ESCUCHAR
Siempre que comenzamos un nuevo taller en el
colegio, dedico la primera sesión a explicar en qué va a consistir el temario
que vamos a ver, así como la dinámica que vamos a seguir. Procuro explayarme en
detallar todos los aspectos que puedan aclarar las diversas dudas que puedan
tener los asistentes, animándoles a que pregunten sobre cualquier motivo
particular. Cierro este primer encuentro escribiendo en la pizarra una frase en
letras mayúsculas, al objeto de destacar la importancia de la misma; dice así:
CUANDO YO HABLO, TU ESCUCHAS; CUANDO TU HABLAS, YO CALLO.
Estoy seguro que tanto los que lo leen en la
pizarra como los que puedan hacerlo en estas líneas, tiene opiniones muy
subjetivas, como no puede ser de otra forma, e interpretaciones muy diversas.
Para todos, deseo expresar algunas de las razones de porque lo hago.
Desde mi experiencia, que ya empieza a ser
larga-van a ser 15 años desde que comencé-puedo decir que el arte de escuchar
es vital para conseguir resultados en los talleres en que participo. No
transcurren muchas jornadas para que te des cuenta de quienes van a obtener
resultados, y los que no. No es preciso ser un lince para darte cuenta de ello.
Los que prestan atención y escuchan obtendrán resultados, los que no lo hagan
habrán perdido el tiempo. Pero no serán solo ellos los que lo pierdan, sino a
los que han obligado a perderlo por su comportamiento. Y aquí es donde pongo
todo el empeño en que sigan sin excusa lo que he escrito en la pizarra. Les
argumento, que no solo es una perdida para ellos, sino que al estar hablando se
distraen ellos y los compañeros con los que comparten-queriendo o sin querer-su
charla. Hablar cuando se está explicando algún tema, entiendo que es una falta
de respeto, tanto para el que está exponiéndolo, como para el resto de los
asistentes. Este es el motivo por el que, en casi todos los talleres haya
alguien, que ante la interrupción llame la atención al que rompe la norma.
Al objeto de dar consistencia a mis
argumentos, una vez más, y con sumo placer, recurro a alguno de los autores que
he leído y opinan sobre este tema, para mí, tan importante.
Cito en primer lugar las palabras de Shlomo Breznitz psicólogo y creador de
programas de ejercicios mentales, especialmente para personas mayores. Este profesor fue
entrevistado por E. Punset, que le plantea la siguiente cuestión: hay científicos
que se quejan que con determinados ejercicios, solo se trata una parte del
cerebro. Breznitz responde:
”Precisamente
esto es lo que trato de evitar en mis programas. Estos tienen que actuar en el
mayor número de facetas del cerebro, en las habilidades cognitivas en general.
No puedes coger, por ejemplo, solo la memoria; porque la memoria sola sin la
atención no sirve; si no prestas atención a una cosa no puedes grabarla en la
memoria. Así como con la percepción: porque si estás distraído no se queda en
la memoria. Por tanto, tienes que ocuparte de todos estos elementos al mismo
tiempo”. ”Déjame
ponerte un ejemplo. Cuando nos hacemos mayores, vemos que hay cosas que nos
cuestan más, que tenemos más dificultad en hacerlas, y entonces es hora de
empezar a entrenar el cerebro. Empiezas una tarea a la que te enfrentas por
primera vez, y ves que es difícil y
necesitas hacer un esfuerzo; pero la segunda vez te resulta más fácil, y
cuanto más lo repites mejor lo haces, y esto para el ánimo de la persona es
fantástico. Tú sabes que hay muchas personas que empiezan a utilizar un
ordenador, y se enfrentan por primera vez a un ratón. Un aparato que no es
intuitivo, y que creían que sería algo que nunca dominarían. Cuando al cabo de
40 minutos ven que pueden llegar a utilizarlo, es como superar un obstáculo que
mentalmente les parecía insuperable. Se dan cuenta que ese aparato, el
ordenador, que creían que solo era para sus hijos o sus nietos, está a su
alcance. En sí misma es una transformación de su estado de ánimo que no solo
afecta a los resultados que obtienen en el programa, sino también a la
percepción que tienen de sí mismo. Por supuesto los mejores programas son
aquellos que se adaptan a cada individuo, y que no deben ser muy fáciles,
puesto que se aburrirían enseguida, ni tan difíciles que los encuentren
insuperables”.
