lunes, 22 de febrero de 2016

Para qué se trabaja o El actor no-reconocido.

Hola a todos, por poneros en antecedentes, esta pregunta se lanzó en un encuentro de filosofía en relación a la búsqueda de una filosofía capaz de ofrecer utilidad dentro del mundo empresarial, así que a riesgo de resultar algo simplista me propuse ofrecer una visión subjetiva y crítica (no en su sentido de revisión sino de clara protesta) tras un cierto poso de lecturas marxistas como el libro de Marshall Berman "Todo lo sólido se desvanece en el aire" o "La Metamorfosis del trabajo" de André Gorz. No pretendí hacer un trabajo académico ni demasiado riguroso pero quizás alguien se sienta solidario con las palabras que ya escribí en el 2012:


Voy a intentar plasmar en este escrito la visión que propondría en el debate del día 26. La pregunta tal cual formulada se me antoja enorme y no pretendo ser exhaustivo ya que han corrido ríos de tinta sobre este tema, planteados además por pensadores con mucha más capacidad y experiencia que yo, pero sí que espero reflejar el cuadro actual sobre la situación de un trabajador desde una perspectiva crítica en su lado más negativo y al margen de crisis y demás bendiciones sobre la actividad en la que invertimos cada día de nuestra vida para esbozar algunas sugerencias respecto a la pregunta propuesta. De la visión positiva e ingenua, ya se ocupan los ideólogos de empresa y sus sacerdotes.
Tal como lo entiendo, si la pregunta ¿por qué se trabaja? apunta hacia la investigación de una razón o una causa, la cuestión de ¿para qué se trabaja?, denota sin embargo la búsqueda de una tendencia hacia justificar la función de dicha actividad. Hablar de función nos obliga a abordar la cuestión como una teleología, ya que el trabajo, como queda dicho y repetido por muchos autores, apunta a una finalidad, a un objetivo práctico, se orienta por tanto al resultado. Preguntar pues por la función del trabajo es una cuestión intrínseca y paralela al objetivo del trabajo mismo; la función del trabajo es funcionar.
Según la perspectiva de la pregunta parece plantearse desde una toma de situación. Por ejemplo, preguntar ¿para qué filosofas?, implicaría la perspectiva de un interrogador que habitualmente desarrolla una actividad, quizás un trabajo u otra tarea que no es la de filosofar; la consulta se hace precisamente porque se torna a lo distinto y de ahí nace la necesidad y la curiosidad de preguntar por ello. Pero también la pregunta parece situarse al otro lado. Quizás se le interrogue al intelectual o al filósofo ¿para qué trabajas?. No obstante la consulta se expresa de esta manera: ¿para qué se trabaja? y este 'se' determina la actividad que puede recaer en cualquiera, una actividad objetivada y concierto carácter de obligatoriedad o de establecimiento en todo tiempo o ausente incluso de él. Obviamente la respuesta que en un primer momento se adivina idéntica para cualquiera, analizando más profundamente y según las repercusiones que provoca dicha actividad, bien podría ser distinta según se consulte a una ama de casa, un obrero de la construcción, un economista, un arquitecto, un diseñador, un sociólogo, un político o hasta un religioso. El que las actividades intelectuales, para su desgracia posiblemente, hayan alcanzado cierto valor y respetabilidad laboral también como valor de cambio, ha sido la consecuencia de la política de mercado a la que se han visto sometidas las distintas esferas sociales y que han alcanzado también a los ámbitos culturales e intelectuales. Se impone el mercado y la obligación de crear un valor de cambio para poder subsistir en el ámbito de consumo y éste creo que es el panorama principal al margen del tipo de actividad desarrollada y donde el factor tiempo creo que es la principal constante que habría que analizar en caso de tener intención de realizar modificaciones para la mejora del ser humano al menos a corto plazo. 


