miércoles, 28 de julio de 2021

 

¿Qué pasa con la izquierda?

¿Podemos seguir pensando como izquierda o derecha?

 Acabo de leer el libro de Michel Onfray “L’impensé de la gauche” (Lo impensable de la Izquierda, 2019), donde le da un repaso, muy crítico, a la izquierda francesa del siglo XX y XXI, y del cual podemos extraer conceptos que también afectan a la izquierda española y europea, en estos momentos tan delicados del auge de la extrema derecha. Este libro esta separado en dos capítulos el segundo es un escrito sobre lo que vivió en 1982 en su visita a la URSS. Esta segunda parte, para mí, carece de interés ya que se limita a escribir las “bondades” del mundo soviético de aquella época, donde todavía se adoraba a Lenin y en menor medida a Stalin. Lo que es un retrato de un estado totalitario.

 En su conclusión de la primera parte Michel Onfray se despacha a gusto con lo que podríamos llamar el viraje de la izquierda desde los años 80 del siglo pasado, cayendo de lleno en la trampa que le tendió el neoliberalismo:

 Los liberales que se llaman a sí mismos de izquierda invitan a "la izquierda" a abandonar al pueblo a la familia Le Pen (extrema derecha francesa). Para ello, esta izquierda de derechas ha optado por un nuevo motor para la historia : desea remplazar el proletariado, motor impulsor de antaño, por un nuevo pueblo arco iris constituido de feministas menos preocupadas de la condición femenina que por el odio a los hombres, por inmigrantes atraídos por una falsa prosperidad europea y que descubren, agravándolo, la pauperización liberal, atravesando el Mediterráneo aún a riesgo de sus vidas, por LGTBI’s preocupados por su género y que digámoslo en el lenguaje kantiano, desean universalizar sus máximas de homosexuales, cuyo horizonte insuperable es el matrimonio y la maternidad, dos valores castigados cuando se trata de heterosexuales, por unos habitantes de los suburbios que encarnan el liberalismo en todo su esplendor ( religión del consumismo, grandes márgenes en el comercio de la droga, adulación de la violencia, economía paralela del tráfico, chulería ostentatoria de siglas y marcas comerciales, oro y joyas ostentosas, reivindicaciones identitarias y étnicas, tribales y religiosas, odio por la república y sus valores) dicho de otra manera : lo contrario de las reivindicaciones antiguamente vitoreadas por la izquierda… Valores que siguen siendo los míos. 

 Es verdad que Michel Onfray no deja a nadie indiferente con sus pensamientos al denunciar todo lo que considera injusto venga de donde venga, lo que yo creo que debe hacer un filósofo. Habrá ideas o denuncias que parecerán disparatadas, pero en todo caso conllevan a una reflexión profunda sobre lo que esta pasando con la izquierda y que se debería cambiar. Creo que sin este tipo de pensadores estamos condenados a elegir entre filósofos ideologizados y eso no es nada bueno para el pensamiento crítico

  Para seguir conociendo este cambio que el neoliberalismo ha hecho dar a la izquierda es muy interesante el libro de Daniel Bernabé “La trampa de la diversidad. Como el neoliberalismo fragmentó la identidad de la clase trabajadora”. En el nos muestra el cambio que ha sufrido nuestra sociedad desde la aparición del neoliberalismo y como desplegó todo su potencial en los años 80 del siglo pasado, cuyas cabezas visibles fueron Reagan y Thatcher. Bernabé nos define muy bien como el neoliberalismo fue minando a la izquierda:

 De hecho, cuando le preguntaron a Margaret Thatcher sobre su mejor logro político ésta contesto: “Toni Blair y el Nuevo Laborismo. Obligamos a nuestros oponentes a cambiar su forma de pensar”

 El gran triunfo del neoliberalismo no fue siquiera poner a hablar a la izquierda en su lenguaje, pensar en sus términos. Fue lograr que el hecho político desapareciera de la vida cotidiana de la gente, conseguir que se viera como algo indigno practicado por unos profesionales decadentes entre el susurro y la componenda, conseguir envasarla, transformarla en un producto que consumiríamos como otro estilo de vida, como otro entretenimiento.

 Daniel Bernabé, también, achaca a la diversidad que denuncia Onfray la perdida de realidad de la izquierda sobre la clase trabajadora.

 Nuestro yo construido socialmente anhela la diversidad, pero detesta la colectividad, huye del conflicto general, pero se regodea en el especifico.

 Parece que más que buscar a tus iguales para sumar fuerzas, intentamos buscar nuestras diferencias para afirmarnos según lo que comemos, lo que deseamos sexualmente, a quien rezamos, con lo que nos divertimos, cómo nos vestimos. Somos veganos, budistas, pansexuales, naturistas, friganos, antinatalistas… No se trata de no respetar esos estilos de vida sino de advertir de la simbiosis entre esas competencias en el mercado de la diversidad y el neoliberalismo:

El proyecto del neoliberalismo destruyó la acción colectiva y fomentó el individualismo de una clase media que ha colonizado culturalmente a toda la sociedad. De esta manera hemos retrocedido a un tiempo premoderno donde las personas compiten en un mercado de especificidades para sentirse, más que realizadas, representadas.

 Bernabé nos da la clave de esta trampa en la que estamos cayendo. Cada día se está dividiendo a la sociedad en más colectivos en mas diversidad, todos conocemos a lo que conlleva esta separación en colectivos o comunidades y que siempre fue el eslogan de los poderosos” Divide y vencerás”. Pero cada vez nos cuesta mas ver aquello que nuestros abuelos sabían sin necesidad de entrar en ninguna universidad.

 La trampa de la diversidad, junto a otras cosas, tiene el objetivo de seguir desmovilizando, o mejor dicho, movilizando con humo, a la izquierda y a la clase trabajadora. Que termino tan extraño ya, ¿verdad?, clase trabajadora.

 El neoliberalismo a hecho cambiar tanto la idea de la izquierda que esta ya no se atreve a mostrar los valores que siempre fueron los suyos:

 Se ha instalado la idea de que la izquierda no puede ganar unas elecciones presentando un programa de izquierdas puesto que no será comprendido por ese difuso concepto llamado gente, que ha servido para extender el sector de la clase media a todos los segmentos. Se olvida así el abstencionismo y sus causas, muy amplio en todas las democracias occidentales y formado en su mayor parte por personas de clase trabajadora.