Desde mi punto
de vista es difícil explicar la situación a la que me estoy refiriendo, de una
manera más clara y concisa. Sin la atención y la escucha es muy difícil, por no
decir imposible, aprender.
Pero no solo en
la vida académica, el tema de la escucha tiene mucha importancia. Casi me
atrevería a decir que es en otras facetas de nuestra convivencia, donde puede
convertirse en decisiva. Para ello veamos qué es lo que nos dice la psicóloga
clínica y autora Laura Garcia Agustin en su libro “¿Hacemos las paces?”, donde
hace un recorrido por todos los ámbitos
de nuestra vida cotidiana: la familia, la pareja, el trabajo, la escuela y los amigos. En
la página 336 de su libro podemos leer:
“Muchas personas se jactan de ser
grandes escuchadores. No obstante, la mayor parte de la humanidad se queja de
que no se siente escuchada. ¿Qué ocurre entonces? ¿Sabemos o no sabemos escuchar? Mi experiencia me
demuestra, efectivamente, que la mayor parte de las personas no saben escuchar
bien. Porque una cosa es oír y otra muy distinta escuchar. Cuando nos limitamos
a oír lo que alguien nos dice, nos perdemos gran parte de los matices de su
discurso y corremos el riesgo de no saber qué es lo que nos quiere transmitir.
Incluso, en muchas ocasiones, no entendemos ni una palabra.
Nuestra
reacción será entonces incorrecta, pues habrá un gran desequilibrio entre lo
que el otro nos dice y lo que oímos. Otras veces, si estamos escuchando pero no
lo demostramos, la información que le llega al otro es de falta de atención y
de interés. De hecho, muchas veces nos increpan: “Pero oye, ¿me estás
escuchando?”. De ahí que sea tan importante mostrar de forma activa que lo
estamos haciendo.
Para empezar
a escuchar bien, lo primero que tenemos que tener claro es que la escucha va a
proporcionarnos una suerte de beneficios extraordinarios a la hora de conocer a
otras personas, pues nos permitirá contar con una información privilegiada de
ellas. Además, a través de la escucha podemos prevenir y amortiguar muchos
conflictos. Para conseguirlo, tenemos que entender correctamente y con las
menores distorsiones posibles la información que recibimos.
Cuando
entendemos bien lo que el otro quiere decirnos, nos sentimos más capaces de
motivarlo para que nos comunique lo que desea, para que se sienta confiado y a
gusto contando algo que le preocupa, sin la presión de tener que ir deprisa por
miedo a que en cualquier momento lo interrumpamos. Si sabemos escuchar bien,
podemos identificar con facilidad si el otro desea que nos mantengamos callados
o que, por el contrario, empecemos a hablar.
Además, nos
permite identificar y reconocer el estado emocional de la otra persona
escudriñando al otro en busca de elementos que nos informen sobre lo que
tenemos o no que hacer, facilitando el desahogo
de información. Este tipo de escuchas se basa en el dinamismo, pues no
consiste solo en oír, sino en demostrar que efectivamente estamos recibiendo la
información. Para conseguirlo, utilizaremos distintos y variados componentes
que efectivamente van a mostrar que estamos escuchando.
Cuando
alguien comience a contar algo, céntrate en la escucha y olvídate de todo lo
demás. Si no es posible, es mejor que lo aplaces para otro momento, pero
comunícaselo al emisor: “Oye, ahora no puedo atenderte como me gustaría, pero
me interesa mucho escucharte. Si te parece, luego cuando tenga un rato, te
busco y me lo cuentas.”
Si
decides escuchar en ese momento, muéstrate como si estuvieseis los dos solos.
Muchas personas estás más pendientes de las conversaciones de terceros que de
lo que le cuenta su interlocutor, ofreciendo una imagen de desinterés”.
A través de
este texto parcial, como del resto del capítulo y del libro, la autora nos va
dando las pautas de conducta que podemos seguir para lograr una convivencia
armónica con todo nuestro entorno. Como digo un poco más arriba es el logro de
esta armonía lo que puede condicionar el bienestar en nuestra vida.
