domingo, 20 de junio de 2021

 

AMIGO Francisco, he reflexionado mucho antes de contestar a tu escrito porque me pilla en un momento muy pesimista social y políticamente, pero creo que es bueno escribir también nuestro pesimismo, por lo menos desahoga.

 Haces una reseña de un gran libro con grandes propuestas para un mundo mejor, pero desgraciadamente a la pregunta fundamental de si querrá la sociedad mundial salir del letargo del espíritu provocado por el coronavirus, la respuesta (por lo menos en nuestro, bonito, país) es que, sí, nos estamos quedando estancados en los valores del siglo XX, pero de la época más retrograda de nuestra historia. Estamos viendo diariamente que vivimos de los bulos lanzados por la extrema derecha y la no tan extrema y que la mayoría de nuestros conciudadanos se están creyendo. Incluso dentro de los barrios obreros se han tornado hacia el voto de la mentira les dicen lo que quieren oír y les dan un par de cervezas y voto asegurado a partidos que los van a rebozar en la miseria.

Y como el problema del coronavirus, se esta cerrando en falso, sí, porque en ningún caso se habla de invertir y mejorar la sanidad publica y el I+D, solo se habla de abrir al turismo y los bares que la industria nuestra es esta, lo demás no importa.

Si, como ves soy muy pesimista a corto plazo, incluso a medio, porque lo que nos está pasando da pie a eso.

Es un libro con grandes propuestas a llevar a cabo, pero la pregunta es ¿Quién quiere sacarlas adelante? O quizás la formulación correcta sería ¿A quien van a dejar que las lleve a cabo?

Aquí es donde radica mi pesimismo. A nadie. A menos que haya una revolución radical y de sobra sabemos que esta no se llevará a cabo. Como se dice en el artículo que subí a nuestro Blog, de Biung-Chul Han, el sistema neoliberal ha sabido manipular a la sociedad a su antojo, tras el seudoestado del bienestar. Ahora este sistema funciona a través de la seducción nos lleva por el camino de “la felicidad” cuando hacemos caso a sus mensajes y advertencias.

Ahora mismo el sujeto subyugado ni siquiera es consciente de su subyugación. Hoy no nos ordenan lo que debemos hacer, el discurso ha cambiado a: “Si quieres ser feliz y tener éxito debes hacer esto, es lo mejor para ti”

Sí, queremos un futuro diferente al presente y pasado de estos primeros veintiún años del siglo XXI, pero debemos cambiar muchas de las cosas de las que nos están pasando. Porque lo que estoy apercibiendo en nuestro país, del que tengo más información, no es nada esperanzador. Votar mayoritariamente a quien no te propone nada es indignante y muestra a las claras el nivel de educación de una sociedad. Solo espero que el eje madrileño-murciano-andaluz no sea lo que nos encontremos en las próximas elecciones generales. Deseo que estos dos años de ayusadas sirvan para que nuestro pueblo despierte de su letargo y por fin podamos echar a estos corruptos de las instituciones españolas. Pero las continuas y espesas cortinas de humo que nos están mandando, con el proces, los indultos, etc… impiden a muchísimos ver más allá del “España se rompe”, “ETA” que ya ni existe y las cervezas y las tapas.

Como puedes apreciar, AMIGO, estoy en una época de pensamiento del que se llamaría schoperagiano (quizás me haya inventado la palabra) pero desgraciadamente es mi resentir en este mes de junio de 2021. Ojalá cambien las cosas en los dos próximos años.

AMIGOS os emplazo a que también vosotros dejéis vuestro sentir, lo que veis en vuestro pueblo, vuestra región, vuestro país.

 Este es mi sentir hecho “poema”

 Me he despertado de un sueño

Y me asusta lo que veo

Os roban la memoria
Y os acomodáis en vuestra voluntaria ignorancia
No puedo entenderos
Ni quiero,
ni puedo callar.

Aunque quizás, ya sea inútil.
Al creeros las huecas palabras de los necios,
matasteis la inteligencia.

Anochece sobre un mundo
que irremediablemente vuelve al pasado
Un país que mansamente ofrece la otra mejilla
Este hermoso país, se está hundiendo

Se diría que aquí no pasa nada
Os conformáis, y no sabéis,
que callar muchos días,
es quedarse sin palabras para el futuro.

Sabed que no basta con estar vivo, para vivir.


sábado, 12 de junio de 2021

 

QUE FUTURO QUEREMOS

Hola AMIGOS: Acabo de leer un libro que-además de haberme gustado dándome una estupenda lección de Historia-me ha abierto un sinfín de preguntas por lo que el autor relata en el mismo. Y queriendo resumirlas lo más posible, me atrevo a plantearme, y a plantearos, esta única cuestión: qué futuro queremos.

Su autor: José Enrique Ruiz-Domènec (Granada, 1948) es escritor y académico; ha sido profesor visitante en numerosas universidades europeas y americanas, además de catedrático de Historia Medieval en la Universidad Autónoma de Barcelona desde 1969 hasta el presente.

El tema que aborda en este libro, es de la más rabiosa actualidad, puesto que lo que hace es relatar la historia de las cinco mayores epidemias y pandemias que han asolado al planeta-y por supuesto a sus habitantes- en el trascurso de los siglos. El título de estas cinco etapas son las siguientes:

UNA PLAGA EN TIEMPOS DE JUSTINIANO Y TEODORA

TRAS LA PESTE NEGRA

ESPIRAL DE CONTAGIOS EN AMÉRICA

PESTILENCIAS EN PLENO SIGLO XVII

LA DEVASTADORA GRIPE A

Una vez analizados todos y cada uno de estos aconteceres, termina con el examen de lo que en este momento nos atañe, y que lo titula así: EL CORONAVIRUS Y EL SIGLO XXI

Quiero insistir en mi satisfacción por un mejor conocimiento de estas etapas de la humanidad que produjeron un gran dolor y una gran catástrofe en todas las partes del mundo, con la pérdida de millones de personas, que murieron como consecuencia de estas enfermedades; pero también porque como consecuencia de ello, se han ido desarrollando medidas curativas que  han hecho que hayamos llegado a nuestra actualidad en una posición infinitamente mejor que en estas otras etapas donde no se contaba con los medios y remedios actuales. Todo gracias a tantas y tantas personas que pusieron sus tiempos, sus conocimientos e incluso sus vidas a favor de sus congéneres.

Aquellos que sientan curiosidad por estas historias, tienen a su disposición el libro en el que podrán adentrarse de los detalles de las mismas. Pero yo quiero poner la atención de estas líneas, en algo que me parece muy importante para nuestro porvenir, y que el autor detalla al final del mismo, en el que da su opinión de lo que deberíamos de hacer para que nuestro futuro sea mejor. Por ello, el título que le he dado a esta entrada: qué futuro queremos. Veamos algunas.

La acción moral es el único modo de resolver la encrucijada actual. Es necesario plantear una acción moral respecto al futuro basada en los principios de la previsión histórica. Tenemos una oportunidad de superar el desafío de una epidemia como se ha hecho otras veces en el pasado; solo se requiere hacerlo ajustando la desbordada retórica sobre lo sucedido y lo que puede sucedernos. Responder a los desafíos del coronavirus. Puede decirse de otro modo, con Hélène Denis: concentrarse sobre la acción moral dejando de perder tiempo y energía en las quejas de por qué ha sucedido una cosa así y de las jeremiadas sobre el fin del mundo tantas veces vistas antes con el mismo resultado, el fin del mundo que nunca llega.

Se plantea una pregunta fundamental: ¿querrá la sociedad mundial salir del letargo del espíritu provocado por el coronavirus? Y otras dos no menos importantes: ¿será capaz de afrontar de forma positiva las dificultades anexas a los avances y a los momentos de gloria vistos en otros momentos de la historia para vencer una gran epidemia? O, por el contrario, ¿se mantendrá anclada en los valores del siglo XX, ya obsoletos, en el morboso interés por las noticias falsas, la codicia y los políticos sin escrúpulos, y cerrará el problema del coronavirus en falso?

Hay que elegir un camino. ¿La sociedad se sentirá vencedora o vencida? ¿Feliz o desgraciada? Dicho de otra manera, ¿puede vivirse después de todo lo sucedido en las ideas disparatadas que hemos visto desarrollarse en los últimos tiempos? ¿Es realizable el espíritu de renovación? ¿Existe esa esperanza? Y, en caso de duda razonable, ¿se vislumbra al menos un tenue fulgor de esta esperanza al saber que una mala resolución del desafío del coronavirus llevará tarde o temprano al colapso de nuestra sociedad? Eso es todo, es bastante sencillo. Basta con leer un poco la historia.

