que puede ser fácil cuando no hay nada donde agarrarse porque todo está en continuo movimiento? ¿Es que es fácil cuando todo está en continua transformación y construcción?

Volver a mí, volver a ti. Esa es la clave.

Gracias de corazón. Gracias desde el fondo de mi propio océano.

Silvia

4 comentarios:

  1. En efecto , Kai panta rei. Si todo está en constante movimiento , entonces...nada es para siempre....! Sigamos pensando ! Gracias por tu aportación

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  2. Que bello pensamiento, se logró sentir, saludos.

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  3. Querida Silvia: ¡me alegro muchísimo de que estés de nuevo con nosotros!
    Nunca he olvidado tus magníficos escritos en el foro del Curso de la UNED "La filosofía como terapia". Los conservo todos.
    Este que acabas de publicar me ha llegado muy hondo ¡Sabes que esta siempre será tu casa!
    Dado el carácter intersubjetivo de la verdad, auguro que - entre todos- seguiremos construyendo la filosofía que nuestra sociedad necesita en la tarea de hacer posible un mundo mejor.
    Muchas gracias ¡Felicidades!

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  4. Querida SILVIA. Con los ojos humedecidos por las lágrimas de la emoción de leerte de nuevo; de tenerte en casa, tu casa, nuestra casa, de la que te alejaste porque te cogiste un tiempo sabático, te digo: Gracias por tu vuelta.
    ¿Ves porque te añorábamos tanto? Leerte es siempre un gozo tremendo, porque hace que podamos disfrutar de todas las virtudes que posees, que dan por resultado que tu personalidad sea única.
    Dices que son tiempos difíciles, y es bien cierto; pero cuando llegan estos momentos, que como tu muy bien dices siempre los ha habido, el poder regresar a esta casa común y contar con la compañía de todos los compañeros y amigos que componemos esta Comunidad, da una seguridad que no todos tienen la suerte de disfrutarla.
    Querida amiga: por todo el bien que nos has hecho, nos haces y sin duda nos seguirás haciendo, quiero darte de nuevo las gracias y con todo el cariño de mi corazón enviarte un gran abrazo.

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