Quiero
referirme a otra faceta de nuestra vida: la posibilidad de querer, o tener, que
liderar algo de nuestro entorno familiar, de trabajo, vecinal, político…. Como
nos dice Robin Sharma en su libro “El líder que no tenía cargo” tenemos que
conseguir una serie de propiedades en nuestra personalidad para poder conseguirlo. Y una de ellas, como vemos en el
siguiente texto, es el arte de escuchar. (Pido disculpas si es un poco largo,
pero creo que merece la pena). Dice así:
“Aquellas palabras
me impresionaron. Respiré hondo. Reflexione sobre mi vida. Y me di cuenta de
que, a menos de que empezara de inmediato a realizar cambios profundos, el
futuro me traería lo mismo que había experimentado en el pasado. No quería
llegar al fin de mis días y darme cuenta de que había vivido el mismo año 85
veces.
Y eso
me lleva a la E de SERVE. La E de escuchar. Para crear unas relaciones de
primera clase no solo deberás ser increíblemente servicial, sino que tendrás
que ser un maestro en comprender a los demás. Y eso se consigue con una de las
habilidades del liderazgo más importantes: saber escuchar. Habla menos y
escucha más. Tal vez seas de los que consideran que saber escuchar no es una
cualidad demasiado especial; si es así, te equivocas, amigo. Si fuera algo tan
sencillo, ¿Cómo es que cada vez existen menos personas que de verdad saben
escuchar de corazón? ¿Con cuantas persona, cuando hablas con ellas, sientes que
el mundo se ha detenido a su alrededor porque escuchan realmente fascinadas lo
que les estás diciendo? ¿Cuántas personas conoces que escuchen con tal
intensidad de concentración que es casi
como si pudieran oír el silencio entre cada una de tus palabras?-
Nadie.
No se me ocurre a ninguna- conteste de inmediato.
Porque
no hay muchas. Lo cual te ofrece una oportunidad inmejorable de alzarte sobre
la multitud y crearte una reputación como excelente Líder Sin Cargo. En esa
zona hay muy poca gente, Blake. Y eso es porque muy pocos están dispuestos a
hacer lo necesario para estar allí. Para la mayoría, escuchar es esperar a que
la otra persona termine de hablar para entonces poder soltar la réplica que
están pensando. Nuestro ego grita de tal manera que no tenemos oídos para lo
que la otra persona nos está diciendo. Casi nadie sabe escuchar.
¿Por
qué? Pregunte, fascinado con la idea de que el liderazgo implica saber
escuchar.
Pues
por varias razones. En primer lugar, mucha gente sufre trastornos por déficit
de atención. Nos bombardean todos los días con tantos mensajes, anuncios y
datos, con tanta información, que la cabeza nos da vueltas. Nunca el ser humano
había estado sometido a tanta distracción inútil. Todo eso nos nubla la mente y
consume nuestra energía. Por eso la atención es un bien tan escaso. Procesamos
tanta información, que no nos sobra atención para prestársela a la gente con la
que estamos hablando. Y eso es un desastre, porque nuestro interlocutor se da
cuenta. Uno de los más profundos anhelos del ser humano es el deseo de ser
comprendido. Todos tenemos una voz interior y todos queremos expresarla. Y
cuando vemos que alguien se toma el tiempo de oírla, y acogerla, nos abrimos a
esa persona. Nuestra confianza, respeto y aprecio por esa persona crece.
Y lo
mismo sucede con nuestra relación con ella-apunte.
Exacto.
Escuchar es uno de los actos más valientes y menos comunes de los aspectos
centrales del verdadero liderazgo. Gran parte de tu trabajo en la librería
consiste en animar a la gente en un mundo que nos aplasta. Y una manera
excepcional de hacerlo es crear un espacio a tu alrededor donde tus compañeros
y tus clientes sepan que los van a escuchar. Si escuchar realmente a una
persona, la estas honrando.
Jackson
guardo silencio. Arrancó una margarita y, con el talo entre sus dedos, la hizo
girar rápidamente, pensativo.
Otra
razón por la que no sabemos escuchar es el ego, como he mencionado antes.
¿Sí?.
