“Sabiduría o, amante de la sabiduría. Los Sofistas, los Maestros incomprendidos”
Los Sofistas, Los
Maestros incomprendidos
Remontémonos
a Ateneas, Grecia siglo V A.C. en una época en la cual imperaba la cosmogonía y
el mito, para hablar de un tema algo polémico que hoy en día es algo mal
comprendido. Me refiero a Los Sofistas.
Es
preciso primeramente, para ello comprender el término de ‘sofista’. La palabra
del griego ‘sofoi’, que significa experto o sabio[1], se les asignaba a los
personajes eruditos. En consecuencia, Los Sofistas llegan a Atenas después de
la guerra con Persia y antes de la guerra civil del Peloponeso.
Los
sofistas logran grandes cambios en la forma de pensar, actuar y reflexionar en
el pueblo Ateniense. Ellos eran hombres que manejaban diversas ramas del
conocimiento. Y aseveraban que la verdad y la moral eran materias discutibles.
Sus enseñanzas se expandían por toda Grecia, haciendo destacar las formas de
locución; el arte del buen decir, como lo es la Retórica. Cabe mencionar que
antes de la sofistica la filosofía era un ejercicio especulativo y solitario,
el intelectual de aquella época era un individuo solitario que monologaba. Es
con los sofistas que aparece el filósofo y el hombre en la sociedad. Pues los
sofistas en lugar de meditar o dialogar discuten.[2]
En
efecto, en aquella época el término ‘sofista’ no tenía el significado
peyorativo que hoy en día le hemos otorgado. En ese entonces un Sofista era un
honorable Maestro, un experto que quería transmitir conocimiento. Los siete
sabios fueron llamados Sofistas.[3] Otro dato importante a
saber es que en aquella época la reflexión filosófica tenía lugar en la plaza
pública, en el gimnasio, en la democracia de la vida del hombre griego, en la
polis. Era una era donde los rapsodas y los poetas leían las lecturas de Homero.
Los Griegos escuchaban la palabra. Era así como se instruían. Pues la
publicación de los textos no consistía en la edición de ejemplares para que
cada individuo leyera personalmente. La gente que le interesara cultivarse
necesitaba presentarse a la re-presentación y audición pública de los textos.
Así es pues, que el pueblo griego tenía la necesidad de argumentar y de debatir
ideas en las asambleas; el arte del buen decir, la Retórica era una necesidad
en el ser de la civis en aquella época.
Sobre
la palabra Retórica cabe mencionar que aparece por primera vez en un texto
Platónico llamado ‘Gorgias o la Retorica’
en el año 385 A.C[4].
la palabra Retórica se utilizaba en los círculos Socráticos para denominar el
aspecto de la locución. Fue el sofista el sabio, el maestro que manejaba la
tekné, el arte y la técnica de persuadir, convencer y hablar con las palabras
precisas. Los Sofistas se interesaban en toda clase de discursos y temas, como
la teoría del conocimiento, lo real, lo irreal, lo percibido y no percibido. El
fenómeno , el objeto captado sensitivamente.
A
los Sofistas debemos el origen de la gramática, la preocupación por ordenar las
palabras correctas, la reflexión, el estilo, el color, la dicción de las
figuras del lenguaje, los discursos efectivos y por supuesto la tradición de
enseñar a otras personas. Fueron los primeros maestros.
Se
dice que uno de ellos; Gorgias, tenía la obsesión de utilizar ciertos sonidos
para conseguir reacciones en sus oyentes, es decir, cuidaba el tono de voz y la
modulación. Pues el retórico debía tener por lo menos tres aptitudes, que a
saber son: Habilidad, Practica, y Educación.
Por
nombrar algunos de los más conocidos de ellos son:
Prótagoras.
Quien platón tiene un diálogo llamado así. El nació en la olimpiada 74. Esto es
más o menos en el año (480). Él fue maestro en Grecia por más de cuarenta años,
fue un afamado y reconocido pensador, así como una respetable figura pública.
Fue amigo del gobernante Pericles. Protágoras fue maestro de hombres celebres
como: Isocrátes y Tucidides.[5]
Otro
maestro fue Hipias, él confeccionó la lista de vencedores en la primera
olimpiada; se dice que Hipias gozaba de una impresionante memoria.[6]
Otro
más fue Antifón. Él fue el primer
logógrafo, escritor de discursos. De él recibieron lecciones hombres
importantes en Atenas como fueron: Critias y el hermoso Alcibíades , de quien
Sócrates llamaba así[7].
