SEGUIMOS…….
En múltiples ocasiones, tanto verbalmente
como por escrito, he opinado sobre un tema que para mí resulta fundamental para
vivir y convivir entre los humanos; se
llama: ignorancia. Creo que hace que el que la tiene, y su
entorno más o menos grande, sufre las consecuencias de la misma llegando a ser
la causa de mucho sufrimiento para ambos. La ignorancia junto con el fanatismo,
en la misma persona, forman un combinado tan, tan peligroso que son capaces de
desatar los mayores peligros para todos.
También he dicho que yo soy un
ignorante prácticamente en cualquier faceta de la vida; en la inmensa mayoría de ellas a un nivel
total, y en alguna otra, pocas, conozco algo.
Quien pueda leer estas líneas,
seguro que lo primero que pensará que como puedo confesar mi ignorancia cuando
antes digo que me parece algo tan deleznable. Intentaré explicarme.
La razón por la que expongo dos
opiniones, al parecer tan contradictorias, es que considero que existen dos
formas de ignorancia. Una es la que se puede llamar no voluntaria; sería
aquella que por múltiples razones de vida se tenga sin poderla haber evitado.
Recurriendo a las tantas, y tantas veces repetida frase de Ortega: “Yo soy yo y
mis circunstancias”, esta persona es así
debido a esas circunstancias que pueden ser muy diversas en su nacimiento: época,
lugar, padres, entorno, economía, educación, estudios y un largo etcétera. Como consecuencia de ello
no se le pueden achacar culpas, puesto que ninguna dependió de él. Quiero hacer
una aclaración; esto no excluiría, que una vez pasadas estas circunstancias, no
podía haber puesto todo de su parte para poderla superar buscando las fuentes
necesarias. Entiendo que no siempre es fácil, puesto que los datos de su nacimiento
pueden haberle condicionado de forma muy grave.
El otro tipo de ignorancia, la
voluntaria, sí que, para mí, no se puede disculpar y es aquella que es asumida
con total conocimiento de lo que ello entraña. No sé si lo que voy a contar a
continuación puede definirse como ignorancia querida o voluntaria, pero para mí
si no fuese, se podría asociar. Hace años vi un libro en la biblioteca que me
llamó la atención por su título- que no recuerdo con exactitud, pero era más o menos
así:”Padres esclavos, hijos violentos” o al revés; pero para lo que lo cito
puede ser igual. Estaba escrito por un par de psicólogas y contaban sus
experiencias profesionales. Y hay un caso que, a pesar del tiempo transcurrido
nunca lo he olvidado. Una madre es llamada por la policía para que acuda al
lugar de un delito cometido por un hijo suyo; al llegar se dirige a la policía y
dice: “Si no lo creo no lo veo”. Para mí veo en la cita equivoca una forma de
ignorancia voluntaria, desde el momento en que para no asumir el delito de su
hijo prefiere ignorarlo.
Quiero terminar estas notas
incluyendo en ellas un par de párrafos de un artículo de hoy en un periódico y
que, según mi parecer, puede asociarse a lo que he expuesto más arriba.
“Hay víctimas de los bulos que no
saben que son víctimas, gente que, cuando les llega el wasap venenoso a su
móvil, lo difunden con premura y con la mejor de sus intenciones entre los
amigos y familiares creyendo sinceramente estar alertándolos de un peligro o
informándoles de algún hecho que los políticos y los medios de comunicación han
estado ocultando.
Inocentes hasta cierto punto
Queda sin respuesta la pregunta
de si esas personas no estarán, al fin y al cabo, creyendo lo que les gusta
creer, aquello que mejor cuadra con sus no siempre explicitadas ideas o simpatías políticas; queda, en fin,
sin aclarar si el grueso de destinatarios es completamente inocente al
creer y hacerse eco de tales bulos, dirigidos casi siempre contra la izquierda.
¿Lo son? ¿Son del todo inocentes?
Claro que no. En puridad, nadie lo es; en realidad, a todos nos ocurre como a
aquel personaje de John Le
Carré que afirmaba ser inocente, pero añadiendo a renglón seguido: “Bueno,
hasta cierto punto”. Todos, en efecto, somos inocentes solo hasta cierto punto.”
Como se pregunta el autor ¿Son del todo inocentes? O por el contrario lo
hacen sabiendo que lo hacen mal. Yo pregunto: ¿Son ignorantes no voluntarios, o
voluntarios)
Alejandro, esperando tus comentarios, recibe un cordial saludo
Efectivamente, Francisco, la ignorancia mezclada con el fanatismo es un menjunje muy muy peligroso. Y si a eso le añadimos los inocentes hasta cierto punto nos encontramos con lo que vemos a diario en las redes.
ResponderEliminarYo opino que todos tenemos una responsabilidad. El dilema es saber el grado de esa responsabilidad.
ResponderEliminarLa ignorancia no puede ser argumento que nos permita safarnos de nuestra conducta como ciudadanos.
Ahora bien, eso es en una sociedad que no es la nuestra.
Supongo que en una sociedad como la nuestra, ultraliberal y utilitarista, el padre que ignora a su hijo puede hacer lo correcto ya que la ausencia de conocimiento de lo que su hijo hace, le priva de responsabilidad y de la infelicidad que le produciría saber lo que si hijo hace.
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Respecto a los bulos de internet. De les debe poner límites, solo si no aceptamos la mentira como sustantiva de la realidad política.
Pero de nuevo, en esta sociedad la mentira es una asset político. Hace apenas un par de años la palabra del momento era la post-verdad.
No nos deberíamos llevar las manos a la cabeza cuando la mentira se extiende como una mancha de aceite. Esos bulos son la consecuencia lógica de actos políticos que descansan en mentiras. Pienso en la guerra de irak, el 11m y tantos otros.
En fin, que la responsable, o la ignorancia, en mi análisis, encuentra su fundamento en las sociedades donde la mentirá es un medio político y evidentemente social.
Que se puede esperar de sociedades utilitaristas donde todo medio es una posibilidad.
En lo que no debemos caer es, de nuevo en obviar el problema de fondo, es decir, la caverna y sus muros.