Sin
duda. El hecho es que casi todos somos seres muy inseguros. Pero cuando vamos
al trabajo queremos que los demás piensen que
somos fuertes, inteligentes y capaces. Puro ego. Nos quedamos estancados en ese antiguo modelo
de liderazgo según el cual el mejor líder es el que habla más y más alto y el
que menos escucha. Cometemos el error de pensar que la persona que más habla es
la que tiene todas las respuestas. Es una equivocación. El liderazgo consiste
en escuchar, y en que los demás sientan que los escuchas. Para eso hace falta
ser una gran persona. Algunos piensan de verdad que saber escuchar es una
habilidad de lo más sencilla. Pero en realidad es algo muy difícil. Hace falta
ser valiente para bloquear el ruido del propio ego y subir el volumen de lo que
escuchas. Hace falta ser una persona fuerte y segura para permanecer en
silencio y poder oír y considerar las ideas de los demás.
Jackson
se sentó junto a Tomy.
Ven,
Blake. Que nos dé un poquito el sol.
El
sol había comenzado su descenso en el cielo de Manhattan. No se veía ninguna
nube. Las modernas torres resplandecían; el ruido de las congestionadas calles
llegaba hasta nosotros. De pronto, mientras me sentaba junto a aquellos dos grandes
hombres, pensé que era un gran día para estar vivo.
Te
diré una cosa sobre esto de saber escuchar y comprender a los demás-continuo
Jakson-; cuando lo haces, estás dando un regalo que la mayoría de la gente
jamás recibe. Casi todo el mundo, estoy convencido de ello, atraviesa la vida
sin que nadie le haya escuchado nunca de verdad. ¿Por qué? Porque todos estamos
increíblemente ocupados e increíblemente ensimismados en nosotros mismos. Meras
excusas, por supuesto. Pero cuando escuchas (que es algo muy diferente de oír),
la otra persona empieza a sentirse comprendida. Esa persona se siente segura.
Su confianza crece. ¿Y sabes que pasa entonces?
-Ni
idea- respondí, inclinándome con interés hacia él.
Pues
que, como se siente segura, empieza a
quitarse la armadura protectora que
se pone todas las mañanas antes de salir de su casa. Baja la guardia que
mantenía contra la decepción y el desanimo que esperaba encontrar en los demás.
Empieza a ver que de verdad te importa, que quieres que salga victoriosa. Se da
cuenta de que quieres lo mejor para ella. Y entonces empieza a darte lo mejor
de sí misma.
Un
proceso fascinante”.
Pienso que no es necesario querer llegar a
ser un líder, para poder sacar una serie de conclusiones estupendas para
relacionarnos mejor con nuestro entorno social.
En mi andar
diario por la biblioteca en mi casa, tropecé con un libro que ha dejado una
huella en mi ánimo. Lo leo y lo manejo con frecuencia, no solo por mí, sino
también porque la experiencia con mis tertulianos me ha dispensado jornadas muy
interesantes, tanto por los textos que leemos y discutimos, como por los
ejercicios que el autor nos plantea y que provocan unas conversaciones fuera de
lo normal (para bien, por supuesto).
En este libro,
“Comunicación no violenta”,(CNV), su autor M. Rosenberg, plantea una extensa
cantidad de normas o conductas dirigidas a tener, como el título indica, una
comunicación reposada, responsable, respetuosa, reflexiva….. que haga que
nuestro contacto con los demás seres humanos sea lo más provechosa posible. Yo
debo de decir, que me convenció, y como digo más arriba, también a muchas
personas que comparten sus opiniones conmigo.
El método que
sigue en el libro consiste en que a través de esas normas, junto con sucesos
traídos de su propia experiencia, como los recibidos de personas que asisten a
sus cursos y encuentros, podamos adquirir un comportamiento que sea guía de los
que contacten con nosotros, a la vez que sirva para perseguir nuestra propia
felicidad.
El verbo
escuchar lo usa el autor en muchas ocasiones a través del libro. Citaré alguna
de ellas.
Testimonio de
una participante en un taller en San Diego:
“Cuando
aprendí todo lo que puedo recibir (escuchar) y todo lo que puedo dar (expresar)
a través de la CNV, dejé de sentirme atacada, abandoné el papel de víctima y me
dispuse a escuchar atentamente las palabras de la otra persona y a tratar de
descubrir los sentimientos subyacentes. Descubrí entonces a un hombre herido
con el que hacía veintiocho años que estaba casada. El fin de semana anterior
al día en que inicié el taller (sobre la CNV), mi marido me había comunicado que
quería divorciarse”.
Cuando se trata de conflictos entre naciones.