Ahora
bien, Algunos maestros innovadores del discurso fueron contemporáneos de sus
adversarios, a decir; Platón, Sócrates y Aristóteles. La reacción Socrático Platónica
ejerció en el vocablo de sofista un sentido Peyorativo, es decir, la palabra
sofista equivalía a decir de mentira, de apariencia, de engaño. Platón los
acusaba de enseñar medios para alcanzar un fin, los acusa de ofrecer según su
conveniencia la apariencia de la realidad y los reduce a sólo unos simples
artesanos de la persuasión.[8]
Aristóteles
fue el primero en presentar una lista de fallos en sus discursos, lista de
falacias o argumentos aparentes. Esta la encontramos en su libro: Sobre Las Refutaciones Sofisticas. Un ejemplo de ello es cuando expresa lo
siguiente:
[…] Que el arte de la
sofistica consiste precisamente en lo aparencial y no en la sabiduría real, y
el sofista es aquel que comercia con una sabiduría aparente y no real, es
evidente que, de cara a esta gente, es esencial desempeñar en apariencia el
papel del sabio antes que serlo actualmente sin parecerlo.[9]
Lo
curioso del caso es que ni Sócrates, Platón o Aristóteles se salvan de haber
cometido ‘sofismas’ en sus escritos. [10] los maestros de la
palabra, del arte del buen decir fueron acusados de aduladores y simples
oradores. Aristóteles define a la sofistica como un mero arte de la apariencia,
y completamente alejada de la verdadera sabiduría. Aristóteles inventa el
termino de ‘sofisma’ como un sinónimo de ‘falacia’ es decir, como un fallo, un
error, error aparente mediante el cual pretendían hacer ver lo que en realidad
no es. Se les tachaba de relativistas. Un sofista es un mentiroso que pretendía
confundir al adversario.[11] Los maestros de la
palabra fueron acusados de cobrar grandes sumas de dinero por sus discursos. Sócrates
en su defensa señalo que a diferencia de Los Sofistas él no cobraba
absolutamente ninguna suma de dinero por sus enseñanzas, pues el objetivo de él
era el conocimiento desinteresado. Sin embargo, la actividad de los médicos, de
los poetas de los artistas y de los sofistas en esa época merecía una
retribución de dinero. De los filósofos no. Cabe destacar también que Sócrates
utilizaba al igual que los sofistas el método erístico, la erística, es el arte
de la disputa, del combate verbal, pues al igual que los sofistas también él
disputaba cuestiones relacionadas con el ser humano. Como la virtud, la bondad,
la inmortalidad del alma. Etc.
En
efecto, las palabras nacen, viven, mueren, tienen una génesis en la biografía
de algunos pensadores, sin embargo el significado de estas palabras está en su
etimología y también en su historia, a veces encontramos casos en que
fundamental de esta palabra ya cambió con el paso del tiempo y conforme a
circunstancias históricas; a tal grado de apartarse por completo de su sentido
original. El ejemplo de esta palabra es la de sofista.[12]
Y,
fue así como el pasado del sofista quedó
enterrado bajo la potestad y autoridad de Platón Sócrates y Aristóteles. Y a
casi más de tres mil años, hasta nuestros días, un sofista, filosóficamente
hablando es aquel individuo demagogo, mentiroso, hablador, alguien que busca su
interés; ese alguien que quiere convencer y engañar con fallos, (falacias).
Te
invito lector a escudriñar el pasado del sofista, a no dar por verdadero
incluso los juicios y argumentos de los gigantes, los grandes pensadores. Los
Maestros de la palabra ocupan un lugar en la historia de la filosofía. En los
diálogos de Platón como por ejemplo en el Gorgias se podrá dar cuenta uno si se
está alerta, a la perfecta intelectualidad con la que responde el sofista. El en
diálogo Protágoras, aunque irónico, nos podemos dar una idea de cómo debatían
los hombres cultos de la Atenas. En las
refutaciones sofisticas de Aristóteles podemos aprender a reconocer los
fallos en el discurso y a apreciar lo que vendrá a ser hasta hoy un sofista. La
gran mayoría de los estudiantes de filosofía se casan con la idea del sofista
en el sentido peyorativo del término.
Es
menester otorgar a los iniciadores, los maestros de la palabra el mérito que
nos legaron como maestros del discurso, mediante el arte del buen decir, la
Retórica. Pues es la retórica el arte de la libertad y responsabilidad de la
palabra, del ejercicio del debate y de opiniones divergentes. la retórica, ese
arte que los romanos convirtieron en oratoria, una vez que derrocaron Gracia. También
la retórica hoy en nuestros días se encuentra algo satanizada, frecuentemente
he escuchado decir, - ¡es un retórico! En tono despectivo, recordemos pues,
que, una de las funciones del lenguaje humano es persuadir, convencer, por
medio de un discurso, el lenguaje se presenta con la finalidad de influir la
conducta de los humanos y esto hace poderoso al lenguaje. La retórica es el
legado de los grandes maestros del discurso y de la palabra. Los Sofistas.
En
el caso de la filosofía lo relevante sigue siendo el empeño por preguntar y por
preguntarse, y sin embargo se necesitan las palabras precisas para hacerlo,
para otorgar alguna respuesta, respuesta que si bien sabemos hasta hoy la
seguimos buscando y reformulando.
