La información es
poder
Tan asumida tengo esta frase, creo tanto en ella, que la he
repetido, y la repito, continuamente en los talleres en los que participo.
Tomé conciencia de ella hace ya unos años cuando leí un
texto, que en su libro “Teoría del Estado y Derecho Constitucional”, cita J.A. González
Casanova y que dice:
“Todos sabemos que la propaganda política y los medios de
comunicación social, especialmente la TV, tienen hoy unos recursos realmente
fabulosos para manipular las creencias de las masas, y no en vano los
gobiernos-aun los más pretendidamente democráticos-se resisten a compartir con
los restantes actores políticos del Estado ese poder inmenso de “hacer creer”
que tiene la imagen pública. Tenía razón Trasimaco cuando decía que lo justo es
aquello que conviene al que manda y Maquiavelo cuando afirma que gobernar es
hacer creer. Dada la complejidad de las modernas sociedades políticas, quien
controle la información, es decir las referencias seguras de cada realidad,
tiene todos los resortes para hacer creer a los ciudadanos lo que le convenga.
Por su parte, unos ciudadanos desinformados difícilmente estarán en condiciones
de dar su consentimiento consciente a las indicaciones de los gobiernos”. Esto
lo escribía en 1980.
Y solo hace dos días, acabo de leer a nuestro llorado Carlos
Paris, en su libro “El rapto de la cultura” donde dice:
“Más la información tiene en nuestros días otra proyección
decisiva, la que ejerce sobre el ciudadano medio-no solo a través de la educación
y de sus aparatos-, sino por la vía de
los medios de comunicación de masas. Estamos sometidos a un continuo bombardeo
de mensajes, como nunca había sucedido. Estos mensajes no solo definen los límites de nuestra información
sobre lo que está ocurriendo en el mundo sino que tienen un carácter motivados.
Y nos someten a una manipulación cotidiana. Ésta juega un papel esencial en el
funcionamiento del capitalismo actual”. En esta misma reflexión, un poco más
adelante dice: “Se gasta más en motivar que en producir mercancías” Y termina
este párrafo así: “El capitalismo ha necesitado, para no parar su producción
desbocada y su logro del beneficio
alumbrar un consumidor inexhausto, equipado de los consiguientes
créditos y empeñado hasta la camisa para poder competir en nuestra sociedad sin
sentirme marginado. Y este consumidor ha de serlo, no según sus necesidades
básicas y de desarrollo humano, sino según las necesidades del funcionamiento
capitalista”.
Y si tuviera mejor memoria y más tiempo, podría llenar
folios y folios con testimonios como los que comento aquí.
No sé si esto viene a cuento sobre la estupenda discusión
que estáis llevando a cabo en el “Guasar”, pero a mí me habéis provocado esta reflexión con vuestros
comentarios, y como ya he dicho en otras ocasiones (y os pido perdón por mi
pesadez) no veo la forma de argumentar suficientemente en ese sistema.
Decís que la información y la opinión no son iguales.
Totalmente de acuerdo. Pero yo como no tengo medios para corroborar la
exactitud de lo ocurrido, procuro guiarme por la opinión. Pero así como aquella
solo es una, esta tiene múltiples facetas. Todas aquellas que se quieran
emitir. Lo que yo procuro es informarme de todas las opiniones que me parecen
lo más objetivas posibles. Es cierto habéis comentado que todas son subjetivas,
cosa que no puedo refutar, pero estaréis de acuerdo en que no es lo mismo
escuchar a Iñaqui Gabilondo que a Federico Jiménez. Y no solo es que yo pueda
comulgar con la orientación de uno sobre el otro; es que el escuchar a uno y al
otro va un abismo. Y no solo por sus trayectorias políticas y profesionales,
sino por “qué y cómo lo dicen”.
En sus lecciones en la Universidad, nuestro querido Maestro,
Eduardo, dice que debemos de tener cuidado en saber quiénes son verdaderos filósofos
en nuestro tiempo, Nos exhorta a examinar con cuidado a los que se presentan
como auténticos filósofos y quizás no lo sean; que sean, cono se dice
habitualmente “solo de boquilla”. Puede que tengamos que remitirnos a la frase
famosa “Por sus obras los conoceréis”. Y no sé si estaréis de acuerdo conmigo
en que hoy tenemos muchos, muchos sitios
donde fijarnos para ver las “obras” actuales.
A modo de resumen, tengo que
deciros que para mí no es lo mismo leer a Coral Bravo que a Isabel Sansebastian;
a Terch y Maruhenda que a Carlos Elordi y Aníbal Malvar. Y así una nómina
interminable.
Un abrazo para todos.
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