Sobre el marco de estas premisas, quisiera proponer algunas ideas para superar la situación creada por el coronavirus; no se trata de consejos, sino solo de propuestas de un historiador que ha estado confinado durante una epidemia. Las limitaré a siete.

Primera propuesta. Se superará la situación creada por el coronavirus llevando a cabo un cambio morfológico de la sociedad. Estamos ante una interesante encrucijada: las utopías sociales se alejan, el principio de responsabilidad se aproxima. Para saber cómo hacer este cambio hay que volverse con sentido crítico hacia la marcha fatal de la historia reciente: sus falsos movimientos, sus mentiras, su codicia, su anhelo permanente de paraísos perdidos en los recodos del pasado, su inclinación a ver la vida como una free party. Las consecuencias: una sociedad atrapada en un mundo de cosas prescindibles. En serio, el consumo no es el camino para alcanzar la respuesta. La mejor prueba son las civilizaciones sumidas en la arena. Ozymandias, el rey de reyes ideado por Percy B. Shelley, tiene razón: debemos reflexionar sobre las ruinas de las glorias de antaño.

Segunda propuesta. Se superará la situación creada por el coronavirus con complicidades con la inteligencia sentiente, la raison sensible de la que acaba de hablarnos Edgar Morin. Se deberá dar apoyo, por ejemplo, a los líderes preparados capaces de establecer un orden de prioridades y de hacer arbitrajes justos. En cada fase de la historia se asiste a una nueva trama para alcanzar el debido reconocimiento. Sin embargo, es imposible alcanzarlo sin la revisión de los disparates que en el siglo XX se han desarrollado para sustentar a los líderes políticos. De los tres totalitarismos, dos, el comunismo y el fascismo, surgieron como movimientos de masas dirigidos desde el aparato de un partido con «jefes» indiscutibles; y el tercero, el nazismo, fue el producto de una victoria electoral. Esta es una gran lección de la historia, arrebatada y trágica.

Tercera propuesta. Se superará la situación creada por el coronavirus teniendo una visión correcta del futuro basada en el sentido que le confiere la historia. Se sabe, desde que Edward Gibbon se paseara por Roma en busca de un amanecer, que el arma más poderosa de las fuerzas de progreso es el espíritu crítico que libera a la sociedad de la mordaza que a menudo la suele dejar muda ante la acumulación de noticias sin ningún valor. ¿Qué se puede hacer si sobrevienen ciertos acontecimientos que producen lo contrario de lo que anuncian? Retarlos para que se expliquen. Si el siglo XXI debe prescindir de una sola de todas las propuestas, será imperfecto. Incluso los idiotas tienen cabida, siempre y cuando se sepa que son idiotas.

Cuarta propuesta. Se superará la situación creada por el coronavirus recuperando, desde la imaginación moral, dos principios claves: sinceridad y autenticidad. Mucho trabajó Lionel Trilling para hacernos entender la génesis literaria de estos dos principios y ardió en deseos que sus alumnos (o sus lectores) comprendieran el esfuerzo desplegado por la sociedad para evitarlos, a pesar de que ha sido uno de los temas preferidos por muchos grandes autores, desde Shakespeare hasta Jane Austen y Dickens. De hecho, no se ha escrito nada más bello sobre este asunto, que volverá a plantearse en el siglo XXI con la intención de resolver de una vez lo que Polonio le dice a su hijo Laertes en el acto I, escena III, de Hamlet: «Y, sobre todo, esto: sé sincero contigo mismo, y de ello se seguirá, como la noche al día, que no puedes ser falso con nadie».

Quinta propuesta. Se superará la situación creada por el coronavirus definiendo de nuevo el espacio de la comunicación. Desde que Thomas Babington Macaulay, al referirse a la galería parlamentaria, acuñó la expresión «el cuarto poder», los medios de comunicación han acompañado constante y fielmente a la sociedad abierta. La libertad individual está basada en este poder. ¿El anhelo de decir la verdad que nos atrae hacia lo mejor de las personas, como se ve en las películas donde periodistas locuaces y defensores de buenas causas se enfrentan a siniestras intrigas? ¿O la ironía de una comunidad que representa lo que no es, pero aspira a serlo? Ambas cosas, sin duda, como contrapeso a la estridente propaganda. La libertad de expresión es difícil, salvo en docudramas progresistas del tipo Buenas noches, y buena suerte, de George Clooney. Y, como telón de fondo, el consabido lamento en forma de apotegma: ¡cuánto mal engendra el silencio de los hombres buenos!

Sexta propuesta. Se saldrá de la situación creada por el coronavirus mediante una redefinición del valor de la cultura en la era global de la que habla Martin Albrow. No todo lo que se vende en el mercado de consumo masivo es cultura. El banco de pruebas para una gobernanza que aspire a darle una respuesta al desafío creado por el coronavirus de modo responsable y no superficialmente es situar la excitación vivida desde mediados de la década de 1960 hasta hoy en su exacto lugar de la historia. Hablar sin decir nada se ha convertido en tendencia al crear la ficción de los llamados «valores culturales»: da igual una canica que una pintura de Leonardo. Así no se va a ningún sitio en el siglo XXI.

Séptima propuesta. Se superará la situación creada por el coronavirus entendiendo el poder de la naturaleza. Aquí es obligada la cita de Novalis: «La naturaleza sigue siendo el aterrador molino de la muerte». Y aquí está el debate sobre los límites del conocimiento que ha tenido un largo desarrollo en el campo de la epistemología y la bioética. Es la ocasión de recordar las palabras de Hegel que valen especialmente en estos tiempos para entender qué hay detrás de la Covid-19: «Lo que es conocido en general, precisamente porque nos resulta conocido, no es conocido. Es la manera más corriente de engañarse y de engañar a los demás presuponer que algo es conocido y conformarse con ello».

Recordemos el relato al que se ha sometido este libro para exponer una historia de larga duración que afecta directamente al comportamiento de los seres humanos. El desafío de una epidemia ha provocado siempre una respuesta a su altura en los anteriores cinco grandes momentos aquí analizados. ¿Sucederá ahora lo mismo? Revelaciones de una situación extrema. ¿Vencer o sucumbir? La historia responde: vencer.”

Hasta aquí unos breves párrafos de las propuestas del autor; por supuesto son mucho más amplias, pero no quiero alargar demasiado esta entrada. Aunque, es mi modesta opinión, aquí hay material suficiente para una larga conversación y debate en nuestros grupos de amigos. Ojala tengamos la oportunidad y el deseo de llevarlo a feliz término.

Termina su libro el autor con estas breves consideraciones, que él llama dos opciones ante el coronavirus.

“¿Qué expresa en verdad el coronavirus? Dos opciones.

Primera opción: representa el desafío de la naturaleza en su aspecto más extremo, el más amenazador, el más peligroso. Se inscribe en una larga lista de grandes epidemias, de las que aquí he destacado las cinco que cambiaron el curso de la historia. La sexta sería precisamente el coronavirus, porque estoy convencido de que lo va a hacer también.

Segunda opción: representa un golpe a una clase política preparada para la gestión diaria y el debate parlamentario, que ignora la historia y los desafíos que vienen de la naturaleza. Mucho hablar de cambio climático y de guerras y el peligro de verdad estaba en la mutación de un virus surgido en una ciudad de China.

Curioso dilema: ¿simboliza el coronavirus el desafío que se estaba esperando para poner fin a los mitos del siglo XX, o, por el contrario, es una prueba menor que la sociedad sabrá orillar para seguir medrando en unos valores plenamente obsoletos?

¿Qué representa, pues, la actual encrucijada que comienza en el verano-otoño del 2020 en la historia? Piensa y avanza. Hagamos un esfuerzo por vencer la incertidumbre y los fantasmas que la sostienen por ignorancia, negligencia o maldad.

¿Y qué representa para los ciudadanos, que, con firmeza ante el jactancioso horror que buscaba intimidarlos, se confinaron para dar tiempo a que las autoridades encontraran un remedio al problema? Debemos aprender a escuchar sus palabras. Porque en ellas encontraremos las razones para cambiar el destino del alma del mundo, para hacer que avance la flecha del tiempo, para alzar el telón de la tragedia y volver a vivir en libertad y con dignidad. Que, en definitiva, es lo que importa.”

