QUE FUTURO QUEREMOS
Hola AMIGOS: Acabo de leer un
libro que-además de haberme gustado dándome una estupenda lección de
Historia-me ha abierto un sinfín de preguntas por lo que el autor relata en el
mismo. Y queriendo resumirlas lo más posible, me atrevo a plantearme, y a
plantearos, esta única cuestión: qué futuro queremos.
Su autor: José
Enrique Ruiz-Domènec (Granada, 1948) es escritor y académico; ha sido
profesor visitante en numerosas universidades europeas y americanas, además de
catedrático de Historia Medieval en la Universidad Autónoma de Barcelona desde
1969 hasta el presente.
El tema que aborda en este libro,
es de la más rabiosa actualidad, puesto que lo que hace es relatar la historia
de las cinco mayores epidemias y pandemias que han asolado al planeta-y por
supuesto a sus habitantes- en el trascurso de los siglos. El título de estas
cinco etapas son las siguientes:
UNA PLAGA EN TIEMPOS DE
JUSTINIANO Y TEODORA
TRAS LA PESTE NEGRA
ESPIRAL DE CONTAGIOS EN AMÉRICA
PESTILENCIAS EN PLENO SIGLO XVII
LA DEVASTADORA GRIPE A
Una vez analizados todos y cada
uno de estos aconteceres, termina con el examen de lo que en este momento nos
atañe, y que lo titula así: EL CORONAVIRUS Y EL SIGLO XXI
Quiero insistir en mi
satisfacción por un mejor conocimiento de estas etapas de la humanidad que
produjeron un gran dolor y una gran catástrofe en todas las partes del mundo,
con la pérdida de millones de personas, que murieron como consecuencia de estas
enfermedades; pero también porque como consecuencia de ello, se han ido
desarrollando medidas curativas que han
hecho que hayamos llegado a nuestra actualidad en una posición infinitamente
mejor que en estas otras etapas donde no se contaba con los medios y remedios
actuales. Todo gracias a tantas y tantas personas que pusieron sus tiempos, sus
conocimientos e incluso sus vidas a favor de sus congéneres.
Aquellos que sientan curiosidad
por estas historias, tienen a su disposición el libro en el que podrán
adentrarse de los detalles de las mismas. Pero yo quiero poner la atención de
estas líneas, en algo que me parece muy importante para nuestro porvenir, y que
el autor detalla al final del mismo, en el que da su opinión de lo que deberíamos
de hacer para que nuestro futuro sea mejor. Por ello, el título que le he dado
a esta entrada: qué futuro queremos. Veamos algunas.
“La acción moral es el único modo de resolver la encrucijada actual. Es
necesario plantear una acción moral respecto al futuro basada en los principios
de la previsión histórica. Tenemos una oportunidad de superar el desafío de una
epidemia como se ha hecho otras veces en el pasado; solo se requiere hacerlo
ajustando la desbordada retórica sobre lo sucedido y lo que puede sucedernos. Responder
a los desafíos del coronavirus. Puede decirse de otro modo, con Hélène Denis:
concentrarse sobre la acción moral dejando de perder tiempo y energía en las
quejas de por qué ha sucedido una cosa así y de las jeremiadas sobre el fin del
mundo tantas veces vistas antes con el mismo resultado, el fin del mundo que
nunca llega.
Se plantea una pregunta fundamental: ¿querrá la sociedad mundial salir
del letargo del espíritu provocado por el coronavirus? Y otras dos no menos
importantes: ¿será capaz de afrontar de forma positiva las dificultades anexas
a los avances y a los momentos de gloria vistos en otros momentos de la
historia para vencer una gran epidemia? O, por el contrario, ¿se mantendrá
anclada en los valores del siglo XX, ya obsoletos,
en el morboso interés por las noticias falsas, la codicia y los políticos sin
escrúpulos, y cerrará el problema del coronavirus en falso?
Hay que elegir un camino. ¿La sociedad se sentirá vencedora o vencida?
¿Feliz o desgraciada? Dicho de otra manera, ¿puede vivirse después de todo lo
sucedido en las ideas disparatadas que hemos visto desarrollarse en los últimos
tiempos? ¿Es realizable el espíritu de renovación? ¿Existe esa esperanza? Y, en
caso de duda razonable, ¿se vislumbra al menos un tenue fulgor de esta
esperanza al saber que una mala resolución del desafío del coronavirus llevará
tarde o temprano al colapso de nuestra sociedad? Eso es todo, es bastante
sencillo. Basta con leer un poco la historia.
Sobre el marco de estas premisas, quisiera proponer algunas ideas para
superar la situación creada por el coronavirus; no se trata de consejos, sino
solo de propuestas de un historiador que ha estado confinado durante una
epidemia. Las limitaré a siete.
Primera propuesta. Se superará la situación creada por
el coronavirus llevando a cabo un cambio morfológico de la sociedad. Estamos
ante una interesante encrucijada: las utopías sociales se alejan, el principio
de responsabilidad se aproxima. Para saber cómo hacer este cambio hay que
volverse con sentido crítico hacia la marcha fatal de la historia reciente: sus
falsos movimientos, sus mentiras, su codicia, su anhelo permanente de paraísos
perdidos en los recodos del pasado, su inclinación a ver la vida como una free party. Las consecuencias: una sociedad atrapada en un
mundo de cosas prescindibles. En serio, el consumo no es el camino para
alcanzar la respuesta. La mejor prueba son las civilizaciones sumidas en la
arena. Ozymandias, el rey de reyes ideado por Percy B. Shelley, tiene razón:
debemos reflexionar sobre las ruinas de las glorias de antaño.
Segunda propuesta. Se superará la situación creada por
el coronavirus con complicidades con la inteligencia sentiente, la raison sensible de la que acaba de hablarnos Edgar Morin.
Se deberá dar apoyo, por ejemplo, a los líderes preparados capaces de
establecer un orden de prioridades y de hacer arbitrajes justos. En cada fase
de la historia se asiste a una nueva trama para alcanzar el debido
reconocimiento. Sin embargo, es imposible alcanzarlo sin la revisión de los
disparates que en el siglo XX se han desarrollado
para sustentar a los líderes políticos. De los tres totalitarismos, dos, el
comunismo y el fascismo, surgieron como movimientos de masas dirigidos desde el
aparato de un partido con «jefes» indiscutibles; y el tercero, el nazismo, fue
el producto de una victoria electoral. Esta es una gran lección de la historia,
arrebatada y trágica.
Tercera propuesta. Se superará la situación creada por el
coronavirus teniendo una visión correcta del futuro basada en el sentido que le
confiere la historia. Se sabe, desde que Edward Gibbon se paseara por Roma en busca
de un amanecer, que el arma más poderosa de las fuerzas de progreso es el
espíritu crítico que libera a la sociedad de la mordaza que a menudo la suele
dejar muda ante la acumulación de noticias sin ningún valor. ¿Qué se puede
hacer si sobrevienen ciertos acontecimientos que producen lo contrario de lo
que anuncian? Retarlos para que se expliquen. Si el siglo XXI
debe prescindir de una sola de todas las propuestas, será imperfecto. Incluso
los idiotas tienen cabida, siempre y cuando se sepa que son idiotas.
Cuarta propuesta. Se superará la situación creada por
el coronavirus recuperando, desde la imaginación moral, dos principios claves:
sinceridad y autenticidad. Mucho trabajó Lionel Trilling para hacernos entender
la génesis literaria de estos dos principios y ardió en deseos que sus alumnos
(o sus lectores) comprendieran el esfuerzo desplegado por la sociedad para
evitarlos, a pesar de que ha sido uno de los temas preferidos por muchos
grandes autores, desde Shakespeare hasta Jane Austen y Dickens. De hecho, no se
ha escrito nada más bello sobre este asunto, que volverá a plantearse en el
siglo XXI con la intención de resolver de una vez
lo que Polonio le dice a su hijo Laertes en el acto I, escena III, de Hamlet: «Y, sobre todo, esto: sé sincero contigo mismo, y
de ello se seguirá, como la noche al día, que no puedes ser falso con nadie».
Quinta propuesta. Se superará la situación creada por
el coronavirus definiendo de nuevo el espacio de la comunicación. Desde que
Thomas Babington Macaulay, al referirse a la galería parlamentaria, acuñó la
expresión «el cuarto poder», los medios de comunicación han acompañado
constante y fielmente a la sociedad abierta. La libertad individual está basada
en este poder. ¿El anhelo de decir la verdad que nos atrae hacia lo mejor de
las personas, como se ve en las películas donde periodistas locuaces y
defensores de buenas causas se enfrentan a siniestras intrigas? ¿O la ironía de
una comunidad que representa lo que no es, pero aspira a serlo? Ambas cosas,
sin duda, como contrapeso a la estridente propaganda. La libertad de expresión
es difícil, salvo en docudramas progresistas del tipo Buenas
noches, y buena suerte, de George Clooney. Y, como telón de fondo, el
consabido lamento en forma de apotegma: ¡cuánto mal engendra el silencio de los
hombres buenos!
