sábado, 1 de febrero de 2014

Como diría aquel: ¿Qué hemos hecho para merecer esto?

“Los amores eternos suelen durar unos meses y el de Aznar y Rajoy no iba a ser la excepción
La desilusión de Aznar había sido enorme, hay que entenderlo. Aspiraba a seguir gobernando desde FAES por persona interpuesta, a mantener a España en la historia aunque fuera a martillazos y hasta a encontrar él solo las armas de destrucción masiva en Irak si alguien le prestaba un perro con buen olfato. En lugar de eso se vio obligado a hacerse rico poniéndose a sueldo del mejor postor, desde Murdoch a Endesa, pasando por los buscadores de oro de Barrick Gold o la inmobiliaria JER Partners”.

Así rezan unas frases del artículo de J.C. Escudier en el diario “Público”, y constituyen, desde mi punto de vista, el fiel reflejo de los acontecimientos que protagonizan estos dos “personajes”. Bien es cierto, que son dos modos de hacer el mal, bien distintos. El primero, el jefe, el “pequeño Hitler”, hace mal porque no puede hacer otra cosa; sus genes son tan perversos que no tiene otra opción: nació para hacer mal; es con lo único que disfruta, ya que él se sabe pequeño, no solo de estatura física sino de estatura moral; no conoce la ética; es un acomplejado que solo sabe que será notorio haciendo el mal, aliándose unas veces con otros tan malos o peores que él, o solo; solamente hace falta repasar su biografía para darse cuenta de que su complejo de inferioridad es lo que marca sus acciones.
Del segundo, que decir; quizás una viñeta tan extraordinaria como esta de Alfons López, lo defina perfectamente:

                                 http://blogs.publico.es/alfonslopez/6437/se-veia-venir/
                                   
Cuando la vi estos días pasados, me vino inmediatamente a la mente, un comentario que hacía tiempo atrás Javier Marías en uno de sus estupendos artículos, y en el que decía que puestos a temer a “seres distintos”, él prefería vérselas mejor con un malo que con un tonto. Sin duda al malo, malo, lo ves venir, se le nota, y puedes tomar precauciones ante sus acciones. Pero ante el tonto ¿Qué hacer? Yo también he pensado toda mi vida que eso era así, y por eso mismo mi duda de hoy: ¿Qué podemos hacer si estamos en manos de un pobre deficiente mental y podemos volver a caer en manos de un malo patológico?

Alguna vez lo he dicho aquí, y en otros sitios: no veo otra solución que unirnos todos los normales e intentarlos echar fuera de la vida pública. Los seguiremos teniendo entre nosotros, pero como dicen los creyentes, quizás sea esto algo de la penitencia que debemos pagar para llegar al cielo.


Un fuerte abrazo.   Francisco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario