¿Qué pasa con la izquierda?
¿Podemos seguir pensando como izquierda o derecha?
Acabo
de leer el libro de Michel Onfray “L’impensé de la gauche” (Lo impensable de
la Izquierda, 2019), donde le da un repaso, muy crítico, a la izquierda
francesa del siglo XX y XXI, y del cual podemos extraer conceptos que también
afectan a la izquierda española y europea, en estos momentos tan delicados del
auge de la extrema derecha. Este libro esta separado en dos capítulos el
segundo es un escrito sobre lo que vivió en 1982 en su visita a la URSS. Esta
segunda parte, para mí, carece de interés ya que se limita a escribir las
“bondades” del mundo soviético de aquella época, donde todavía se adoraba a Lenin
y en menor medida a Stalin. Lo que es un retrato de un estado totalitario.
En
su conclusión de la primera parte Michel Onfray se despacha a gusto con lo que
podríamos llamar el viraje de la izquierda desde los años 80 del siglo pasado,
cayendo de lleno en la trampa que le tendió el neoliberalismo:
Los
liberales que se llaman a sí mismos de izquierda invitan a "la
izquierda" a abandonar al pueblo a la familia Le Pen (extrema derecha
francesa). Para ello, esta izquierda de derechas ha optado por un nuevo
motor para la historia : desea remplazar el proletariado, motor impulsor
de antaño, por un nuevo pueblo arco iris constituido de feministas menos
preocupadas de la condición femenina que por el odio a los hombres, por inmigrantes
atraídos por una falsa prosperidad europea y que descubren, agravándolo, la
pauperización liberal, atravesando el Mediterráneo aún a riesgo de sus vidas, por
LGTBI’s preocupados por su género y que digámoslo en el lenguaje kantiano,
desean universalizar sus máximas de homosexuales, cuyo horizonte insuperable es
el matrimonio y la maternidad, dos valores castigados cuando se trata de
heterosexuales, por unos habitantes de los suburbios que encarnan el
liberalismo en todo su esplendor ( religión del consumismo, grandes márgenes en
el comercio de la droga, adulación de la violencia, economía paralela del
tráfico, chulería ostentatoria de siglas y marcas comerciales, oro y joyas
ostentosas, reivindicaciones identitarias y étnicas, tribales y religiosas,
odio por la república y sus valores) dicho de otra manera : lo contrario de las
reivindicaciones antiguamente vitoreadas por la izquierda… Valores que siguen
siendo los míos.
Es verdad
que Michel Onfray no deja a nadie indiferente con sus pensamientos al denunciar
todo lo que considera injusto venga de donde venga, lo que yo creo que debe
hacer un filósofo. Habrá ideas o denuncias que parecerán disparatadas, pero en
todo caso conllevan a una reflexión profunda sobre lo que esta pasando con la
izquierda y que se debería cambiar. Creo que sin este tipo de pensadores
estamos condenados a elegir entre filósofos ideologizados y eso no es nada
bueno para el pensamiento crítico
Para seguir conociendo este cambio que el
neoliberalismo ha hecho dar a la izquierda es muy interesante el libro de
Daniel Bernabé “La trampa de la diversidad. Como el neoliberalismo fragmentó
la identidad de la clase trabajadora”. En el nos muestra el cambio que ha
sufrido nuestra sociedad desde la aparición del neoliberalismo y como desplegó todo
su potencial en los años 80 del siglo pasado, cuyas cabezas visibles fueron
Reagan y Thatcher. Bernabé nos define muy bien como el neoliberalismo fue
minando a la izquierda:
De
hecho, cuando le preguntaron a Margaret Thatcher sobre su mejor logro político
ésta contesto: “Toni Blair y el Nuevo Laborismo. Obligamos a nuestros oponentes
a cambiar su forma de pensar”
El
gran triunfo del neoliberalismo no fue siquiera poner a hablar a la izquierda
en su lenguaje, pensar en sus términos. Fue lograr que el hecho político
desapareciera de la vida cotidiana de la gente, conseguir que se viera como
algo indigno practicado por unos profesionales decadentes entre el susurro y la
componenda, conseguir envasarla, transformarla en un producto que consumiríamos
como otro estilo de vida, como otro entretenimiento.
Daniel
Bernabé, también, achaca a la diversidad que denuncia Onfray la perdida de
realidad de la izquierda sobre la clase trabajadora.
Nuestro
yo construido socialmente anhela la diversidad, pero detesta la colectividad,
huye del conflicto general, pero se regodea en el especifico.