 La clase media, que fue una ficción pensada para el control social, cumple eficazmente su función.

La trampa de la diversidad como concepto en principio bueno es usado para fomentar el individualismo romper la acción colectiva y cimentar el neoliberalismo.

 La política de izquierdas hoy no compite contra la política de derechas, sino contra todo un sistema de ocio planificado que coloniza cualquier tiempo muerto del que los trabajadores disponen. Compite contra una idea que se repite desde hace 40 años y que ha calado profundo en ella misma, la de no hay alternativa.

 Hoy es mas urgente que nunca borrar de las mentes este ultimo eslogan que nos muestra Bernabé “no hay alternativas”. Se ha inculcado en las mentes del pueblo esta idea. La idea de que todos los políticos son iguales, de que solo piensan en robar. Por eso cuando aparece alguien nuevo que desea cambiar, aunque sea algún pequeño privilegio de los poderosos es enseguida destruido. Tenemos ejemplos muy recientes en nuestro país.

 Claro que tenemos alternativas, pero nuestro gran problema es que la extrema derecha es capaz de hacer lo que la izquierda es incapaz: conectar con la clase trabajadora. La izquierda debe salir de las universidades y vivir en los barrios obreros conocer su realidad. Los desfavorecidos no entienden que a las primeras de cambio los abandonen por una residencia de lujo. La izquierda necesita más Josés Mujicas y menos arribistas. Necesita conciliadores y no políticos que cuando entran en las instituciones se devoren como lobos hambrientos de poder, haciendo saltar en mil pedazos la esperanza de los pobres.

 Ahora y antes de que sea demasiado tarde es el momento de exigir a la izquierda que vuelva a sus orígenes, que se deje de tandas separaciones de colectividades y empezar a remar todos en un mismo sentido. Debemos remar contra el neoliberalismo y sus mentiras, contra los que nos quieren reescribir la historia, contra los que nos piden un voto a cambio de una cerveza y una tapa.

Señores y señoras de izquierda el mundo es mas simple que lo que nos hacéis creer. Somos hombres y mujeres, iguales, luchando contra las desigualdades y en esto los trabajadores son los mas necesitados. No son solamente mano de obra barata al servicio del capital y de unos políticos demagogos aferrados a sus sillones y sus pagas vitalicias, ¡somos seres humanos!   

domingo, 20 de junio de 2021

 

AMIGO Francisco, he reflexionado mucho antes de contestar a tu escrito porque me pilla en un momento muy pesimista social y políticamente, pero creo que es bueno escribir también nuestro pesimismo, por lo menos desahoga.

 Haces una reseña de un gran libro con grandes propuestas para un mundo mejor, pero desgraciadamente a la pregunta fundamental de si querrá la sociedad mundial salir del letargo del espíritu provocado por el coronavirus, la respuesta (por lo menos en nuestro, bonito, país) es que, sí, nos estamos quedando estancados en los valores del siglo XX, pero de la época más retrograda de nuestra historia. Estamos viendo diariamente que vivimos de los bulos lanzados por la extrema derecha y la no tan extrema y que la mayoría de nuestros conciudadanos se están creyendo. Incluso dentro de los barrios obreros se han tornado hacia el voto de la mentira les dicen lo que quieren oír y les dan un par de cervezas y voto asegurado a partidos que los van a rebozar en la miseria.

Y como el problema del coronavirus, se esta cerrando en falso, sí, porque en ningún caso se habla de invertir y mejorar la sanidad publica y el I+D, solo se habla de abrir al turismo y los bares que la industria nuestra es esta, lo demás no importa.

Si, como ves soy muy pesimista a corto plazo, incluso a medio, porque lo que nos está pasando da pie a eso.

Es un libro con grandes propuestas a llevar a cabo, pero la pregunta es ¿Quién quiere sacarlas adelante? O quizás la formulación correcta sería ¿A quien van a dejar que las lleve a cabo?

Aquí es donde radica mi pesimismo. A nadie. A menos que haya una revolución radical y de sobra sabemos que esta no se llevará a cabo. Como se dice en el artículo que subí a nuestro Blog, de Biung-Chul Han, el sistema neoliberal ha sabido manipular a la sociedad a su antojo, tras el seudoestado del bienestar. Ahora este sistema funciona a través de la seducción nos lleva por el camino de “la felicidad” cuando hacemos caso a sus mensajes y advertencias.

Ahora mismo el sujeto subyugado ni siquiera es consciente de su subyugación. Hoy no nos ordenan lo que debemos hacer, el discurso ha cambiado a: “Si quieres ser feliz y tener éxito debes hacer esto, es lo mejor para ti”

Sí, queremos un futuro diferente al presente y pasado de estos primeros veintiún años del siglo XXI, pero debemos cambiar muchas de las cosas de las que nos están pasando. Porque lo que estoy apercibiendo en nuestro país, del que tengo más información, no es nada esperanzador. Votar mayoritariamente a quien no te propone nada es indignante y muestra a las claras el nivel de educación de una sociedad. Solo espero que el eje madrileño-murciano-andaluz no sea lo que nos encontremos en las próximas elecciones generales. Deseo que estos dos años de ayusadas sirvan para que nuestro pueblo despierte de su letargo y por fin podamos echar a estos corruptos de las instituciones españolas. Pero las continuas y espesas cortinas de humo que nos están mandando, con el proces, los indultos, etc… impiden a muchísimos ver más allá del “España se rompe”, “ETA” que ya ni existe y las cervezas y las tapas.

Como puedes apreciar, AMIGO, estoy en una época de pensamiento del que se llamaría schoperagiano (quizás me haya inventado la palabra) pero desgraciadamente es mi resentir en este mes de junio de 2021. Ojalá cambien las cosas en los dos próximos años.

AMIGOS os emplazo a que también vosotros dejéis vuestro sentir, lo que veis en vuestro pueblo, vuestra región, vuestro país.

 Este es mi sentir hecho “poema”

 Me he despertado de un sueño

Y me asusta lo que veo

Os roban la memoria
Y os acomodáis en vuestra voluntaria ignorancia
No puedo entenderos
Ni quiero,
ni puedo callar.

Aunque quizás, ya sea inútil.
Al creeros las huecas palabras de los necios,
matasteis la inteligencia.

Anochece sobre un mundo
que irremediablemente vuelve al pasado
Un país que mansamente ofrece la otra mejilla
Este hermoso país, se está hundiendo

Se diría que aquí no pasa nada
Os conformáis, y no sabéis,
que callar muchos días,
es quedarse sin palabras para el futuro.

Sabed que no basta con estar vivo, para vivir.


sábado, 12 de junio de 2021

 

QUE FUTURO QUEREMOS

Hola AMIGOS: Acabo de leer un libro que-además de haberme gustado dándome una estupenda lección de Historia-me ha abierto un sinfín de preguntas por lo que el autor relata en el mismo. Y queriendo resumirlas lo más posible, me atrevo a plantearme, y a plantearos, esta única cuestión: qué futuro queremos.

Su autor: José Enrique Ruiz-Domènec (Granada, 1948) es escritor y académico; ha sido profesor visitante en numerosas universidades europeas y americanas, además de catedrático de Historia Medieval en la Universidad Autónoma de Barcelona desde 1969 hasta el presente.

El tema que aborda en este libro, es de la más rabiosa actualidad, puesto que lo que hace es relatar la historia de las cinco mayores epidemias y pandemias que han asolado al planeta-y por supuesto a sus habitantes- en el trascurso de los siglos. El título de estas cinco etapas son las siguientes:

UNA PLAGA EN TIEMPOS DE JUSTINIANO Y TEODORA

TRAS LA PESTE NEGRA

ESPIRAL DE CONTAGIOS EN AMÉRICA

PESTILENCIAS EN PLENO SIGLO XVII

LA DEVASTADORA GRIPE A

Una vez analizados todos y cada uno de estos aconteceres, termina con el examen de lo que en este momento nos atañe, y que lo titula así: EL CORONAVIRUS Y EL SIGLO XXI

Quiero insistir en mi satisfacción por un mejor conocimiento de estas etapas de la humanidad que produjeron un gran dolor y una gran catástrofe en todas las partes del mundo, con la pérdida de millones de personas, que murieron como consecuencia de estas enfermedades; pero también porque como consecuencia de ello, se han ido desarrollando medidas curativas que  han hecho que hayamos llegado a nuestra actualidad en una posición infinitamente mejor que en estas otras etapas donde no se contaba con los medios y remedios actuales. Todo gracias a tantas y tantas personas que pusieron sus tiempos, sus conocimientos e incluso sus vidas a favor de sus congéneres.

Aquellos que sientan curiosidad por estas historias, tienen a su disposición el libro en el que podrán adentrarse de los detalles de las mismas. Pero yo quiero poner la atención de estas líneas, en algo que me parece muy importante para nuestro porvenir, y que el autor detalla al final del mismo, en el que da su opinión de lo que deberíamos de hacer para que nuestro futuro sea mejor. Por ello, el título que le he dado a esta entrada: qué futuro queremos. Veamos algunas.

La acción moral es el único modo de resolver la encrucijada actual. Es necesario plantear una acción moral respecto al futuro basada en los principios de la previsión histórica. Tenemos una oportunidad de superar el desafío de una epidemia como se ha hecho otras veces en el pasado; solo se requiere hacerlo ajustando la desbordada retórica sobre lo sucedido y lo que puede sucedernos. Responder a los desafíos del coronavirus. Puede decirse de otro modo, con Hélène Denis: concentrarse sobre la acción moral dejando de perder tiempo y energía en las quejas de por qué ha sucedido una cosa así y de las jeremiadas sobre el fin del mundo tantas veces vistas antes con el mismo resultado, el fin del mundo que nunca llega.

Se plantea una pregunta fundamental: ¿querrá la sociedad mundial salir del letargo del espíritu provocado por el coronavirus? Y otras dos no menos importantes: ¿será capaz de afrontar de forma positiva las dificultades anexas a los avances y a los momentos de gloria vistos en otros momentos de la historia para vencer una gran epidemia? O, por el contrario, ¿se mantendrá anclada en los valores del siglo XX, ya obsoletos, en el morboso interés por las noticias falsas, la codicia y los políticos sin escrúpulos, y cerrará el problema del coronavirus en falso?

Hay que elegir un camino. ¿La sociedad se sentirá vencedora o vencida? ¿Feliz o desgraciada? Dicho de otra manera, ¿puede vivirse después de todo lo sucedido en las ideas disparatadas que hemos visto desarrollarse en los últimos tiempos? ¿Es realizable el espíritu de renovación? ¿Existe esa esperanza? Y, en caso de duda razonable, ¿se vislumbra al menos un tenue fulgor de esta esperanza al saber que una mala resolución del desafío del coronavirus llevará tarde o temprano al colapso de nuestra sociedad? Eso es todo, es bastante sencillo. Basta con leer un poco la historia.

Sobre el marco de estas premisas, quisiera proponer algunas ideas para superar la situación creada por el coronavirus; no se trata de consejos, sino solo de propuestas de un historiador que ha estado confinado durante una epidemia. Las limitaré a siete.

Primera propuesta. Se superará la situación creada por el coronavirus llevando a cabo un cambio morfológico de la sociedad. Estamos ante una interesante encrucijada: las utopías sociales se alejan, el principio de responsabilidad se aproxima. Para saber cómo hacer este cambio hay que volverse con sentido crítico hacia la marcha fatal de la historia reciente: sus falsos movimientos, sus mentiras, su codicia, su anhelo permanente de paraísos perdidos en los recodos del pasado, su inclinación a ver la vida como una free party. Las consecuencias: una sociedad atrapada en un mundo de cosas prescindibles. En serio, el consumo no es el camino para alcanzar la respuesta. La mejor prueba son las civilizaciones sumidas en la arena. Ozymandias, el rey de reyes ideado por Percy B. Shelley, tiene razón: debemos reflexionar sobre las ruinas de las glorias de antaño.

