domingo, 25 de agosto de 2013

Buenos días!
Comparto con vosotros una definición de filósofo que encontré en una Historia de la filosofía, edición de 1950 de Federico Sciaccia.
" El filósofo no es el pierdetiempos que vive al margen de la vida concreta en el mundo de las nubes persiguiendo fantasías que se le escapan a cada momento de las manos o entregado a tejer sutiles telas de araña que el primer soplo de viento deshace, sino que es un hombre - cuando es verdaderamente filósofo- que tiene claro conocimiento de lo difícil que resulta ser hombre en serio, que medita sobre la vida, que se hace problema de la vida, no para apartarse de ella o agriarla, sino para explicarla y vivirla mejor. El filósofo es aquel que ve abismos donde el vulgo ve llanuras; y en los abismos despliega, héroe de la vida, el ala poderosa del pensamiento.

viernes, 16 de agosto de 2013



NIÑOS Y JOVENES DE HOY

Estamos comiendo y Teresa me comenta que está asustada de las noticias que nos llegan diariamente, habiendo llegado a un punto en la vida nacional, donde casi se puede decir que la de hoy es una noticia mejor que la de mañana. Y aunque esto es algo para quitarte el apetito, aun hay algo que le disgusta más: la mayoría de los chicos de hoy no se comportan como a ella le gustaría, sobretodo, añade, pensando que son el futuro de la nación; por supuesto a mi tampoco me gusta. Estamos perfectamente de acuerdo en esto, pero no en los motivos que marcan esta forma de ser. Opina que influyen muy diversas razones en su comportamiento, y yo, aun estando de acuerdo en lo básico, le digo que la mayor responsabilidad la tienen los padres. “Pero tu sabes, me argumenta, que hay casos en que los padres se esfuerzan en darles una buena educación a sus hijos, que se ocupan de ellos, que les dan buenos ejemplos, y sin embargo uno sale torcido. ¿También en este caso se podría culpar a los padres?”

Visto así, estaríamos tentados de exculpar a los padres y buscar las causas en otros lugares, en otros motivos, ¿Pero donde buscar? ¿Qué motivos, que razones daríamos para este caso? El recurso que tenemos más a mano y que parece ser el comúnmente más aceptado, es culpar a “la sociedad”. ¿Pero quien es esta señora? ¿Quién forma la sociedad? ¿Es “algo” que alguien invento y se olvido de ponerle reglas y normas por las que se tenia que regir? ¿O más bien es “algo” a lo que recurrimos para intentar escurrir el bulto de nuestras propias obligaciones? ¿Es que acaso la sociedad no la formamos entre todos, por supuesto también padres e hijos?

De cualquier forma, y a pesar de lo anteriormente expuesto, “estoy dispuesto a concederte, le digo, que “estos” padres no son del todo culpables ya que parece que han cumplido con sus tareas lo mejor posible”. Pero ¿Y el resto de los padres? Me refiero a los de los demás niños o jóvenes. ¿Todos cumplen con su obligación paternal? Si así fuera, pienso yo, no debería haber problema, puesto que si dentro de un conjunto de, por ejemplo, diez niños, solo uno de ellos se desviase, los nueve restantes le harían, con su comportamiento, la presión moral suficiente para que se sintiera tan aislado que a la corta o a la larga se vería forzado a cambiar su forma de proceder. Pienso que el ejemplo también valdría para el caso contrario. Si entre los diez solamente hubiera uno que fuese bueno y el resto malos, este uno al final se volvería malo también, por la misma razón de presión del resto. Justamente lo que parece que ocurre actualmente, si seguimos el razonamiento de que al niño lo corrompe la sociedad, pero es que para mi la sociedad culpable son los padres, los propios y los ajenos, que con su permisividad convierten a los niños en auténticos tiranos que no entienden de reglas ni obligaciones y que solo viven para disfrutar de sus caprichos.

Y si esos caprichos fueran solo el comprar todo aquello que les apetece, sin saber si su familia puede o no sufragarlos, casi estaría por decir que, aunque yo no lo comparto en absoluto, seria un mal menor, puesto que estaríamos hablando de economía, de dinero, que siempre se puede conseguir más o menos bien, en mayor o menor cantidad. Pero el verdadero problema surge cuando el joven al que no le dan todo lo que demanda, se vuelve contra sus progenitores llegando a la violencia física, como desgraciadamente estamos viendo día si y otro también. Y que conste que esto no es cuestión de que surja de la noche a la mañana; esto se forma a través de muchos años de hacerlo mal por parte de los que deberían de hacerlo bien.

A través de toda la historia, todos los mejores educadores, nos han dicho que los niños están probando a los mayores constantemente, que son incansables y que ante la menor debilidad por nuestra parte, ellos toman buena nota y a partir de ese momento ya saben como vencernos. No le des la mínima oportunidad porque si no estás perdido, y cuando quieras negarle aquello que le diste sin ninguna razón, te lo exigirán como una obligación por tu parte. Y no se trata de no darles todo lo que necesiten, sino que entiendan razonadamente, cuando se puede decir si y cuando deben aceptar un no.