Parece
que más que buscar a tus iguales para sumar fuerzas, intentamos buscar nuestras
diferencias para afirmarnos según lo que comemos, lo que deseamos sexualmente,
a quien rezamos, con lo que nos divertimos, cómo nos vestimos. Somos veganos,
budistas, pansexuales, naturistas, friganos, antinatalistas… No se trata de no
respetar esos estilos de vida sino de advertir de la simbiosis entre esas
competencias en el mercado de la diversidad y el neoliberalismo:
El
proyecto del neoliberalismo destruyó la acción colectiva y fomentó el
individualismo de una clase media que ha colonizado culturalmente a toda la
sociedad. De esta manera hemos retrocedido a un tiempo premoderno donde las
personas compiten en un mercado de especificidades para sentirse, más que
realizadas, representadas.
Bernabé
nos da la clave de esta trampa en la que estamos cayendo. Cada día se está
dividiendo a la sociedad en más colectivos en mas diversidad, todos conocemos a
lo que conlleva esta separación en colectivos o comunidades y que siempre fue
el eslogan de los poderosos” Divide y vencerás”. Pero cada vez nos cuesta mas
ver aquello que nuestros abuelos sabían sin necesidad de entrar en ninguna
universidad.
La
trampa de la diversidad, junto a otras cosas, tiene el objetivo de seguir
desmovilizando, o mejor dicho, movilizando con humo, a la izquierda y a la
clase trabajadora. Que termino tan extraño ya, ¿verdad?, clase trabajadora.
El
neoliberalismo a hecho cambiar tanto la idea de la izquierda que esta ya no se
atreve a mostrar los valores que siempre fueron los suyos:
Se
ha instalado la idea de que la izquierda no puede ganar unas elecciones
presentando un programa de izquierdas puesto que no será comprendido por ese
difuso concepto llamado gente, que ha servido para extender el sector de la
clase media a todos los segmentos. Se olvida así el abstencionismo y sus
causas, muy amplio en todas las democracias occidentales y formado en su mayor
parte por personas de clase trabajadora.
La
clase media, que fue una ficción pensada para el control social, cumple
eficazmente su función.
La
trampa de la diversidad como concepto en principio bueno es usado para fomentar
el individualismo romper la acción colectiva y cimentar el neoliberalismo.
La
política de izquierdas hoy no compite contra la política de derechas, sino
contra todo un sistema de ocio planificado que coloniza cualquier tiempo muerto
del que los trabajadores disponen. Compite contra una idea que se repite desde
hace 40 años y que ha calado profundo en ella misma, la de no hay alternativa.
Hoy
es mas urgente que nunca borrar de las mentes este ultimo eslogan que nos muestra
Bernabé “no hay alternativas”. Se ha inculcado
en las mentes del pueblo esta idea. La idea de que todos los políticos son
iguales, de que solo piensan en robar. Por eso cuando aparece alguien nuevo que
desea cambiar, aunque sea algún pequeño privilegio de los poderosos es
enseguida destruido. Tenemos ejemplos muy recientes en nuestro país.
Claro
que tenemos alternativas, pero nuestro gran problema es que la extrema derecha
es capaz de hacer lo que la izquierda es incapaz: conectar
con la clase trabajadora. La izquierda debe salir de las universidades y
vivir en los barrios obreros conocer su realidad. Los desfavorecidos no
entienden que a las primeras de cambio los abandonen por una residencia de
lujo. La izquierda necesita más Josés Mujicas y menos arribistas. Necesita
conciliadores y no políticos que cuando entran en las instituciones se devoren
como lobos hambrientos de poder, haciendo saltar en mil pedazos la esperanza de
los pobres.
Ahora
y antes de que sea demasiado tarde es el momento de exigir a la izquierda que
vuelva a sus orígenes, que se deje de tandas separaciones de colectividades y
empezar a remar todos en un mismo sentido. Debemos remar contra el
neoliberalismo y sus mentiras, contra los que nos quieren reescribir la
historia, contra los que nos piden un voto a cambio de una cerveza y una tapa.
Señores
y señoras de izquierda el mundo es mas simple que lo que nos hacéis creer. Somos
hombres y mujeres, iguales, luchando contra las desigualdades y en esto los
trabajadores son los mas necesitados. No son solamente mano de obra barata al
servicio del capital y de unos políticos demagogos aferrados a sus sillones y
sus pagas vitalicias, ¡somos seres humanos!