Sexta propuesta. Se saldrá de la situación creada
por el coronavirus mediante una redefinición del valor de la cultura en la era
global de la que habla Martin Albrow. No todo lo que se vende en el mercado de
consumo masivo es cultura. El banco de pruebas para una gobernanza que aspire a
darle una respuesta al desafío creado por el coronavirus de modo responsable y
no superficialmente es situar la excitación vivida desde mediados de la década
de 1960 hasta hoy en su exacto lugar de la historia. Hablar sin decir nada se
ha convertido en tendencia al crear la ficción de los llamados «valores
culturales»: da igual una canica que una pintura de Leonardo. Así no se va a
ningún sitio en el siglo XXI.
Séptima propuesta. Se superará la situación creada por
el coronavirus entendiendo el poder de la naturaleza. Aquí es obligada la cita
de Novalis: «La naturaleza sigue siendo el aterrador molino de la muerte». Y
aquí está el debate sobre los límites del conocimiento que ha tenido un largo
desarrollo en el campo de la epistemología y la bioética. Es la ocasión de
recordar las palabras de Hegel que valen especialmente en estos tiempos para
entender qué hay detrás de la Covid-19: «Lo que es conocido en general,
precisamente porque nos resulta conocido, no es conocido. Es la manera más
corriente de engañarse y de engañar a los demás presuponer que algo es conocido
y conformarse con ello».
Recordemos el relato al que se ha sometido este libro para exponer una
historia de larga duración que afecta directamente al comportamiento de los
seres humanos. El desafío de una epidemia ha provocado siempre una respuesta a
su altura en los anteriores cinco grandes momentos aquí analizados. ¿Sucederá
ahora lo mismo? Revelaciones de una situación extrema. ¿Vencer o sucumbir? La historia
responde: vencer.”
Hasta aquí unos breves párrafos
de las propuestas del autor; por supuesto son mucho más amplias, pero no quiero
alargar demasiado esta entrada. Aunque, es mi modesta opinión, aquí hay
material suficiente para una larga conversación y debate en nuestros grupos de
amigos. Ojala tengamos la oportunidad y el deseo de llevarlo a feliz término.
Termina su libro el autor con
estas breves consideraciones, que él llama dos opciones ante el coronavirus.
“¿Qué expresa en verdad el coronavirus? Dos opciones.
Primera opción: representa el desafío de la naturaleza en
su aspecto más extremo, el más amenazador, el más peligroso. Se inscribe en una
larga lista de grandes epidemias, de las que aquí he destacado las cinco que
cambiaron el curso de la historia. La sexta sería precisamente el coronavirus,
porque estoy convencido de que lo va a hacer también.
Segunda opción: representa un golpe a una clase política
preparada para la gestión diaria y el debate parlamentario, que ignora la
historia y los desafíos que vienen de la naturaleza. Mucho hablar de cambio
climático y de guerras y el peligro de verdad estaba en la mutación de un virus
surgido en una ciudad de China.
Curioso dilema: ¿simboliza el coronavirus el desafío que se estaba
esperando para poner fin a los mitos del siglo XX,
o, por el contrario, es una prueba menor que la sociedad sabrá orillar para
seguir medrando en unos valores plenamente obsoletos?
¿Qué representa, pues, la actual encrucijada que comienza en el
verano-otoño del 2020 en la historia? Piensa y avanza. Hagamos un esfuerzo por
vencer la incertidumbre y los fantasmas que la sostienen por ignorancia,
negligencia o maldad.
¿Y qué representa para los ciudadanos, que, con firmeza ante el
jactancioso horror que buscaba intimidarlos, se confinaron para dar tiempo a
que las autoridades encontraran un remedio al problema? Debemos aprender a
escuchar sus palabras. Porque en ellas encontraremos las razones para cambiar
el destino del alma del mundo, para hacer que avance la flecha del tiempo, para
alzar el telón de la tragedia y volver a vivir en libertad y con dignidad. Que,
en definitiva, es lo que importa.”
