Como diría aquel:
¿Qué hemos hecho para merecer esto?
“Los amores eternos suelen durar unos meses y
el de Aznar y Rajoy no iba a ser la excepción
La desilusión de Aznar había sido enorme, hay
que entenderlo. Aspiraba a seguir gobernando desde FAES por persona
interpuesta, a mantener a España en la historia aunque fuera a martillazos y
hasta a encontrar él solo las armas de destrucción masiva en Irak si alguien le
prestaba un perro con buen olfato. En lugar de eso se vio obligado a hacerse
rico poniéndose a sueldo del mejor postor, desde Murdoch a Endesa, pasando por
los buscadores de oro de Barrick Gold o la inmobiliaria JER Partners”.
Así rezan unas frases del artículo de
J.C. Escudier en el diario “Público”, y constituyen, desde mi punto de vista,
el fiel reflejo de los acontecimientos que protagonizan estos dos “personajes”.
Bien es cierto, que son dos modos de hacer el mal, bien distintos. El primero,
el jefe, el “pequeño Hitler”, hace mal porque no puede hacer otra cosa; sus
genes son tan perversos que no tiene otra opción: nació para hacer mal; es con
lo único que disfruta, ya que él se sabe pequeño, no solo de estatura física
sino de estatura moral; no conoce la ética; es un acomplejado que solo sabe que
será notorio haciendo el mal, aliándose unas veces con otros tan malos o peores
que él, o solo; solamente hace falta repasar su biografía para darse cuenta de
que su complejo de inferioridad es lo que marca sus acciones.
Del segundo, que decir; quizás una
viñeta tan extraordinaria como esta de Alfons López, lo defina perfectamente:
Cuando la vi estos días pasados, me
vino inmediatamente a la mente, un comentario que hacía tiempo atrás Javier
Marías en uno de sus estupendos artículos, y en el que decía que puestos a
temer a “seres distintos”, él prefería vérselas mejor con un malo que con un
tonto. Sin duda al malo, malo, lo ves venir, se le nota, y puedes tomar
precauciones ante sus acciones. Pero ante el tonto ¿Qué hacer? Yo también he
pensado toda mi vida que eso era así, y por eso mismo mi duda de hoy: ¿Qué
podemos hacer si estamos en manos de un pobre deficiente mental y podemos
volver a caer en manos de un malo patológico?
Alguna vez lo he dicho aquí, y en otros
sitios: no veo otra solución que unirnos todos los normales e intentarlos echar
fuera de la vida pública. Los seguiremos teniendo entre nosotros, pero como
dicen los creyentes, quizás sea esto algo de la penitencia que debemos pagar
para llegar al cielo.
Un fuerte abrazo. Francisco.
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