Segunda propuesta. Se superará la situación creada por el coronavirus con complicidades con la inteligencia sentiente, la raison sensible de la que acaba de hablarnos Edgar Morin. Se deberá dar apoyo, por ejemplo, a los líderes preparados capaces de establecer un orden de prioridades y de hacer arbitrajes justos. En cada fase de la historia se asiste a una nueva trama para alcanzar el debido reconocimiento. Sin embargo, es imposible alcanzarlo sin la revisión de los disparates que en el siglo XX se han desarrollado para sustentar a los líderes políticos. De los tres totalitarismos, dos, el comunismo y el fascismo, surgieron como movimientos de masas dirigidos desde el aparato de un partido con «jefes» indiscutibles; y el tercero, el nazismo, fue el producto de una victoria electoral. Esta es una gran lección de la historia, arrebatada y trágica.

Tercera propuesta. Se superará la situación creada por el coronavirus teniendo una visión correcta del futuro basada en el sentido que le confiere la historia. Se sabe, desde que Edward Gibbon se paseara por Roma en busca de un amanecer, que el arma más poderosa de las fuerzas de progreso es el espíritu crítico que libera a la sociedad de la mordaza que a menudo la suele dejar muda ante la acumulación de noticias sin ningún valor. ¿Qué se puede hacer si sobrevienen ciertos acontecimientos que producen lo contrario de lo que anuncian? Retarlos para que se expliquen. Si el siglo XXI debe prescindir de una sola de todas las propuestas, será imperfecto. Incluso los idiotas tienen cabida, siempre y cuando se sepa que son idiotas.

Cuarta propuesta. Se superará la situación creada por el coronavirus recuperando, desde la imaginación moral, dos principios claves: sinceridad y autenticidad. Mucho trabajó Lionel Trilling para hacernos entender la génesis literaria de estos dos principios y ardió en deseos que sus alumnos (o sus lectores) comprendieran el esfuerzo desplegado por la sociedad para evitarlos, a pesar de que ha sido uno de los temas preferidos por muchos grandes autores, desde Shakespeare hasta Jane Austen y Dickens. De hecho, no se ha escrito nada más bello sobre este asunto, que volverá a plantearse en el siglo XXI con la intención de resolver de una vez lo que Polonio le dice a su hijo Laertes en el acto I, escena III, de Hamlet: «Y, sobre todo, esto: sé sincero contigo mismo, y de ello se seguirá, como la noche al día, que no puedes ser falso con nadie».

Quinta propuesta. Se superará la situación creada por el coronavirus definiendo de nuevo el espacio de la comunicación. Desde que Thomas Babington Macaulay, al referirse a la galería parlamentaria, acuñó la expresión «el cuarto poder», los medios de comunicación han acompañado constante y fielmente a la sociedad abierta. La libertad individual está basada en este poder. ¿El anhelo de decir la verdad que nos atrae hacia lo mejor de las personas, como se ve en las películas donde periodistas locuaces y defensores de buenas causas se enfrentan a siniestras intrigas? ¿O la ironía de una comunidad que representa lo que no es, pero aspira a serlo? Ambas cosas, sin duda, como contrapeso a la estridente propaganda. La libertad de expresión es difícil, salvo en docudramas progresistas del tipo Buenas noches, y buena suerte, de George Clooney. Y, como telón de fondo, el consabido lamento en forma de apotegma: ¡cuánto mal engendra el silencio de los hombres buenos!

Sexta propuesta. Se saldrá de la situación creada por el coronavirus mediante una redefinición del valor de la cultura en la era global de la que habla Martin Albrow. No todo lo que se vende en el mercado de consumo masivo es cultura. El banco de pruebas para una gobernanza que aspire a darle una respuesta al desafío creado por el coronavirus de modo responsable y no superficialmente es situar la excitación vivida desde mediados de la década de 1960 hasta hoy en su exacto lugar de la historia. Hablar sin decir nada se ha convertido en tendencia al crear la ficción de los llamados «valores culturales»: da igual una canica que una pintura de Leonardo. Así no se va a ningún sitio en el siglo XXI.

Séptima propuesta. Se superará la situación creada por el coronavirus entendiendo el poder de la naturaleza. Aquí es obligada la cita de Novalis: «La naturaleza sigue siendo el aterrador molino de la muerte». Y aquí está el debate sobre los límites del conocimiento que ha tenido un largo desarrollo en el campo de la epistemología y la bioética. Es la ocasión de recordar las palabras de Hegel que valen especialmente en estos tiempos para entender qué hay detrás de la Covid-19: «Lo que es conocido en general, precisamente porque nos resulta conocido, no es conocido. Es la manera más corriente de engañarse y de engañar a los demás presuponer que algo es conocido y conformarse con ello».

Recordemos el relato al que se ha sometido este libro para exponer una historia de larga duración que afecta directamente al comportamiento de los seres humanos. El desafío de una epidemia ha provocado siempre una respuesta a su altura en los anteriores cinco grandes momentos aquí analizados. ¿Sucederá ahora lo mismo? Revelaciones de una situación extrema. ¿Vencer o sucumbir? La historia responde: vencer.”

Hasta aquí unos breves párrafos de las propuestas del autor; por supuesto son mucho más amplias, pero no quiero alargar demasiado esta entrada. Aunque, es mi modesta opinión, aquí hay material suficiente para una larga conversación y debate en nuestros grupos de amigos. Ojala tengamos la oportunidad y el deseo de llevarlo a feliz término.

Termina su libro el autor con estas breves consideraciones, que él llama dos opciones ante el coronavirus.

“¿Qué expresa en verdad el coronavirus? Dos opciones.

Primera opción: representa el desafío de la naturaleza en su aspecto más extremo, el más amenazador, el más peligroso. Se inscribe en una larga lista de grandes epidemias, de las que aquí he destacado las cinco que cambiaron el curso de la historia. La sexta sería precisamente el coronavirus, porque estoy convencido de que lo va a hacer también.

Segunda opción: representa un golpe a una clase política preparada para la gestión diaria y el debate parlamentario, que ignora la historia y los desafíos que vienen de la naturaleza. Mucho hablar de cambio climático y de guerras y el peligro de verdad estaba en la mutación de un virus surgido en una ciudad de China.

Curioso dilema: ¿simboliza el coronavirus el desafío que se estaba esperando para poner fin a los mitos del siglo XX, o, por el contrario, es una prueba menor que la sociedad sabrá orillar para seguir medrando en unos valores plenamente obsoletos?

¿Qué representa, pues, la actual encrucijada que comienza en el verano-otoño del 2020 en la historia? Piensa y avanza. Hagamos un esfuerzo por vencer la incertidumbre y los fantasmas que la sostienen por ignorancia, negligencia o maldad.

