DEBATE SOBRE EL
AMOR
No era 14 de febrero. Era el doble: 28. Los que nos reunimos
en este feliz día para debatir sobre un tema eterno, el amor, creo sinceramente
que estábamos, también, doblemente enamorados, como el día que nos acogía.
Éramos diez personas que, a la llamada de nuestro maestro,
habíamos acudido a un espacio coqueto, recogido, afable, con el ánimo de celebrar
este doble enamoramiento. Primero, por ese aspecto del amor al que llamamos
philia-para mí el mejor-y que nos hizo disfrutar a los diez de nuestra amistad,
lograda a través de años y relaciones cada vez más efectivas. Estar juntos es
para nosotros cada vez un nuevo y mejor gozo. Bien es cierto que tenemos un
contacto frecuente, pero es a través del ciberespacio, y la verdad, no es lo
mismo. Por eso, cuando llegan estas ocasiones en que nos vemos cara a cara y
nos podemos dar un fuerte abrazo, creo que estamos rozando la felicidad. Para
mi es así de rotundo; ojala que también lo sea para mis compañeros.
En segundo lugar, porque el motivo de la reunión es hablar
de filosofía; ese otro gran amor que todos tenemos y que son el motivo por el que
iniciamos el primer amor, la philia.
Como siempre ha ocurrido desde que iniciamos estos
encuentros, este transcurrió de una manera entrañable. Al margen de
reconocernos de nuevo en persona, nos pusimos seriamente a trabajar sobre el
tema que nos tocaba y sobre el cual habíamos estado trabajando, desde que nos
fue propuesto por nuestro maestro Eduardo. Bajo su dirección, fuimos aportando
nuestras intervenciones, que nos llevaron hasta las dos de la tarde, momento en
el cual, nos levantamos para, seguir con el debate, pero en el comedor,
previamente concertado. Debo de decir que nos costó, por lo bien que estaba transcurriendo
la mañana; y también, hay que decirlo, por el lamento de nuestra querida
Arantxa, que se dirigía a Eduardo diciendo: ¿no podíamos seguir un ratito más?
La verdad es que, aunque siempre es muy activa en los debates, en esta
ocasión-no sé si por el tema, o por sus ansias de darnos a conocer sus
opiniones- estaba exultante.
Situados ya en el comedor, seguimos debatiendo, acompañados
de unas viandas a base de pasta-para mi gusto estupendas-y que, al margen de
satisfacer nuestro apetito, sirvió para seguir con nuestros temas, en algún
momento incluso con más énfasis, quizás también animados por el estomago más
lleno y la alegría del buen vino que nos sirvieron.
Otra extraordinaria
jornada disfrutada junto a estos amigos tan queridos, a los que desde estas líneas,
quiero agradecer de corazón su disposición a dejarse amar, y hacerme participe
de todo su amor y sabiduría. Un gran,
gran abrazo.
Y a nuestro querido maestro Eduardo, una vez más GRACIAS.
Muchas gracias por tus entrañables y sinceros comentarios.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo,
Muchísimas gracias. Lo cierto es que... momentos como estos enamoran profundamente y ante tanta seducción es imposible resistirse.
ResponderEliminarMuchísimas gracias. Lo cierto es que... momentos como estos enamoran profundamente y ante tanta seducción es imposible resistirse.
ResponderEliminarQue lindo escrito Francisco...Cómo me hubiera gustado asistir para tener la oportunidad de saludar a todos!
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