1
Las yeguas que me llevan me condujeron hasta la
meta … que solo lleva a través de todo al
hombre iniciado en el saber. Hasta allí fui llevado, pues hasta allí me
llevaron las muy inteligentes yeguas que tiran de mi carro, mientras que unas
doncellas me enseñaban el camino… se
apresuraban por conducirme hasta la
luz las doncellas del Sol, dejando atrás las moradas de la Noche, quitándose con las manos de las cabezas los velos. Allí están las puertas de los caminos de la Noche y del Día,
sujetas entre un dintel y un umbral de piedra, altas hasta el éter, cerradas
con ingentes hojas, de las que la
Justicia fecunda en penas guarda las llaves maestras …
… Y la diosa me acogió
benévolamente. Tomó mi mano derecha en la suya y me habló dirigiéndome estas
palabras: Oh, joven, que en compañía de inmortales
aurigas y traído por esas yeguas arribas a nuestra morada, salud, pues que no es un destino aciago quien te impulsó
a recorrer este camino, que está, en efecto, fuera del trillado por los
hombres, sino la ley y la justicia. Mas necesidad es que te informes de
todo, tanto del intrépido corazón de la
Verdad bien redonda, cuanto de las
opiniones de los mortales, en las que no hay una creencia verdadera. Pero
… aprenderás también esto, cómo necesitaban haber puesto a prueba qué es lo
aparente, recorriéndolo enteramente todo.
Pero ven, y te diré, y tú
retén las palabras oídas, qué únicos
caminos de búsqueda son pensables. El uno, que es y que no es posible que no
sea, es la vía de la Persuasión, pues sigue a la Verdad. El otro, que no es y
que necesario es que no sea, éste, te digo, es un sendero ignorante de todo.
Porque ni puedes conocer lo que no es, pues no es factible, ni expresarlo.
5
τὸ γὰρ αὐτὸ
νοεῖν ἐστίν τε καὶ εἶναι
Pues es lo mismo pensar y ser.
Necesario es que aquello que es posible decir y pensar, sea. Porque puede ser, mientras que lo
que no es, no puede ser. Esto te pido consideres. De este primer camino
de búsqueda te aparto, pero también de aquel por el que mortales que nada
saben yerran bicéfalos (en) el errante pensamiento… - raleas sin juicio- para
quienes es cosa admitida que sea y no sea, y lo mismo y no lo mismo…
Pues jamás domarás a ser a lo que no es. Pero tú, de este camino de busca
aparta el pensamiento que pienses.
Una sola posibilidad aún de hablar de un camino queda: que es. En este hay muchísimos signos de que lo que es no se ha generado y es imperecedero, pues es de intactos
miembros, intrépido y sin fin. Ni
nunca fue, ni será, puesto que es, ahora, junto todo, uno, continuo. Porque
¿qué origen le buscarás? ¿cómo, de dónde habría tomado auge? De lo que no es,
no te dejaré decirlo ni pensarlo, pues no es posible decir ni pensar que no
es. Y ¿qué necesidad le habría hecho nacer después más bien que antes,
tomando principio de lo que nada es? Así,
necesario es que sea totalmente, o que no sea.
Ni nunca la fuerza de la creencia permitirá que de
lo que no es se genere algo a su lado. Por lo cual ni generarse ni
perecer le consiente la Justicia,
soltando sus cadenas, sino que lo tiene sujeto. Mas el juicio acerca de estos
caminos se funda en esta pregunta: ¿es o no es? Pues bien, cosa juzgada
es, según es necesidad, dejar el uno como imposible de pensar y nombrar, por
no ser un camino verdadero, mientras que el otro es y es veraz. ¿Cómo podría ser más adelante lo que es?
¿Cómo podría haberse generado? Porque si se generó, no es, ni si está a
punto de llegar a ser un día. Así, la generación se ha extinguido y es
ignorado el perecer.
Tampoco
es divisible, puesto que es todo igual, ni hay más en ninguna
parte, lo que le impediría ser continuo, ni menos, sino que todo está lleno
de lo que es. Por esto es todo continuo:
porque lo que es toca a lo que es.
Y, además, está inmóvil entre los cabos de grandes
cadenas, sin principio ni cese,
puesto que la generación y el perecer han sido arrojados muy lejos, ya que
los rechazó la fe verdadera. Es lo
mismo, permanece en lo mismo, yace en sí mismo, y, así, permanece,
trabados los pies, en el mismo sitio, pues una poderosa necesidad le tiene sujeto en las cadenas del límite que
lo detiene por ambos lados. Por lo cual no
es lícito que lo que es sea infinito, pues no es carente de nada,
mientras que siéndolo carecería de todo.
Lo mismo es aquello que se puede pensar y aquello por lo que existe
el pensamiento que se piensa, pues
sin aquello que es, y en punto a lo cual es expresado, no encontrarás el
pensar. Porque nada distinto ni es, ni será, al lado de lo que es; al menos
el Destino lo ató para que fuese entero e inmóvil. Por esto son nombres todo cuanto los mortales han establecido,
persuadidos de que son verdaderos: generarse y perecer, ser y no ser, cambiar
de lugar, mudar de color brillante.
Y,
además, puesto que tiene un límite extremo, está terminado por todas partes, semejante a la masa de una esfera bien
redonda, desde el medio igualmente fuerte por todas partes, pues
necesario es que no sea ni más fuerte, ni más débil en una parte que en otra.
Porque no hay nada que pudiera hacerle dejar de extenderse por igual…
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