Me
despido con una frase de Nietzsche : “ Otros
pueblos tienen santos, en cambio los griegos tienen sabios”[13].
No, no nos equivocamos cuando
queremos interpretar el significado de sofia, = sabiduría= sophós= sophistés=
sabios. Antes de que el término filósofo se popularizara, como amante o amigo
de la sabiduría.[14]
Mtra. Deniss Janet Rodríguez
González
BIBLIOGRAFÍA
Aristóteles (1993), Tratados la Lógica, El Organon, Refutaciones Sofisticas
(Colección: “Sepan Cuantos”, N° 124), México, Porrúa.
Ferrater Mora, José (2004), Diccionario de Filosofía, 4 Vols.,
(Colección
Diccionarios), Barcelona, Ariel.
López Pérez, Ricardo (1997), Maestros Innovadores: Educación, Política y Persuasión en Los Sofistas,
Chile. Colección de ciencias Sociales. Universidad de Chile.
Vintró Eulalia,
ciclo de conferencias. Centro Koldo Mitxelena conferencia sobre la retórica en el mundo antiguo. Universidad de
Barcelona.
[1]
Cf., J. Ferrater Mora, Diccionario Filosófico, “Sabiduría”, p. 3143
[2]
Cf. Op. Cit., “Sofistas”, p.3338.
[3]
Cf. Ricardo López Pérez. Maestros Innovadores, educación, Política y Persuasión
en los Sofistas.
[4]
Cf. E. Vintró. Ciclo de conferencias sobre la retórica en el mundo antiguo.
[5]
Cf. López Pérez, Ricardo. Ibídem.
[6]Cf.
Diálogo el banquete, discurso de Alcibíades.
[7]
Cf. López Pérez, Ricardo.
[8]
Cf. Op. Cit.
[9]
Cf. Aristóteles, Las refutaciones sofisticas.
[10]
Cf. Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, “sofisma”.
[11] Cf.
Refutaciones Sofisticas, Aristóteles.
[12]
Cf. López Pérez, Ricardo, Op. Cit., p. 5
[13]
Ibídem, Nietszche, F. El Origen de la
Tragedia.
[14]
Cf. López Pérez, R. Op. Cit.

Con esta entrada, acabas de desmontar todos mis prejuicios sobre los sofistas, Denisse. Es necesario para mi una revisión de este tema. Muchas gracias.
ResponderEliminarJuan Antonio, de eso se trata, de liberarnos de prejuicios, que bien que te haya interesado. Saludos.
ResponderEliminarLos sofistas son los primeros auténticos maestros de filosofía.
ResponderEliminarMuchas gracias Deniss (o Denisse?) por tu estupendo artículo.
Eres muy generosa al compartir con nosotros información tan valiosa.
Seguimos...
Completamente de acuerdo, Denisse y Eduardo los sofistas fueron los primeros grandes maestros. Desmontar los falsos juicios a su alrededor es gran labor. Ellos marcan, junto con otras escuelas como la estoica, una nueva era en la filosofía y la mirada se vuelve hacia el Ser pero encarnado. Observan, contemplan a este y sus vicisitudes, para poder comprender todo lo demás, si es que fuera necesario o hubiera un "demás". Aun con todo, echo en falta en su filosofía cierta pleitesía al misterio de la vida.
ResponderEliminarGracias Denisse, qué bueno dialogar un rato...
Gracias Silvia por tus comentarios, seguimos en contacto, seguimos leyéndonos a la distancia.
ResponderEliminarAmiga DENISSE: Con el permiso de mi amigo Juan Antonio, le copio su comentario, y lo hago mío: “Con esta entrada, acabas de desmontar todos mis prejuicios sobre los sofistas”.
ResponderEliminarAunque no sea la única palabra que ha padecido esa transformación de su sentido original (me viene a la mente la palabra “bárbaro”), sí que deduzco de tu magnífico artículo, que no hay nada más interesante en este mundo cultural, que relacionarte con personas como tú, para ir logrando, poco a poco, que esta ignorancia que yo poseo se convierta en conocimiento de cosas maravillosas.
Una vez más, muchas gracias “sofista” Denisse.
Cuando escucho la palabra “sofistas”, mi recuerdo se remonta al último año del secundario en una clase de filosofía, donde la profesora, una religiosa, escribió en el pizarrón Sofistas:” falsos filósofos “y a continuación escribió tres sofismas, los explicó (creo que nadie entendió nada) y nos dijo:” como ven esto no se cumple. El artículo de Denisse: Los sofistas. Los Maestros incomprendidos, es claro y bien argumentado; puedo conocer su vida y comprender la labor que realizaban. Me invita a borrar el concepto peyorativo que a ellos se les daba: individuo demagogo, mentiroso, hablador, engañador con falacias. Gracias por el artículo. Muy generosa Denisse.
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