¿Y qué representa para los ciudadanos, que, con firmeza ante el jactancioso horror que buscaba intimidarlos, se confinaron para dar tiempo a que las autoridades encontraran un remedio al problema? Debemos aprender a escuchar sus palabras. Porque en ellas encontraremos las razones para cambiar el destino del alma del mundo, para hacer que avance la flecha del tiempo, para alzar el telón de la tragedia y volver a vivir en libertad y con dignidad. Que, en definitiva, es lo que importa.”

Como presentación del libro, existe este comentario:

El coronavirus ha despertado el presagio de que el mundo podría ser distinto, y hoy nos preguntamos con insistencia cómo será esa nueva realidad. José Enrique Ruiz-Domènec, un historiador clave, nos invita a mirar al pasado para encontrar las respuestas. A la plaga que asoló el Imperio bizantino en tiempos de Justiniano y Teodora siguieron el primer esplendor del islam y el nacimiento de Europa. De la terrible peste negra del siglo XIV surgió el Renacimiento. Los contagios provocados por la llegada de los españoles a América en 1492, y la viruela que acabó con el Imperio azteca, propiciaron la creación de las bases de la construcción de una identidad latinoamericana reconocible todavía hoy. Más adelante, en pleno siglo XVII, las pestilencias llevaron a Europa al borde del colapso, pero el espíritu revolucionario impulsó un mundo nuevo, ilustrado. Y finalmente la mal llamada «gripe española», que desafió al confiado siglo XX, exigió una acción guiada por el conocimiento científico, artístico y literario. Estos episodios generaron un nivel de angustia que hoy nos es familiar, pero, aunque hubo aciertos y desatinos, las sociedades supieron tomar decisiones a la altura. ¿Seremos capaces de afrontar de forma positiva las dificultades, tomando estos modelos históricos, y de vencer, una vez más, a una gran epidemia?”

¿Esto es todo? Sí, pero no.

Terminado el libro, al día siguiente leyendo la prensa diaria, me encuentro con un artículo de uno de los autores que procuro no perderme, puesto que sus artículos me parecen siempre muy, pero que muy interesantes; mucho por su forma, pero más por su fondo.

Lo que plantea en el presente escrito, no necesita aclaración ninguna por mi parte; primero por mi total ignorancia sobre el tema que toca, pero sobre todo porque está tan claro que cualquier comentario mío sería absurdo. Pero si lo añado a lo que constituye la parte primera de la entrada-la cuestión histórica de las enfermedades que en ella se estudian- es porque creo te tienen relación ambos escritos. Porque si importantes son las enfermedades con las que tenemos que lidiar antes, ahora y siempre, no menos a tener en cuenta es lo que nos comenta Torres en su artículo. Aquí os lo dejo. Juzgar vosotros.

La deuda, una bomba a desactivar por las buenas o por las malas

Los últimos datos publicados sobre la evolución de la deuda en todo el mundo vuelven a mostrarnos que estamos sentados sobre una bomba que va a estallar sin remedio, si no se adoptan medidas adecuadas para desactivarla.

Para entender por qué ha ocurrido eso solo hay que saber algo muy simple:

 

El negocio de la banca, la institución más poderosa del planeta que utiliza ese poder para imponer políticas, leyes y modelos económicos que obligan a recurrir constantemente al crédito y a pagar innecesariamente intereses por el dinero que prestan.

 

La avaricia de la banca que tiene el privilegio de prestar dinero que crea de la nada, el no saber detenerse y la tiranía del interés compuesto que multiplica la deuda sin cesar nos está llevando a una situación tan injusta como insostenible.

 

Si no se frena la escalada de la deuda será inevitable que volvamos a sufrir crisis financieras cada vez más peligrosas, por recurrentes y destructivas. Guste o no guste a la banca, será inevitable ponerle fin a su crecimiento continuado, y eso se puede hacer por las buenas o por las malas.

Por las buenas, mediante acuerdos políticos, asumiendo que la banca ya ha ganado lo suficiente y destruido demasiado, aceptando la suspensión del servicio de la deuda en los países más empobrecidos y quitas y reestructuraciones negociadas en todo el planeta. Por las malas solo hay dos formas de reducir la deuda insostenible, la inflación galopante y la guerra a gran escala.

 

Estamos a tiempo de elegir un camino u otro. Los gobiernos y las organizaciones internacionales tienen la palabra y los pueblos la capacidad de presionar y de hacer oír su voz para exigir soluciones eficientes, justas y pacíficas.

 

Juan Torres López

 

Agradeciendo vuestra atención y paciencia, os envío un fraternal abrazo.

 

 

lunes, 3 de mayo de 2021

 

EN CAMISAS DE ONCE VARAS

 

Mi pretensión con este artículo no es más que expresar mis dudas y posibles mejoras que podrían aportarse a la filosofía. Así como el de encontrar respuestas al porqué no existe una definición clara de lo que se entiende por filosofía. Denunciar el peligro de las múltiples interpretaciones que se pueden dar por la falta de una definición, porque esto afecta a la comprensión de esta materia a los más desfavorecidos y a los cada vez más analfabetos sociales del mundo. Estas dudas y falta de claridad retraen a los que más necesitan del pensamiento crítico, para mejorar su condición, dentro de nuestra sociedad neoliberal.

 Pienso luego estorbo

 Ya comenté en una entrada anterior, que soy como Decartes y tengo tendencia a poner todo en duda, por eso tengo tendencia a meterme en camisas de once varas. Porque como nos dice Victoria Camps en el prólogo de su libro Elogio de la duda:

 “Creo que fue Bertrand Russell quien dijo que la filosofía es siempre un ejercicio de escepticismo. Aprender a dudar implica distanciarse de lo dado y poner en cuestión los tópicos y prejuicios, cuestionarse lo que se ofrece como incuestionable. No para rechazarlo sin más, pues eso vuelve a ser confrontación. Sino para examinarlo, analizarlo, razonarlo y decidir qué hacer con ello. (…) El pensamiento es dicotómico: nos movemos entre el bien y el mal, lo legal y lo ilegal, lo bello y lo feo, lo propio y lo ajeno. Las dicotomías sin matices son abstracciones, formas burdas de clasificar la realidad, inútiles y simplificadoras para examinar lo complejo. Es más fácil situarse en el sí o el no porque para hacerlo no hace falta dar argumentos. O soy independentista o soy unionista. De derechas o de izquierdas. Acepto o no acepto a los refugiados. Los matices suponen demasiado esfuerzo. La duda inquieta y es aguafiestas. Es como la pepita que escupo al morder una manzana, un estorbo para seguir mordiendo con tranquilidad.”

 Con mis dudas y las interpretaciones de los textos filosóficos no pienso ir en contra de nadie sino más bien aclarar mis propias dudas de lo que me “chirria”. No es ningún delito estar en desacuerdo con ciertas personas, aunque sean grandes pensadores. No olvidemos que los filósofos entre ellos tienen tiranteces, un ejemplo, lo que nos dice Max Horkheimer, en su ensayo de La función social de la filosofía:

 “El método fenomenológico de Husserl y Heidegger es la antítesis del empiriocriticismo de Mach y Avenarius, y la logística de Russell, Whitehead y sus discípulos, el enemigo declarado de la dialéctica hegeliana.”

 También tenemos a Michel Onfray que tacha de furriel a Hegel por querer imponer como verdad absoluta su filosofía. O algún pensador venido a menos como Fernando Savater que en su libro “La aventura del pensar”, nos dice:

 “Los poetas leen a Platón. Los políticos, a Aristóteles. Los científicos, a Epicuro y Lucrecio. Los curiosos, a Montaigne. Los matemáticos, a Decartes y Leibniz. Los revolucionarios a Spinoza… Pero ¿Quién lee a Kant? Sólo los profesores de filosofía”

Obviaré la coletilla que puso a los profesores por considerarla inadecuada y ruin.

 Como podemos apreciar la filosofía tiene varias interpretaciones en lo concerniente a la realidad vivida y de que es lo mejor para una sociedad dividida. Nos confirma Horkheimer con lo que nos dice sobre esto y la visión de cada cual sobre el significado de la filosofía y que podemos esperar de ella:

 “Cuando en una conversación aparecen los conceptos de física, química, medicina o historia, los participantes, en general asocian con ellos algo muy concreto (…) Con la filosofía no ocurre lo mismo. Supongamos que le preguntásemos a un profesor de filosofía qué es la filosofía. Si tenemos suerte y damos por casualidad con un especialista que no rechace por principio las definiciones, nos dará una. Pero si aceptamos esa definición, pronto comprobaremos, presumiblemente, que no es, de ningún modo, la que se reconoce en general y en todas partes. Entonces podríamos dirigirnos a otras autoridades, o también leer manuales modernos o antiguos. Eso sólo aumentaría nuestra confusión.”

 Sabemos que no existe la verdad absoluta ni una razón universal, por ello nunca existirá una sola opción de vida y nunca acabará el debate entre la humanidad, sobre cuál es el mejor sistema de vida el consenso se torna primordial. Pero en los tiempos actuales estamos metidos de lleno en los debates improductivos donde, solamente, se defiende la opinión personal sin razonar con el interlocutor.

 Se dice que para poder tener un pensamiento crítico es necesario saber de lógica y así saber cuáles son los tipos de significaciones, cómo podemos asignar significados y cuales no son válidos ¿Quién define la validez de los significados? Si la relación entre el significante y el significado es arbitraria.

 También se dice que para trabajar el pensamiento crítico y profundizar más en él, es necesario afrontar con una historia del pensamiento y unas realidades. También es necesario, bajo mi punto de vista, profundizar en la contrahistoria de la filosofía, donde no predomine la versión de los “vencedores” contra la del resto ya que se han silenciado a muchos buenos pensadores. Personalmente, creo que el pensamiento crítico se desarrolla observando de frente la realidad que nos rodea. Me parece una bajeza extraordinaria o de una enorme prepotencia querer privar a los demás de poder pensar basándose en el historicismo de la filosofía.

 Descubrí la realidad de mi mundo obrero, con dieciséis años, ese que entre todos se han encargado de eliminar, bajo el nombre de clase media, y de paso matar las esperanzas de un mundo más justo para los de mi clase. Con esa edad, busqué en la política, disfrazada de sociología, conseguir ese mundo justo, desgraciadamente, fui de decepción en decepción. Descubrí la filosofía en 2012, ya con cincuenta años, y ésta me impulso más, si cabe, a mantener mis propios criterios y a reforzarlos con su ayuda a no salirme de la senda de mis raíces, tal y como claman los filósofos. Sin embargo, también descubrí que la verdad sin consenso no existe, puesto que no tenemos una verdad absoluta ni una razón universal, por eso me permito desde mi modesto pensamiento, poner en duda la afirmación de Kant, que nos dice: “Es necesario someter la razón al tribunal de la razón”. Pienso que es una gran contradicción ¿qué razón puede juzgar a la razón si no existe una razón universal?

 Evidentemente cada profesor o pensador nos instruirá sobre el pensamiento de los filósofos con los que se sienten más identificados. Cosa por otra parte muy normal.

 Cuando se hace referencia a la filosofía de hace dos mil años o incluso doscientos cincuenta, a veces, nos olvidamos de que esa filosofía estaba más centrada en la física y las matemáticas que la del siglo XXI. La filosofía y la ciencia tomaron caminos separados desde mediados del siglo XX. Anteriormente el ochenta por ciento de los filósofos eran científicos o matemáticos en nuestra época ya no existen este tipo de filósofos, los actuales son sociólogos. Por eso son más contempladores de la realidad vivida por el hombre. Ya no se dedican a crear teorías sobre la ciencia o el pensamiento se dedican al análisis de la vida cotidiana, del hombre común, a hacernos comprender a través de sus ensayos la verdadera naturaleza del ser humano. Estoy convencido que las grandes teorías kantianas y hegelianas fracasaron por esta falta de enfoque, no se pueden hacer revoluciones de salón, el primero que denuncio este error, quizás fuese, Nietzsche. Pero ya fue demasiado tarde para poner freno a las vanidades y maldades del ser humano en el poder, por eso la revolución francesa se convirtió en la era del terror y la revolución bolchevique tomo un rumbo equivocado. De todo esto nació un partido socialista para tumbar al verdadero comunismo que nunca se llevó a cabo.

