domingo, 10 de mayo de 2015

La información es poder

      Tan asumida tengo esta frase, creo tanto en ella, que la he repetido, y la repito, continuamente en los talleres en los que participo.

      Tomé conciencia de ella hace ya unos años cuando leí un texto, que en su libro “Teoría del Estado y Derecho Constitucional”, cita J.A. González Casanova y que dice:
Todos sabemos que la propaganda política y los medios de comunicación social, especialmente la TV, tienen hoy unos recursos realmente fabulosos para manipular las creencias de las masas, y no en vano los gobiernos-aun los más pretendidamente democráticos-se resisten a compartir con los restantes actores políticos del Estado ese poder inmenso de “hacer creer” que tiene la imagen pública. Tenía razón Trasimaco cuando decía que lo justo es aquello que conviene al que manda y Maquiavelo cuando afirma que gobernar es hacer creer. Dada la complejidad de las modernas sociedades políticas, quien controle la información, es decir las referencias seguras de cada realidad, tiene todos los resortes para hacer creer a los ciudadanos lo que le convenga. Por su parte, unos ciudadanos desinformados difícilmente estarán en condiciones de dar su consentimiento consciente a las indicaciones de los gobiernos”. Esto lo escribía en 1980.

      Y solo hace dos días, acabo de leer a nuestro llorado Carlos Paris, en su libro “El rapto de la cultura” donde dice:
Más la información tiene en nuestros días otra proyección decisiva, la que ejerce sobre el ciudadano medio-no solo a través de la educación  y de sus aparatos-, sino por la vía de los medios de comunicación de masas. Estamos sometidos a un continuo bombardeo de mensajes, como nunca había sucedido. Estos mensajes  no solo definen los límites de nuestra información sobre lo que está ocurriendo en el mundo sino que tienen un carácter motivados. Y nos someten a una manipulación cotidiana. Ésta juega un papel esencial en el funcionamiento del capitalismo actual”. En esta misma reflexión, un poco más adelante dice: “Se gasta más en motivar que en producir mercancías” Y termina este párrafo así: “El capitalismo ha necesitado, para no parar su producción desbocada y su logro del beneficio  alumbrar un consumidor inexhausto, equipado de los consiguientes créditos y empeñado hasta la camisa para poder competir en nuestra sociedad sin sentirme marginado. Y este consumidor ha de serlo, no según sus necesidades básicas y de desarrollo humano, sino según las necesidades del funcionamiento capitalista”.

      Y si tuviera mejor memoria y más tiempo, podría llenar folios y folios con testimonios como los que comento aquí.

      No sé si esto viene a cuento sobre la estupenda discusión que estáis llevando a cabo en el “Guasar”, pero a mí me  habéis provocado esta reflexión con vuestros comentarios, y como ya he dicho en otras ocasiones (y os pido perdón por mi pesadez) no veo la forma de argumentar suficientemente en ese sistema.

      Decís que la información y la opinión no son iguales. Totalmente de acuerdo. Pero yo como no tengo medios para corroborar la exactitud de lo ocurrido, procuro guiarme por la opinión. Pero así como aquella solo es una, esta tiene múltiples facetas. Todas aquellas que se quieran emitir. Lo que yo procuro es informarme de todas las opiniones que me parecen lo más objetivas posibles. Es cierto habéis comentado que todas son subjetivas, cosa que no puedo refutar, pero estaréis de acuerdo en que no es lo mismo escuchar a Iñaqui Gabilondo que a Federico Jiménez. Y no solo es que yo pueda comulgar con la orientación de uno sobre el otro; es que el escuchar a uno y al otro va un abismo. Y no solo por sus trayectorias políticas y profesionales, sino por “qué y cómo lo dicen”.

      En sus lecciones en la Universidad, nuestro querido Maestro, Eduardo, dice que debemos de tener cuidado en saber quiénes son verdaderos filósofos en nuestro tiempo, Nos exhorta a examinar con cuidado a los que se presentan como auténticos filósofos y quizás no lo sean; que sean, cono se dice habitualmente “solo de boquilla”. Puede que tengamos que remitirnos a la frase famosa “Por sus obras los conoceréis”. Y no sé si estaréis de acuerdo conmigo en  que hoy tenemos muchos, muchos sitios donde fijarnos para ver las “obras” actuales.

A modo de resumen, tengo que deciros que para mí no es lo mismo leer a Coral Bravo que a Isabel Sansebastian; a Terch y Maruhenda que a Carlos Elordi y Aníbal Malvar. Y así una nómina interminable.


Un abrazo para todos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario