La
tragedia como la manipulación del otro. Medea y Coyolxauhqui
Desde hace
muchos siglos atrás, probablemente con el ismo del romanticismo, hasta nuestra
era cibernética venimos arrastrando el paradigma de la mujer débil,
desvalorizada y perdida de ella misma. Desde la antigüedad hemos
tenido endiosada y deidificada, a la figura casi intocable, me estoy refiriendo
a la figura materna, todos podemos ser de lo peor, pero no podemos injuriar ni
contradecir a nuestra madre; se dice que una madre jamás abandonaría a su hijo,
que una madre para mil hijos, y que si alguien pasa por sobre encima de su
madre estará condenado al infierno. La madre toda poderosa, diosa del cielo,
Reyna inmaculada, diosa virgen. Ella es glorificada gracias al sufrimiento de
María.
Sin
embargo; siendo realistas, esta figura ha quedado escorzada, si nosotros la
desfragmentamos, mitológicamente, antropológicamente, desde tiempos
mitológicos, vamos a encontrarnos en la mitología griega a un personaje
bastante absurda pero, realista, estoy hablando de Medea, Medea fue la madre
que asesino a sus dos hijos en venganza de su marido Jasón. Tras el abandono de
él, Medea decide tomar la peor de las venganzas, dar en centro del corazón de
Jasón, sus hijos, Medea decide sacarles los ojos a sus hijos y colgarlos en un
árbol para que Jasón sufriera. Cabe preguntar: ¿Cuántas Medeas estamos
dispuestos a desacralizar hoy en la actualidad? Este mito es algo abyecto, y
con el término abyecto quiero dar a entender que nosotros no queremos ver los
actos viles o despreciables del humano. Sin embargo esto real. Es real que
existen madres frustradas y resentidas, y que quizá no fue la decisión de su
vida dar a luz a sus pequeños hijos, algunas los tiran, los regalan, algunos
corren con más mala estrella, la de vivir el eterno castigo del rechazo de su
madre. Estando una vez en una charla con una compañera, relataba que su madre
cuando la peinaba para ir al colegio le jalaba los cabellos con bastante
fuerza, mientras su padre estaba esperándola en el auto para llevarla al
colegio, mientras que delante del padre su madre la acariciaba.
Existe también, el tipo de madre misógina, aquella que reniega de su mismo género y ejerce violencia
a sus hijas; por otra parte, En un mito
azteca encontramos a la figura de una madre sinvergüenza, juzgada por su propia
hija, estoy refiriéndome al mito de Coatlicue y su hija la diosa de la luna
coyolxauhqui. Acusada de tener un hijo en su vientre que no era de su esposo,
la hija manda asesinarla. Y es su hijo varón quien la desmiembra por defender a
la madre sufrida, nuevamente misoginia, la mujer en contra de la otra mujer. Desgraciadamente en México y en muchas otras
regiones de occidente, Con este pensamiento antropológico hemos pasado al nivel
educativo familiar, culturalmente hemos educado a las niñas a servir, a renegar
de nuestro periodo menstrual, a enquistarnos los ovarios y a renegar de nuestra
propia naturaleza.
La
violencia que una madre puede ejercer al estilo Medea está latente en nuestro
disparatado siglo XXI, y encima Defendemos la idea de un feminismo que va más
allá de la libertad o el derecho libertario o anarquista de una mujer. Posicionarnos
ante la no violencia desde esta perspectiva es seguir teniendo más Medeas, las
madres malvadas que hacen daño psicológico a sus hijos por tal de hacerle un
mal o dañar a su macho. Mujeres huecas, sin amor así mismas, mujeres misóginas,
mujeres violentas, mujeres inconformes de ser mujeres son las que representan a
la temible Medea y Coyolxauhqui. Este
planteamiento desde el punto de vista filosófico existencial no es un feminismo
extremo o un modismo, es urgente la necesidad que las mujeres de hoy en día en
la filosofía debamos erradicar, debemos
anular la violencia en contra de nuestras hijas, nuestras hermanas, nuestra
comunidad. Pero sobre todo hacer reflexión de la violencia que nosotras mismas
ejercemos hacia nuestro cuerpo, nuestra matriz y nuestra alma. Ser mujer no se
nace, se hace dirá nuestra máxima representante, Simone de Beauvoire.
Sartre
nos lleva a la náusea, el miedo y la nada de nuestra posición en el mundo. En su novela el Muro encontramos
circunstancias abyectas, relatos que, por estar inmersos en la belleza
exterior, o abismados en el amor que el otro nos da, no alcanzamos a ver que
somos la nada.
Ir a la constitución del síntoma del
sufrimiento, es ir a las aguas traicioneras de Poseidón, ¿Qué porque
traicioneras? Porque estamos acostumbrados a mentirnos, nosotros mismos nos
traicionamos, nos enmascaramos. En total acuerdo con Nietzsche se afirma que se
necesita estómago y voluntad de poder para reflexionar el pasado de nuestra
conducta, Con aforismos abyectos y
directos Nietzsche aborda paradigmas sin ningún tapujo de conciencia. La
reflexión filosófica también es un proceso fuerte y abyecto, en donde el
usuario que filosofa necesita valentía para quebrar sus capas de mentira, con
el fin de llegar a su esencia pura. Nosotros los filósofos no podemos hacer a
un lado el mito porque tal parece que las modas y la tecnología avanzan, pero
la conducta del hombre se sigue repitiendo. Y tú ¿Qué tan trágico eres? ¿Cómo
le haces para manipular al otro a través de la tragedia, del sufrimiento y el
horror? Cuéntame.

¡Excelente escrito Denisse! Da que pensar y también nos hace disfrutar. El conocimiento es uno de los grandes placeres.
ResponderEliminar¡Muchas gracias!
Me acabo de percatar que al final de tu artículo nos dejas unas preguntas... ¿quién se atreve a responder?
ResponderEliminarMuy interesante Denisse y dos ultimas preguntas que necesitan mucha reflexión para responderlas, porque debemos buscar en nuestro comportamiento, a veces sin querer reconocerlo, como manipulados las cosas o las ideas a nuestro antojo.
ResponderEliminarQuedé gratamente sorprendida por el análisis que presentó Denisse sobre la "Tragedia como manipulación de la mujer”. Muy cierto el cúmulo de adjetivos dado a ella desde tiempo atrás y cuánta razón encierran; algunos los he escuchado a lo largo de mi vida y otros los puse en práctica "incorporados a fuego" en mi conducta. El legado familiar-escuela-sociedad es increíble cómo quedó grabado en mi mente y en algunas de mis actitudes. Por supuesto, estas conductas mías no eran conscientes del mal que provocaría en otros...Siendo la hija mayor y en una familia numerosa, ayudar a mamá y "ser ejemplo para mis hermanos" a mí me enorgullecía cuando todo salía bien, o sea, "cumpliendo a pies juntillas" cualquiera de sus pedidos. Cuando fui mamá la cosa cambió. Con mi hija lo hablamos seguido y me dice: "en casa fui una luchadora feminista desde chica, cuando vos no practicabas igualdad con mi hermano en tus pedidos porque él no cumplía "porque era varón". "Desde chica me revelaban esas actitudes". Me tocó profundo el interrogante" ¿Cuántas Medeas vamos a desacralizar? El artículo, con algunos toques fuertes dado por Denisse exprofeso cada tanto me lleva a buscar conscientemente en mi memoria con intención de reflexionar qué otras ideas o actitudes tengo colgadas, escondidas, guardadas y que hoy seguro no las aceptaría.
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