En la misma época, un poco más tarde, Pascal dice algunas cosas sobre la felicidad que conviene recordar. Es Pascal un pensador escasamente sistemático, no comparable con Descartes como filósofo, pero tiene una extraña proximidad, se podría decir intimidad, con las cosas humanas, y por eso despierta profundos ecos.
La idea de Pascal es en el fondo la imposibilidad de la felicidad. A última hora, encontramos que es imposible, sobre todo porque la dificultan dos factores: por una parte, la imaginación; por otra, el futuro. En sus Pensées, Pascal dice: «Como la naturaleza nos hace desgraciados en todos los estados, nuestros deseos nos fingen un estado feliz, porque añaden al estado en que estamos los placeres del estado en que no estamos; y, cuando llegáramos a esos placeres, no por ello seríamos felices, porque tendríamos otros deseos conformes a este nuevo estado.» Es una curiosa visión negativa de la imaginación: imagino un estado feliz, y entonces, a lo que tengo, a lo que hasta cierto punto me produce felicidad, le añado lo que imagino como feliz y no tengo, y esto, naturalmente, engendra infelicidad. El carácter imaginativo y de anticipación del futuro excluye la felicidad. Aunque llegásemos a esos placeres seguiríamos imaginando y anticipando otros, un futuro más allá, como el horizonte, al que no se llega nunca. La felicidad tendría, pues, un carácter asintótico, nunca alcanzable a causa de la futurición y el deseo, a los que, por cierto, no concede Pascal en si mismos ningún valor felicitado.
El no confinarse al presente es para Pascal causa de infelicidad. Es una idea importante en su pensamiento. En otro lugar dice: «He descubierto que toda la desgracia de los hombres viene de una sola cosa: el no saber estarse tranquilamente en una habitación.» Acerca de la felicidad, añade: «No nos limitamos nunca al tiempo presente. Anticipamos el porvenir como demasiado lento en llegar, como para apresurar su curso; o recordamos el pasado, para detenerlo como demasiado rápido: tan imprudentes, que erramos por los tiempos que no son nuestros, y no pensamos en el único que nos pertenece; y tan vanos, que pensamos en los que no son nada, y dejamos escapar sin reflexión el único que subsiste. Es que el presente, de ordinario, nos hiere. Lo ocultamos a nuestra vista, porque nos aflige ; y si nos es agradable, sentimos verlo escapar. . . Que cada cual examine sus pensamientos, los encontrará enteramente ocupados del pasado o del porvenir. No pensamos apenas en el presente, y si pensamos en él, no es más que para tomar de él luz para disponer del porvenir. El presente no es nunca nuestro fin: el pasado y el presente son nuestros medios; sólo el porvenir es nuestro fin. Así nunca vivimos, sino que esperamos vivir; y disponiéndonos siempre a ser felices, es inevitable que no lo seamos nunca.»
La condición futuriza del hombre, que Pascal ve perspizcamente, es esencial a la vida humana, pero le da una inestabilidad e insatisfacción que resultan infelicidad. Pascal va al cuerpo del problema; hay en él una concreción superior a la de otros pensadores; deja la consideración abstracta de un supremo bien y se centra en esa futurición que nos hace vivir permanentemente proyectados hacia el futuro, apenas instalados en un presente que nos lastima, nos aflige, y cuando es grato se nos escapa. Es una concepción bastante pesimista, dimensión esencial del pensamiento pascaliano, pero hay en él un poderoso elemento de observación personal, directa, inmediata, sumamente valiosa, en un punto de vista que se podrá y deberá integrar con otros que superen su particularismo.
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