Como presentación del libro,
existe este comentario:
“El coronavirus ha despertado el presagio de que el mundo podría ser
distinto, y hoy nos preguntamos con insistencia cómo será esa nueva realidad.
José Enrique Ruiz-Domènec, un historiador clave, nos invita a mirar al pasado
para encontrar las respuestas. A la plaga que asoló el Imperio bizantino en
tiempos de Justiniano y Teodora siguieron el primer esplendor del islam y el
nacimiento de Europa. De la terrible peste negra del siglo XIV surgió el Renacimiento. Los contagios provocados por
la llegada de los españoles a América en 1492, y la viruela que acabó con el
Imperio azteca, propiciaron la creación de las bases de la construcción de una
identidad latinoamericana reconocible todavía hoy. Más adelante, en pleno siglo
XVII, las pestilencias llevaron a Europa al borde
del colapso, pero el espíritu revolucionario impulsó un mundo nuevo, ilustrado.
Y finalmente la mal llamada «gripe española», que desafió al confiado siglo XX, exigió una acción guiada por el conocimiento científico,
artístico y literario. Estos episodios generaron un nivel de angustia que hoy
nos es familiar, pero, aunque hubo aciertos y desatinos, las sociedades
supieron tomar decisiones a la altura. ¿Seremos capaces de afrontar de forma
positiva las dificultades, tomando estos modelos históricos, y de vencer, una
vez más, a una gran epidemia?”
¿Esto es todo? Sí, pero no.
Terminado el libro, al día
siguiente leyendo la prensa diaria, me encuentro con un artículo de uno de los
autores que procuro no perderme, puesto que sus artículos me parecen siempre
muy, pero que muy interesantes; mucho por su forma, pero más por su fondo.
Lo que plantea en el presente
escrito, no necesita aclaración ninguna por mi parte; primero por mi total
ignorancia sobre el tema que toca, pero sobre todo porque está tan claro que
cualquier comentario mío sería absurdo. Pero si lo añado a lo que constituye la
parte primera de la entrada-la cuestión histórica de las enfermedades que en
ella se estudian- es porque creo te tienen relación ambos escritos. Porque si
importantes son las enfermedades con las que tenemos que lidiar antes, ahora y
siempre, no menos a tener en cuenta es lo que nos comenta Torres en su
artículo. Aquí os lo dejo. Juzgar vosotros.
La deuda, una bomba a desactivar por las buenas o por las malas
Los últimos datos publicados sobre la evolución
de la deuda en todo el mundo vuelven a mostrarnos que estamos sentados sobre
una bomba que va a estallar sin remedio, si no se adoptan medidas adecuadas
para desactivarla.
Para entender por qué ha ocurrido
eso solo hay que saber algo muy simple:
El negocio de la banca, la institución más poderosa del planeta
que utiliza ese poder para imponer políticas, leyes y modelos económicos que
obligan a recurrir constantemente al crédito y a pagar innecesariamente
intereses por el dinero que prestan.
La avaricia de la banca que tiene el privilegio de prestar dinero
que crea de la nada, el no saber detenerse y la tiranía del interés compuesto
que multiplica la deuda sin cesar nos está llevando a una situación tan injusta
como insostenible.
Si no se frena la escalada de la deuda será inevitable que
volvamos a sufrir crisis financieras cada vez más peligrosas, por recurrentes y
destructivas. Guste o no guste a la banca, será inevitable ponerle fin a su
crecimiento continuado, y eso se puede hacer por las buenas o por las malas.
Por las buenas, mediante acuerdos políticos, asumiendo que la
banca ya ha ganado lo suficiente y destruido demasiado, aceptando la suspensión
del servicio de la deuda en los países más empobrecidos y quitas y
reestructuraciones negociadas en todo el planeta. Por las malas solo hay dos
formas de reducir la deuda insostenible, la inflación galopante y la guerra a
gran escala.
Estamos a tiempo de elegir un camino u otro. Los gobiernos y las
organizaciones internacionales tienen la palabra y los pueblos la capacidad de
presionar y de hacer oír su voz para exigir soluciones eficientes, justas y
pacíficas.
Juan Torres López
Agradeciendo vuestra atención y
paciencia, os envío un fraternal abrazo.