Michel Onfray, en el primer tomo de su contrahistoria de la filosofía, define bajo mi punto de vista, el gran error que la filosofía debe subsanar:

 “Es sorprendente que la filosofía, tan dispuesta a mostrar a los historiadores o a los geógrafos cómo han de practicar su arte y a los científicos cómo abordar los usos correctos de la epistemología, caiga en la trampa de negarse a aplicar en su parroquia lo que enseña en las vecinas”

 Considero que hay afirmaciones de la antigua filosofía que ya no son aplicables en nuestro siglo XXI como la de Pitágoras al afirmar:

“El hombre más puro es ese tipo de hombre que se muestra en la contemplación de las cosas más bellas, al que corresponde el nombre de filósofo”

 Para mí el filósofo no se limita a la contemplación de las cosas bellas del universo. El filósofo contempla y analiza todo lo que le rodea, sea bello o horroroso, justo o injusto. El filósofo que se dedica a contemplar lo bello de la vida, ignora la mitad de la realidad de nuestro mundo. El filósofo debe ser capaz de analizar todo lo que se desarrolla en su época, debe ser capaz de visibilizar la realidad en su totalidad.

 Kant nos dice, que el ámbito de la filosofía se reduce a las cuestiones siguientes:

1) ¿Qué puedo saber?; 2) ¿Qué debo saber?; 3) ¿Qué me cabe esperar?; 4) ¿Qué es el hombre?

 En mi humilde opinión me atreveré a responder a estas cuestiones de la siguiente manera:

¿Qué puedo saber? En el siglo XXI todo lo que nos propongamos

¿Qué debo saber? Todo lo que influye en mi vida y deseo cambiar dentro de los límites de la ética.

¿Qué me cabe esperar? Lo que la comunidad, en su mayoría decida, siempre y cuando no enturbien mi libertad individual.

¿Qué es el hombre? La suma de las tres respuestas anteriores

 Durante la época de la modernidad, considerada como el nacimiento de la filosofía actual, en realidad no estaba definida como tal, Kant escribía:

 “De forma general, nadie puede considerarse filósofo si no sabe filosofar. Pero no se aprende a filosofar más que por el ejercicio del uso que hace uno mismo de su propia razón ¿Cómo se podría, aun hablando con propiedad, conocer la filosofía? En filosofía cada pensador construye su obra, por así decirlo sobre las ruinas de otra; pero jamás ninguna ha llegado a ser inquebrantable en todas sus partes. De ahí que no se pueda conocer a fondo la filosofía, ya que no existe todavía. Pero suponiendo incluso que existiera alguna, ninguno de aquellos que la conociesen se podría decir filósofo, pues el conocimiento que de ella tendría, seguiría siendo subjetivamente histórico”

 Al no existir una razón universal, Kant nos confirma que cada cual filosofara según el uso de su razón por eso puede haber tantas corrientes filosóficas como individuos. André Comte-Sponville nos da su visión sobre la razón en su Diccionario de filosofía:

 “A veces se distingue, sobre todo a partir de Kant, la razón práctica, la que obliga, y la razón teórica, la que conoce. Nunca he experimentado la primera, ni consigo pensarla. Que una acción pueda o no ser razonable es obvio. Pero ¿por qué? ¿Por qué estaría de acuerdo o no con la razón? No (la locura también lo está, porque es racional). Sino porque está de acuerdo o no con nuestro deseo de razón (es decir, de coherencia, de lucidez, de eficacia…) Aristóteles, Spinoza y Hume son más instructivos que Kant. No es la razón la que obliga o hace actuar. Es el deseo:” No hay más que un solo principio motor, la facultad deseante” (Aristóteles, Se anima, III, 10). La razón no puede por si sola suprimir ningún afecto (Spinoza, Ética, IV, prop. 7 y 14) ni producir ninguna acción (Hume, Tratado…, libro II, III, 3: “No es contrario a la razón el preferir la destrucción del mundo entero a tener un rasguño en el dedo”). Por eso no hay razón práctica: solo acciones razonables. No son, por eso, más racionales, pero sí más eficaces, más libres y más felices.”

 Kant nos decía que la filosofía no existía a finales del siglo XVIII ¿existe hoy? Sinceramente estoy convencido de que estamos en la misma situación puesto que al no existir una definición consensuada de la filosofía cada cual es libre de interpretarla a su manera y pensar según su deseo. Por esta razón tenemos filósofos marxistas, filósofos capitalistas, filósofos, supuestamente, equidistantes con estas dos ideologías, porque no nos engañemos la ideología se apoderó de los filósofos actuales.

 Por todo esto, afirmo como Michel Onfray que la filosofía se olvidó de poner orden en su casa al querer “poner orden y organización en las ciencias” (Kant). Evidentemente, esto no es nada bueno para el ciudadano de la calle, que pretende comprender el pensamiento filosófico ya que al existir diversas corrientes e ideologías debe elegir cual es la mejor opción para sus intereses personales y de la comunidad en su conjunto, esto añadido a la falta de formación previa, las contradicciones entre filósofos y sus diferentes ideologías, se hace francamente difícil. Por ello se llega al nihilismo generalizado de la sociedad.

Por ello afirmo que es necesario una definición urgente de la filosofía y un posicionamiento consensuado y claro de cara a la consecución de una sociedad más justa y equitativa para todos los habitantes del planeta.

domingo, 18 de abril de 2021

 

                  NOTICIAS DEL DÍA A DÍA

Hola AMIGOS: Llevamos ya unos cuantos días en que en uno de los canales de televisión, se está hablando de lo sucedido a una señora de nombre Rocío Carrasco. Yo no he visto ninguno de los capítulos que se están emitiendo, pero no dejo de estar en este mundo, y es un tema que está impactando en una parte importante de la ciudadanía. Y es por este impacto por lo que he recopilado alguno de los textos que tengo archivados, y que tienen relación con este caso; o por lo menos es lo que me parece a mí.

Tengo que aclarar que lo que se está conociendo con estos testimonios, en mi humilde opinión, tienen la virtud de tocar dos temas de enorme importancia para todos los habitantes del mundo: la mujer y la justicia.

En muy variadas ocasiones, a través de los años, hemos tenido la oportunidad de abordar estos temas tanto verbalmente como por escrito, en las reuniones que compartimos. Quizás por esto, me surgió la duda de que no debería de incidir nuevamente en ello. Pero la relevancia pública que está teniendo, las múltiples facetas que está tocando, la cantidad de personas que a diario salen a la palestra con toda suerte de declaraciones-muchas de ellas falsas o sin demostración-la intervención de actores tanto a favor como en contra, el afloramiento del comportamiento de los espacios televisivos que hoy dicen todo lo contrario de lo que durante años estuvieron afirmando-contribuyendo a forjar unas leyendas de buenos y perversos que hoy incluso llegan a reconocer que eran erróneas-y otros variados aspectos que no menciono por no alargarme más, me han llevado a redactar  esta entrada con el único objeto de que pudiera ser la escusa para poder debatir estos dos temas que-una vez más repito-son muy importantes para mí.

Quiero destacar que, aunque en estas líneas pongo el acento en estos dos temas, no por ello me olvido del efecto que los medios de comunicación tienen en una parte muy importante de la sociedad, y que lo que se trasmite a través de ellos, hace que el comportamiento de una gran cantidad-demasiada creo yo-de receptores de las noticias que difunden, sea muy distinto al que me gustaría ver en ellos, ya que se apartan de los conceptos éticos que deberían ser los que predominaran.

La verdad del documental sobre Rocío Carrasco

Hace años escribí un libro, La construcción de la lesbiana perversa, sobre cómo los medios de comunicación serios (entonces eran serios) construyeron a Dolores Vázquez como la asesina perfecta de Rocío Wanninkhof. Comienzo contando en el libro que, al principio, yo misma pensé que Dolores Vázquez era la asesina. Si la habían detenido, si la fiscalía la acusaba de algo tan grave como el asesinato de una menor, alguna prueba debían tener. No puse demasiada atención en aquella historia.

Beatriz Gimeno

 

Esta señora es Directora del Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades y una activista desde hace años en defensa de la mujer y del feminismo. En este articulo, no solo saca a colación el tema femenino, sino también el comportamiento de los medios de comunicación y del periodismo en particular.

 

Si te resistes malo, si no te resistes peor

Imagine que va por la calle una noche, alguien se sitúa detrás y le pone una navaja en el cuello para que le entregue la cartera, el reloj, o cualquier cosa de valor que lleve. ¿Qué haría usted?

¿Cuándo la justicia dejará de sospechar de si las mujeres mienten, provocaron, consintieron o se resistieron ante ataques de los que ellas no son responsables? ¿Cuándo empezarán a tratarlas como víctimas y no como culpables? ¿Habrá que empezar a ponerles una navaja en el cuello a jueces, fiscales y abogados para que lo entiendan de una vez?

Juana Gallego

 

Al margen de tratar el tema femenino, esta articulista centra su argumentación en el comportamiento de los diversos intervinientes en los juicios que sobre los abusos y violaciones a las mujeres, tienen en los mismos. Es esa frase final la que creo explica con toda claridad, su opinión sobre los mismos.

 

Una sentencia irrazonable

La sentencia es una porquería, además. Los hechos probados arrancan con ¡las fechas de nacimiento de los abuelos de la víctima! Los magistrados nos cuentan que la madre de la niña se quedó embarazada a los 18 y repasan todo el historial de la familia inmigrante, el de sus tías, el de los maridos de sus tías, ¡hasta que la niña y su llegada a urgencias de parto aparecen en la página 12! ¿Qué pretenden los magistrados con este repaso de las características familiares, del maltrato del abuelo a su madre, en los hechos probados en el que hasta nos descubren que la víctima pudo llegar a no nacer porque su madre se planteó abortar? ¿Qué quieren decirnos? ¿Dónde han visto eso en otra sentencia?, ¡por Dios! 

Elisa Beni

 

En todos los foros de opinión donde interviene, tanto verbales como escritos, E. Beni deja claro un par de facetas por la que soy un seguidor acérrimo suyo desde hace años. Por una parte sus experiencias personales que la hacen tener un gran conocimiento de la vida. Su fuerte personalidad que hace que sus intervenciones no dejen a nadie sin opinión. Y, sobretodo, unos conocimientos jurídicos magníficos que son la base de sus alegatos. Extraordinaria.

 

Día de la Mujer. Con y sin pandemia

La historia de la humanidad se ha tejido en la lucha de una parte oprimida de la humanidad por emanciparse de otra parte.

                  Coral Bravo

                 

                  Desde hace años, espero con impaciencia la aparición de los artículos de esta Doctora en Filología, porque en cada uno de ellos vierte su inteligencia, su sabiduría, su cultura, sus conocimientos, que-a mí-me tienen cautivo. Su forma de argumentar, su manera de exponer, sus aportaciones bibliográficas, etc., oct.,  son una autentica delicia. Espero que siga muchos años.

 

No es "ira histérica", es "ira histórica"

Siento ira histórica cuando pienso que, en 1911, la librepensadora Rosario de Acuña tuvo que pasar dos años en el destierro, escondida, por escribir un artículo en el que desataba su furia contra unos universitarios que habían intentando violar a una estudiante. A los agresores ni les soplaron. A ella, en cambio, le soplaron que la Guardia Civil iba a detenerla y tuvo que huir, corriendo, con 61 años, por haber escrito estas palabras: "¡Exterminen los hijos que les nazcan así, aunque sea estrellándolos!, ¡salven, por caridad, la raza nuestra, que lleva el camino de producir unos bichos con cabeza humana, sexualidad de ostra e inteligencia de asno loco!". 

Mar Abad

 

El caso que expone la autora en este artículo, aporta una opinión más a todas las que día a día salen en los medios de comunicación sobre los temas de esta entrada. La frase final puede producir en según qué sensibilidades, algún tipo de rechazo por su forma de expresión, pero creo que debió de ser una forma rabiosa de reaccionar de esta mujer ante los hechos que cuenta.

Amigos: no solo el trato  violento que reciben a diario algunas mujeres, sino, además, el trato que se les da cuando tienen el valor de denunciarlo, deberían ser temas de un mucho más profundo estudio por parte de todos los que intervienen en estos acontecimientos, pero también de toda la sociedad en general, puesto que  no lo consideramos lo suficiente importante, y tantas veces los dejamos pasar porque “a mí no me afecta”.

 

¿Seguro que no nos afecta?

 

Recibir un fraternal abrazo.