El maestro de maestros que es el filosofo José Antonio Marina, asegura: «Según las estadísticas, sólo un diez por ciento de los jóvenes son conflictivos, sin embargo en la sociedad existe la percepción de que este porcentaje es mucho mayor»

Hace pocos días, comentando con unos amigos, les decía que yo por naturaleza soy optimista, y estoy firmemente convencido de que hay más bien que mal, entre otras razones porque me lo demuestra el día a día en el trato con las personas que me relaciono. Ojala que el futuro no me haga cambiar de opinión y esa legión de jóvenes maravillosos que tenemos tenga la fuerza suficiente para ganarles la partida a los “otros”.
Francisco

miércoles, 14 de agosto de 2013

Llegan estas fechas y no puedo por menos de recordar un par de cosas relacionadas con una persona querida por mí-y espero que por muchos más-.
La primera, una frase que dio mucho que hablar en su momento, y que quizás fuese censurada por algunos-tal vez porque tengan la piel muy sensible-que pronunció en las Cortes, cuando mando a la m…… a algunos.
La otra, porque se cumplen años de su muerte. En aquel momento escribí una nota sobre ello. Me atrevo a ponerla en nuestro blog como un pequeño homenaje hacia él. Estoy hablando de José Antonio Labordeta.

AL “ABUELO”

Ante el acontecimiento mediático que ha seguido a su desaparición, alguien quizás pudiera preguntarse: ¿Pero quién era esa criatura, como lo definiría el profesor Pancracio Celdran, que ha concitado unas alabanzas tan grandes de “casi” todo el mundo? Y destaco el casi, porque seguro que aquellos a los que, en la tribuna en la que estamos, o deberíamos estar, todos los ciudadanos representados, Las Cortes Españolas, él mandó a las cloacas, con aquella frase que ya es historia, han sido los únicos que no han sentido el dolor que ha recorrido España entera. Desde el mismo Rey, que dijo: “Era un gran amigo mío, y un gran patriota”, hasta las gentes más anónimas de todos los rincones del país.

Yo me encontraba fuera de Zaragoza, en un pueblo de Cataluña, cuando se produjo tan doloroso acontecimiento, y puedo decir que al día siguiente, cuando nos reunimos los compañeros que compartíamos un taller en el Centro de Mayores, fueron varios, por no decir todos, los que se acercaron a mí, como único aragonés presente, para expresar su dolor ante su muerte. Como pudimos ver a través de todos los medios de comunicación, esta fue la tónica general, sobre todo en su Zaragoza natal, donde sus conciudadanos acudieron por millares ante su capilla ardiente para darle su último adiós, y demostrarle así su cariño.

Lejos de mi intención queda el querer glosar su enorme personalidad, que cantidad de personas mucho más preparadas que yo han hecho y siguen haciendo. Pero sí que querría rendir mi pequeño homenaje, contando un par de acontecimientos; uno que le escuche en una entrevista, y otro que vivimos juntos.

Le entrevistaban en televisión, y ante la pregunta del entrevistador: ¿Con que faceta de su vida se quedaría?, él contesto sin dudar: “La de cantautor”. Aunque, aclaró a continuación, que en su DNI ponía, como profesión: Licenciado, y añadía con aquella socarronería que le caracterizaba: “Que cada cual se quede con la licenciatura que mejor le parezca”. Porque, si bien es cierto que ejerció un sinfín de tareas en su vida, yo también creo que la que mejor representaba su persona, era la de cantautor. En ella se refleja su gran obra poética, como él mismo declaró: “Mis canciones no son sino poemas musicados”; así mismo la de escritor, con más de veinte obras publicadas; por supuesto la de un luchador infatigable por los derechos ciudadanos y por la libertad; la de profesor que dejo una honda huella en sus discípulos; como no la de político, que desde su faceta de creador de partidos políticos, hasta la de representante de su pueblo en Las Cortes, ocupó una buena parte de su vida; fue un propagador de la vida sencilla de nuestro país, cuando colaboró con televisión, en aquel programa magnifico de “Un país en la mochila”; que decir de aquella escena tan entrañable en la que aparecía en el balcón del Ayuntamiento, con la trompetilla de alguacil en la mano, animando a todos los zaragozanos a gozar de las fiestas del Pilar, cuando fue el pregonero de las mismas; y en fin, fue una persona que cosechó simpatía y cariño allí donde acudía, como en la ocasión que tuve la suerte de vivir junto a él.

En el Centro donde colaboro, “El Terminillo”, tenemos un “Taller de Revista”, donde se edita “El Llamador”, un boletín que pretende llevar hasta los socios, una serie de noticias y reportajes que enriquezcan sus vidas, o por lo menos que se las amenicen. Bajo la dirección de la coordinadora de la misma, Asun Cebollada, se propuso dedicar un número a su vida y obra, para lo cual teníamos que contar con su colaboración. Era imprescindible que nos dedicara un tiempo para llevarlo a cabo, y con la vida tan atareada que tenía, nos surgieron no pocas dudas de si nos podría atender en nuestras peticiones. José Luis, el compañero encargado de hacer las gestiones y redactar la entrevista, nos contaba que, no solo se prestaba a ello, sino que además vendría hasta el Centro y pasaría una tarde con todos aquellos que desearan asistir. Por supuesto todo fue un gran éxito, y pasamos unos ratos tan entrañables, que creo todos guardaremos un gran recuerdo por mucho tiempo. Para mí su faceta más humana quedó reflejada, cuando en un aparte de esa tarde, me confesó: “Siento no haber conocido antes este Centro y sus actividades. Me parecen magníficos”. Así era él.

Recibió muchos homenajes y medallas, algunas de ellas, creo sinceramente a destiempo, como pasa casi siempre, como las que se le han concedido recientemente. ¿Por qué no haberlo hecho antes por parte de los que se las otorgaron?

Querido “Abuelo” José Antonio Labordeta. Tú que has logrado llegar hasta esa tierra a la que le pusiste el nombre de “LIBERTAD”, mándanos tu última lección de magnifico profesor que eres, para que sigamos tus pasos, y que un día podamos gozar juntos de eterna felicidad. Te queremos y nunca, nunca te olvidaremos.

Francisco