martes, 27 de octubre de 2020

                         Vivir mas tiempo y mas feliz 

Personalmente, amigo Francisco, en esta charla, muy interesante vaya por delante, hay dos cosas que me “molestan” un poco. Lo primero es este tipo de charlas patrocinadas por entidades empresariales, en las cuáles se busca la competitividad empresarial. La mejora personal pero enfocada a la empresa, lo que bajo mi humilde punto de vista desvirtúa un poco lo que en el fondo esta filosofía japonesa. Lo segundo que esta filosofía, del sol naciente, la encuentro muy pasiva, muy sumisa al estado y a sobre todo a la empresa. Aunque siempre se pueden encontrar cosas que se pueden complementar con la filosofía occidental.

 

Volviendo al tema de la charla, la primera parte de ella que habla de la educación no puedo estar más de acuerdo con Miralles. La educación necesita una revisión total de su método actual. Porque como bien dice: “El sistema educativo enseña a pasar exámenes, conseguir trabajos, pero no a ser felices y conocerte a ti mismo”. En lo que no estoy de acuerdo es en integrar la Inteligencia Emocional en la escuela ya que esta da pie a muchas interpretaciones y no todas en el buen sentido para el individuo. A veces esta va destinada a que los individuos hagan lo políticamente correcto, pensando una vez mas en la empresa y la sumisión de los empleados. Mas que integrar la Inteligencia Emocional en las aulas, yo exigiría la integración de la filosofía, que los anteriores gobiernos se encargaron de aniquilar… pero aquí es donde nos topamos con los mandamases a los que no interesa que el pensamiento critico entre en las aulas. Esto sabemos que es una batalla perdida a corto plazo y sobre todo si continúan proliferando las escuelas concertadas y privadas.

 

Sobre la palabra Ikigai y su sentido no puedo estar más de acuerdo (Vivir una vida que merezca la pena). Pero una vez más entramos en lo que es la charla dedicada a las empresas, porque Miralles nos explica la manera de vivir del pueblo mas longevo del mundo y dirige una vez mas su mirada a las personas, como nosotros, que ya han acabado su ciclo laboral, para que vivan una vida tranquila y sosegada con una rutina, para mí, exasperante. Todo esto como contrapartida al estrés acumulado por los años de trabajo, después de todo aquello ahora toca tranquilidad y dejar pasar el tiempo haciendo pequeñas cosas diarias rutinarias.

 

Donde me falta ver la aplicación de esta filosofía descrita por Miralles, y no me refiero al sentido de la palabra Ikigai, sino mas bien como aplicarla a las personas en día a día laboral. Como indica estamos acostumbrados ha hacer varias cosas a la vez, pero es lo que te piden en las empresas y en este mundo tan competitivo no debes quedarte atrás en tus tareas so pena de perder tu puesto. Evidentemente que se puede aplicar algo de las diez afirmaciones de esta filosofía, pero algunas cosas no las puedes aplicar sin ser sumiso y conformarte con lo que tienes, aunque no te guste, por ejemplo:

Sonreír è ¿aunque te estén puteando?

Dar las gracias è  Por tener un trabajo que otros no tienen, aunque sea precario.

Sigue tu Ikigai è Eso es imposible dentro de la empresa debes seguir el Ikigai de la empresa.

 

Luego hay algunas afirmaciones que no comparto, como cuando dice que mejor no hablar de ciertos temas con tus amigos (política, futbol) estas charlas entre amigos dentro del respeto y la educación son muy enriquecedoras. También nos habla de la palabra Kaizen un método puesto en marcha en la fabrica Toyota en los años 50 del siglo pasado, donde para atajar un problema grave, se crea un grupo de trabajo exclusivo, que se dedicara solamente a solventar ese problema con la mayor rapidez posible, a base de definir, observar, analizar, cambiar, evaluar y estandarizar, no es ni mas ni menos lo que hace la filosofía en nuestra vida cotidiana.

 

Por lo que me parece un método destinado, insisto, a una vida placentera que debe desarrollarse lejos de las grandes urbes, para poder conectar realmente con la naturaleza adaptarnos y compartir nuestra vida con ella, en un colectivo reducido de personas, me atrevería a decir como las aldeas del interior de España. Pero descargados de necesidades laborales que no sean las destinadas a nuestro día a día y que no nos requieren plazos ni prioridades.

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