Como presentación del libro, existe este comentario:

El coronavirus ha despertado el presagio de que el mundo podría ser distinto, y hoy nos preguntamos con insistencia cómo será esa nueva realidad. José Enrique Ruiz-Domènec, un historiador clave, nos invita a mirar al pasado para encontrar las respuestas. A la plaga que asoló el Imperio bizantino en tiempos de Justiniano y Teodora siguieron el primer esplendor del islam y el nacimiento de Europa. De la terrible peste negra del siglo XIV surgió el Renacimiento. Los contagios provocados por la llegada de los españoles a América en 1492, y la viruela que acabó con el Imperio azteca, propiciaron la creación de las bases de la construcción de una identidad latinoamericana reconocible todavía hoy. Más adelante, en pleno siglo XVII, las pestilencias llevaron a Europa al borde del colapso, pero el espíritu revolucionario impulsó un mundo nuevo, ilustrado. Y finalmente la mal llamada «gripe española», que desafió al confiado siglo XX, exigió una acción guiada por el conocimiento científico, artístico y literario. Estos episodios generaron un nivel de angustia que hoy nos es familiar, pero, aunque hubo aciertos y desatinos, las sociedades supieron tomar decisiones a la altura. ¿Seremos capaces de afrontar de forma positiva las dificultades, tomando estos modelos históricos, y de vencer, una vez más, a una gran epidemia?”

¿Esto es todo? Sí, pero no.

Terminado el libro, al día siguiente leyendo la prensa diaria, me encuentro con un artículo de uno de los autores que procuro no perderme, puesto que sus artículos me parecen siempre muy, pero que muy interesantes; mucho por su forma, pero más por su fondo.

Lo que plantea en el presente escrito, no necesita aclaración ninguna por mi parte; primero por mi total ignorancia sobre el tema que toca, pero sobre todo porque está tan claro que cualquier comentario mío sería absurdo. Pero si lo añado a lo que constituye la parte primera de la entrada-la cuestión histórica de las enfermedades que en ella se estudian- es porque creo te tienen relación ambos escritos. Porque si importantes son las enfermedades con las que tenemos que lidiar antes, ahora y siempre, no menos a tener en cuenta es lo que nos comenta Torres en su artículo. Aquí os lo dejo. Juzgar vosotros.

La deuda, una bomba a desactivar por las buenas o por las malas

Los últimos datos publicados sobre la evolución de la deuda en todo el mundo vuelven a mostrarnos que estamos sentados sobre una bomba que va a estallar sin remedio, si no se adoptan medidas adecuadas para desactivarla.

Para entender por qué ha ocurrido eso solo hay que saber algo muy simple:

 

El negocio de la banca, la institución más poderosa del planeta que utiliza ese poder para imponer políticas, leyes y modelos económicos que obligan a recurrir constantemente al crédito y a pagar innecesariamente intereses por el dinero que prestan.

 

La avaricia de la banca que tiene el privilegio de prestar dinero que crea de la nada, el no saber detenerse y la tiranía del interés compuesto que multiplica la deuda sin cesar nos está llevando a una situación tan injusta como insostenible.

 

Si no se frena la escalada de la deuda será inevitable que volvamos a sufrir crisis financieras cada vez más peligrosas, por recurrentes y destructivas. Guste o no guste a la banca, será inevitable ponerle fin a su crecimiento continuado, y eso se puede hacer por las buenas o por las malas.

Por las buenas, mediante acuerdos políticos, asumiendo que la banca ya ha ganado lo suficiente y destruido demasiado, aceptando la suspensión del servicio de la deuda en los países más empobrecidos y quitas y reestructuraciones negociadas en todo el planeta. Por las malas solo hay dos formas de reducir la deuda insostenible, la inflación galopante y la guerra a gran escala.

 

Estamos a tiempo de elegir un camino u otro. Los gobiernos y las organizaciones internacionales tienen la palabra y los pueblos la capacidad de presionar y de hacer oír su voz para exigir soluciones eficientes, justas y pacíficas.

 

Juan Torres López

 

Agradeciendo vuestra atención y paciencia, os envío un fraternal abrazo.