El papel de la fe en el ser
humano.
(Reflexiones y conclusiones experienciales).
¿Sabes lo que es la noche
oscura del alma?
Sí, es una
crisis.
Una crisis existencial pero no
una cualquiera. Es aquella en que comienzo a darme cuenta de que mi
vida no es lo mismo que mi existencia plena. Y, por ello, incluso no
sabiendo que me estoy dando cuenta de eso en concreto, toda mi vida
parece vacía y sin sentido. Todas sus facetas se desintegran. Mi
punto de vista sobre mí y sobre todo lo que configura mi vida hasta
el momento, se me vuelve un simple cúmulo de sinsentido. Ocurre de
un modo que no es racional, por lo que el abismo que abre puede ser
inmenso para la mente.
Toma distintas formas según la
persona y sus circunstancias. Por momentos puede asemejarse a locura
o a depresión, y es tan inaprensible para quién la vive como
incomprensible para quiénes le rodean.
Es muy grande el desajuste entre
lo que había sido la realidad y lo que quiere empezar a ser. El
detonante, de haber alguno, puede ser cualquier cosa que enfrentas en
el camino, una coyuntura particular de varios factores o una
disyuntiva. Digo de haber alguno, porque mi vivencia particular fue
que me cayera un jarro de agua fría. Se derramó sobre mí.
Enfrentaba una ruptura
sentimental dolorosa. Mi situación personal sumaba a esto un
sentirme abrumada por la vida con sus imposiciones materiales y el
tener que hacerme camino. Y era joven: era el momento de elegir
profesión, emprender la marcha hacia quién iba a ser. Nada que
cualquier otra persona de mi estrato social y cultural no haya
vivido.
En mi entorno la interpretación
general era que tenía el corazón roto y debía superarlo. No digo
que mi corazón estuviera en perfectas condiciones, nada en mí lo
estaba, y quizá, si sólo hubiera sido eso, la experiencia hubiera
sido muy diferente. Me era imposible comunicar dónde me encontraba,
no tenía ni las palabras ni la experiencia para hacerlo. Estaba sola
ahí. En ninguna parte. En un territorio interior desconocido y muy
intenso.
Los amigos más intrépidos me
dictaban los pasos a seguir para ordenar mi vida. Yo les escuchaba y
mi inteligencia sabía que ese era el camino para re-engancharme a
dónde había estado o debería
estar. Mi corazón, o
la intensidad que sentía en algún lugar de mí, me alertaba en
contra. Esta disyuntiva me imposibilitaba tomar el consejo u otra
acción. No había claridad en mí y no deseaba moverme hasta que la
hubiera. Me daba miedo no moverme en esa dirección usualmente
correcta y también
me daba miedo hacerlo. Recuerdo mucho miedo.
Los amigos menos amigos no
soportaron mi dolor y se alejaron en oleadas.
Los amigos más amigos fueron
testigos de algo en mí que, seguramente, les dolía y no entendían
del todo. Ellos me sufrieron todo aquel tiempo. Me acompañaron
porque quisieron, cada uno a su manera, por aquel largo periodo de
alrededor de dos años. Recuerdo también mucho dolor, mucha
tristeza.
--------------------------------------------------
Cualquier cosa que no fuera
estar sola o durmiendo me resultaba agotadora y tediosa. Salvo las
muy puntuales ocasiones en que conseguía distraerme de mí misma,
escasísimas en ese periodo… En ese estar sola, algunas veces
encontraba alivio en forma de inspiración. Escribiendo algunos
pensamientos que cobraban vida hasta conclusiones reveladoras o
también en ensoñaciones. En la primera parte de esta larga noche,
éstas dos cosas fueron las únicas que me mantenían conectada a la
vida, dándole algún atisbo de algo similar a un rudimentario
significado.
En el escribir, escribía sobre
cosas que me pasaban por la cabeza, sin que tuvieran ninguna relación
directa con mi experiencia. A veces reflexiones sobre posibles
significados metafóricos de pasajes de la biblia, a veces
observaciones sobre la naturaleza de las emociones a diferencia de
sentimientos, a veces impresiones sobre el punto de vista de un
insecto… Cogía el hilo de un pensamiento sentía ganas de
escribirlo y al hacerlo me llevaba a un lugar que nunca se me había
ocurrido. Me sorprendía de las conclusiones a las que llegaba. Las
sentía simples, evidentes y a la vez totalmente nuevas para mí. Las
leía y me hacían sentir algo, como si brillaran… Siempre me había
gustado escribir, de pequeña era una de mis actividades favoritas,
esconderme para imaginar y escribir a solas. Y esa sensación. Esa
sensación que no había vuelto a tener en años.
------------------------------------------
Con apenas fuerza vital me
adentré en aquellas duras sesiones de adiestramiento actoral, sin
ningún fin, sólo sintiendo que ir era lo único que podía hacer y
me sumergía en ellas. En las horas que duraban todo se distorsionaba
para mí: me aturdían, me agotaban y confundían lo que yo era –o
creía ser- con lo que hacía –o pretendía hacer-. La confusión
mental que ello me producía también me liberaba de algún modo de
mí misma y podía sentir o atisbar algo extraño para mí y a la vez
confortante: algo más allá de mí que me sostenía y movía y de lo
que también yo formaba parte. Torpe y sin entender nada: aquello
tenía sentido para mí. No el entrenar
para, no el mejorar
mis capacidades interpretativas o llegar a ningún fin con ello… si
no ese sentir en particular. A veces no aparecía, y a veces era
molesto, ensordecedor y algo dentro parecía no resistirlo, y a veces
su influjo me acompañaba días y me sentía en ellos arrebatada,
sobrevolaba escaleras en vez de caminarlas y volvía ligero mi
quehacer. El
misterio que en ello palpitaba, lo que fuera que había ahí para
saber o descubrir, eso es lo que para mí tenía sentido del vivir; y
comenzó mi investigación, una búsqueda desde la nada que acabó
por conectarme con quién era antes de toda esta negrura. Esa
búsqueda recuperó lo que perdí y me había dejado, (esa pérdida)
sin yo saberlo, en el estado en que estaba. Esa curiosidad en lo
intangible, ese nuevo
interés por algo, me salvó y me cambió para siempre.
-------------------------------------------------------
Algunos me consta que consideran
esto un llamado para algunos, un llamado a lo espiritual reservado a
unos pocos. A otros, más religiosos, decir esto les sonará a osadía
ignorante. Otros decidirán que es una experiencia sin la menor
importancia vital, que no entra en los cánones de lo
que cuenta… Yo no
pienso de ninguna de estas maneras. Yo lo experimenté, y lo sigo
experimentando, y, después de diez años de aquello, con mayor
entendimiento: como un retorno, un descubrimiento de algo que no me
es propio; desde luego no a mí y tampoco creo que a unos pocos. Si
bien cambió por completo el curso de mi vida, que aún hoy es
incierto, me siento afortunada de, tan pronto en la vida, haber
contemplado y haber reunido el valor de volverme hacia lo que a todos
nos es común.
Intento elaborar ahora algunas
conclusiones en mi pensamiento, sólo las que me parecen menos
discutibles y más razonadas:
Vivir, estar vivo y saberlo nos
es común (me centro en el ser humano por no abordar otros debates)
esto implica muchas cosas: unas comunes y otras que difieren
atendiendo al lugar y condición en que toca nacer o vivir. Me atrevo
a aventurar que en la búsqueda de un sentido, un por qué o para qué
posibles, es lógico partir de las comunes; puesto que incluso la
pregunta forma parte de dichas cosas comunes. Y si cada individuo se
cuestionara esta pregunta fundamental (o pudiera hacerlo) de manera
seria y sistemática, tal vez –digo tal vez- no pudiera ser
formulada por ninguno su conclusión última por ininteligible o
inexorable, pero fuera cual fuere dicha conclusión y llevase el
nombre que le diese (Dios, Gran Misterio, Wakan Tanka, Alá,
Universo, Naturaleza, Tao…) conduciría inevitablemente a un vivir
similar, a una comprensión similar de sí mismo y del mundo. Uniría
en vez de separar. No procede en este texto expresar cómo creo que
esto se daría. Y sé que no uniría en el miedo, la esclavitud o la
ignorancia, como hasta ahora han ejercido instituciones de poder o
creencias tomadas de lo externo sin experiencia o cuestionamiento.
Uniría seres sabios en lo profundo, seres intensamente libres y con
una fortaleza y valor de los que verdaderamente cuentan.
Me baso en la certeza de que
Conocer libera. Conocer engrandece. Conocer empodera. Por tanto llegar a conocer lo
trascendente que hay en mí, que es ajeno a mi intelecto y lo
trasciende, completa mi conocimiento. Negar que existe esta faceta en
mí como humano –como experiencia íntima- es mentir o es un
síntoma de cobardía extrema o, en todo caso, de ignorancia y
auto-desconocimiento aberrante y enfermizo en un adulto. Una pérdida,
una vida que se niega a madurar.
Añado: creer por creer, por
consuelo o desorientación, sin vivenciada certeza, lo que me dicen o
lo que corresponde a mi cultura, es de una ingenuidad peligrosa y
genera esclavos.
Igual que históricamente ha
venido ocurriendo, es un camino más accesible materialmente para
pensadores, intelectuales y acomodados, que si logran vencer la
cerrazón del intelecto y abrir su mente, cuentan con la comodidad
necesaria para avanzar las duras pruebas a través de sí mismos con
las necesidades básicas cubiertas y los recursos a su alcance. En
su defecto enormes presiones o sufrimientos pueden abrir la brecha de
acceso y también eventos o revelaciones… Siempre es un
adentramiento solitario y para valientes.
-----------------------------------------
Así es mi fe. Así creo que el
mundo que ves puede cambiar. Así he visto que ocurre en mí y en
otros. Tal vez he visto aún tan poco que sólo he hallado lo común
(a pesar de haber contrastado lo que la vida me ha propuesto
generosamente en culturas y condiciones…) No soy dueña de la
verdad, sólo de mis conclusiones.
Simplemente creo con firmeza que
la fe* es la clave de la comprensión de la felicidad y el
sufrimiento, la llave que completa y conduce al ser humano al Buen
Vivir, el convivir y al entendimiento de lo que ello significa…
* (Entiendo
la fe libre de nombres y preceptos. Entiendo la fe como algo a
conquistar y ejercer de modo consciente y voluntario una vez
hallado).
CRISTINA DÍEZ CARRÈRE
(Para La Filosofía como Terapia).
(Extracto del texto original presentado por la autora para el Grupo Filosofía como Terapia en mayo pasado)
La noche oscura del alma... Si, sé... Lágrimas. Un abrazo.
ResponderEliminar