Resumen de las consecuencias de su uso por las partes en conflicto:
“La CNV nos ayuda a conectarnos
con los otros y con nosotros mismos, permitiendo que aflore nuestra compasión
natural. Nos orienta de tal manera que nos permite reestructurar nuestra forma
de expresarnos y de escuchar a los demás, haciéndonos conscientes de lo que
observamos, sentimos y necesitamos, y de lo que les pedimos a los demás para
hacer más rica nuestra vida y la suya. La CNV promueve el desarrollo de la
escucha atenta, el respeto y la empatía, y propicia el deseo mutuo de dar desde
el corazón”.
Cuando queremos actuar con esa cualidad tan
maravillosa como es la empatía, debemos hacerlo con la escucha atenta, como nos
dice Chuang-Tzu:
“La
empatía consiste en una comprensión respetuosa de lo que los demás están
experimentando. El filósofo chino Chuang-Tzu afirmó que la verdadera empatía
requiere escuchar con todo el ser: «Escuchar simplemente con los oídos es una
cosa. Escuchar con el entendimiento es otra distinta. Pero escuchar con el alma
no se limita a una sola facultad, al oído o al entendimiento. Exige vaciar
todas las facultades. Y cuando las facultades están vacías, es todo el ser el
que escucha. Entonces se capta de manera directa aquello que se tiene delante,
lo cual jamás podría oírse a través del oído ni comprenderse con la mente.»
Abundando en la importancia que para la empatía
tiene la escuchar, veamos esta reflexión:
“Carl
Rogers describió el efecto de la empatía en las personas que la reciben:
«Cuando [...] alguien te escucha realmente sin juzgarte, sin tratar de
responsabilizarse de ti ni querer cambiarte, sientes algo maravilloso. [...]
Cuando me prestan atención, me escuchan, soy capaz de percibir mi mundo de una
manera nueva y seguir adelante. Resulta sorprendente ver que algo que parecía
no tener solución la tiene cuando hay alguien que te escucha. Y todas las cosas
que parecían irremediables se convierten en un río que discurre prácticamente
sin trabas por el solo hecho de que alguien ha escuchado tus palabras.»
No quiero terminar las citas de Rosenberg sin traer
hasta aquí un poema muy hermoso y que refleja bien la magia de la escucha; dice
así:
Las palabras son ventanas
(o son paredes)
Siento que tus
palabras me sentencian,
que me juzgan
y que me apartan de ti,
pero antes de
irme, tengo que saber
si eso es lo
que quieres decirme.
Antes de
erigirme en mi defensa,
antes de
hablar herida o asustada,
antes de
levantar esa pared de palabras,
quiero saber
si verdaderamente he oído.
Las palabras
son ventanas o paredes;
nos condenan o
nos liberan.
Ojalá que al
hablar o al escuchar
resplandezca
la luz del amor a través mío.
Hay cosas que
necesito decir,
cosas muy
significativas para mí.
Si no me
expreso claramente con mis palabras,
¿me ayudarás a
ser libre?
Si te pareció
que quise rebajarte,
si creíste que
no me importabas,
trata de
escuchar a través de mis palabras
los sentimientos
que compartimos.
RUTH
BEBERMEYER
Querer hablar de emociones,
sentimientos, relaciones sociales, estudios relacionados con estos y otros
temas similares, y no acudir a Goleman, me parece muy difícil, dado que este
autor se ha convertido en un faro que nos indica el camino hacia la exploración
de nuestro yo y nuestro entorno, sobre todo a raíz de la publicación de su famosísimo
“Inteligencia emocional”. En esta ocasión acudo a otro de sus títulos “Inteligencia
social”, donde encuentro un apartado en el que se centra en el tema de mi
actual escrito. En estos párrafos de puede leer la relación entre los diversos
aspectos a los que me he querido referir: sintonía, empatía, atención, respeto,
etc. etc., que quedan englobados en la escucha.
Goleman dice:
“La sintonía es un tipo de atención que va
más allá de la empatía espontánea y tiene que ver con una presencia total y
sostenida que favorece el rapport. Las personas diestras en esta habilidad
saben dejar a un lado sus preocupaciones y escuchar de manera atenta y
completa.
La capacidad de escuchar parece un talento
natural. Pero, como sucede con el resto de los ingredientes que componen la
inteligencia social, todo el mundo puede ejercitar y mejorar su capacidad de
sintonizar con los demás prestando simplemente más atención.
El modo de hablar de una persona nos
proporciona pistas muy claras de su capacidad de escucha. Así, por ejemplo, lo
que decimos en situaciones de auténtica conexión tiene en cuenta lo que el otro
siente, dice y hace mientras que, en el caso contrario, los mensajes verbales
son como balas que ignoran al otro y se basan exclusivamente en
el estado emocional del emisor. En este sentido, la capacidad de escuchar es
una variable muy importante, porque hablar a una persona sin escucharla acaba
convirtiendo cualquier conversación en un mero monólogo.
Cuando secuestro una conversación, satisfago
mis necesidades sin tener en cuenta las de mi interlocutor, mientras que la
escucha verdadera, por el contrario, me obliga a sintonizar con sus
sentimientos, permitiéndole decir lo que tenga que decir y que la conversación
siga el rumbo que ambos queramos. Y, cuando este tipo de escucha tiene lugar en
ambos sentidos, se establece un auténtico diálogo en el que cada persona adapta
sus comentarios a lo que el otro siente y dice.
Resulta sorprendente que los mejores
vendedores y personas que se dedican al servicio al cliente manifiesten un tipo
de presencia que no parece atenerse a ningún programa preestablecido. Las
investigaciones realizadas con trabajadores “estrella” de esos campos han
puesto de relieve que, cuando se aproximan a un consumidor o a un cliente, no
lo hacen con la intención de formalizar una venta sino que, muy al contrario,
se consideran como una especie de asesores que cumplen con la función esencial
de escuchar sus necesidades para poder entenderlas y satisfacerlas más
adecuadamente, creen que su cliente se merece lo mejor y no dudan en ponerse de
su lado en sus justificadas quejas sobre su propia empresa. Son personas que
prefieren cultivar una relación y no parecen dispuestas a arruinar, por una venta, la confianza que en ellos han
depositado sus clientes.
La investigación realizada en este sentido
ha puesto de manifiesto que saber escuchar constituye un rasgo distintivo de
los mejores directivos, maestros y líderes. Y también es una de las tres
habilidades que, según sus organizaciones, distinguen a los mejores
profesionales de ayuda (como médicos o trabajadores sociales), que no sólo se
toman el tiempo de escuchar y conectar con los sentimientos de los demás, sino
que también formulan preguntas ajenas al problema inmediato que puedan
ayudarles a entender mejor la situación.
La atención plena se halla hoy en día en
peligro debido, entre otras muchas causas, a nuestra tendencia a ocuparnos de
varias cosas a la vez. Por otra parte, el ensimismamiento y la preocupación
contraen nuestra atención y nos impiden advertir las necesidades y sentimientos
de los demás, dificultando en consecuencia nuestra respuesta empática. Y todo
ello disminuye nuestra capacidad de conectar con los demás e impide, por tanto,
la aparición del rapport.
Pero lo cierto es que la presencia plena no
es tan complicada. Como dice cierto artículo del Harvard Business Review. «Una
simple conversación de cinco minutos puede ser un momento muy significativo
pero, para ello, deberemos dejar a un lado lo que estemos haciendo, postergar
la lectura del informe que estemos leyendo, desconectar nuestro ordenador
personal, dejar de divagar y centrar la atención en la persona con la que estemos».
La escucha atenta promueve una sincronía
fisiológica que armoniza nuestras emociones. Como ya hemos visto en el Capítulo
3, tal sintonía se pone de manifiesto en aquellos momentos en los que el
cliente se siente más comprendido por su terapeuta. Prestar una atención
deliberada puede ser el mejor modo de promover el rapport. La escucha atenta y
cuidadosa orienta nuestros circuitos neuronales hacia la conexión y nos
sintoniza en la misma longitud de onda que nuestro interlocutor, aumentando así
la probabilidad de que florezcan los demás ingredientes fundamentales del
rapport, es decir, la sincronía y los sentimientos positivos”.
Imposible por
mi parte hacer comentario alguno a las
opiniones de este gran autor.
Termino citando a otro gran
personaje: “El filósofo indio J. Krishnamurti
dijo una vez que observar sin evaluar constituye la forma suprema de la
inteligencia humana”.
Quiero despedirme pidiendo disculpas si me he excedido en la longitud de mi
escrito. Pero quiero decir en mi descargo, si es que vale, que lo hago con la
mejor intención de conectar con mis queridos compañeros, y amigos, de nuestra
Comunidad.
Francisco.