Al margen de la especialidad o del experto, lo que principalmente se compra es el tiempo; según creo es el valor actual más cotizado. El presentismo en las empresas es la consecuencia más inmediata de este mercadeo con el tiempo. En un primer momento no importa tanto la productividad como la obligatoriedad de mantener el tiempo de la jornada. Más tarde se pedirá al empleado que entregue más que su tiempo, se pedirá su actitud, su entrega incondicional disfrazada de imagen corporativa y mediante formaciones, cursos, coaching empresarial, tirando de toda ciencia que pueda ponerse al servicio de la empresa y sus objetivos ya sea desde la psicología o las recientes opciones de la nueva era. Espero que la filosofía sepa mantenerse al margen, estoy de acuerdo con Adela Cortina cuando explica que la filosofía no se inclina a cuestiones prácticas sino más bien abstractas y sin finalidad. Lo que es claro es que la empresa compra tiempo del trabajador no sólo como obrero que desarrolla una actividad sino también como 'actor'. El empleado desarrolla su faceta más trágica y teatral durante interminables horas diarias hasta el punto de crearle un hábito y hasta el punto de no saber diferenciar quién es y qué parte de su existencia es realmente su vida y su realidad. De no saber qué parte de sí mismo es lo real, de verse abocado a ser un Individuo abandonado a la inercia de lo irreal y de la representación. De este modo el mercado acaba creando una gran empresa de un país que termina olvidando al ciudadano, al ser humano, a pesar de recordar desde sus apéndices más siniestros (los tan familiares departamentos de recursos humanos), que no se olvidan de sus empleados y sus vidas fuera de la empresa, como la utópica conciliación familiar, los encuentros entre empleados, las actividades para los hijos, para esos futuros corderos que deben ser sacrificados en el altar de lo útil, todo supuestamente siempre lleno de buenas intenciones, estrategia una vez más de captación para la secta empresarial y sus fines. Damos las gracias por recibir estos dones mientras obviamos y damos por supuesto que no hay más realidad que esta Matrix-Empresa (disculpad este ramalazo ciberpunk de los 90).
También se hace necesario diferenciar otros tipos principales de trabajo a los que nos vemos sometidos a diario como es el trabajo doméstico que engloba variadas tareas personales y que finalmente de manera sutil resultan de nuevo ser tiempo comprado por la circunstancia y el entorno y el propio trabajo de tiempo comprado, según esta perspectiva que planteo y que es el que habitualmente conocemos para desarrollar cierta ganancia/producción sea por cuenta ajena o particular.
La magia del tiempo comprado es que nos ha liberado a todos. Ha conseguido liberar al antiguo esclavo de las tareas domésticas que permitían al dueño dedicarse a menesteres intelectuales u otras tareas no laborales. De este modo ahora toda persona es igual a las demás para el mercado. Pero lejos la gran mayoría de situarnos como los dueños, nos hemos igualado en disposición con los esclavos. Cualquiera vale para vender su tiempo además de su especialización. En resumen, y como principal objeto, el mercado puede comprar a la persona, la cual siempre tiene valor de cambio. Al menos así es como se lo plantea tácticamente. Se compra a la persona, a la misma que siempre está dispuesta a defender sus valores, a defender su Yo elevado, a la que se cree que no está vendiendo lo mejor de sí, a cambio de poder comprar un billete para entrar en la representación que considera un juego de duración determinada, juego no peligroso y que se abandona cada día al volver a casa. Allí es donde de nuevo el tiempo sigue a la venta, un tiempo del que no se es dueño y en el que se agota el último retazo del ser. Esta vez el control es mucho más sutil.

A la persona que quiere permanecer fiel a sí misma a toda costa y a ciertos valores ajenos a los fines de la empresa, normalmente se la expulsa del terreno de juego laboral. Por esto se hace necesario para el trabajador mantener a flor de piel las dotes de dramatización, de actor social, buen trabajador, buena actitud, buen compañero, buenos resultados y desmontar este escenario conllevaría a acabar tildado de negativo, de falto de ambición, de desmotivado y de estar en deuda con el resto de empleados que empuja la nave empresarial. En definitiva es expulsado de la polis empresarial siendo apartado al final de las filas. Normalmente basta una sola oportunidad para acabar siendo abandonado y sin ningún interés, nunca se le volverá a adjudicar nada importante, ninguna misión que comporte una destacable responsabilidad. A partir de ahí da lo mismo que permanezca su cuerpo allí o se encuentre en su particular balneario mental, ahora su valor de cambio se traducirá principalmente en presentismo, acabar la jornada diaria como sea y prácticamente sin posibilidad de inserción o retorno al anterior status. En este discurrir particular el fin sería el destierro y la bienvenida a las puertas del INEM. Es una forma sutil y refinada de mantener encubierto un sistema de esclavos donde al oprimido, es decir al actor, se le impele a ser más y mejor, y donde se filtra a unos de otros, donde se rescata a una élite, con fecha de caducidad por cierto, a los 'mejores' que son los que entregan más de lo que se les pide, los que se someten al programa empresarial y que de cualquier manera nunca terminan de ser bien pagados conforme al estado general de valores de las cosas.

Desde otro prisma, socialmente el trabajo se trata de un encuentro de personas a los que te tienes que dar y que de manera voluntaria posiblemente nunca hubieras elegido, lo cual genera ambientes tensos y de poca comprensión entre las personas. Muchas veces los propios grupos de trabajadores pueden ser más terribles que el hecho de invertir tu tiempo cada día en desarrollar tu actividad.
Psicológicamente el trabajo, si quizás tuviera un valor positivo sobre la personalidad, incluso en una actividad que agrada, termina por mellar todo espíritu, aburrido de rutinas, negado a toda creatividad y estresado de mantener inflexiblemente este ritmo durante demasiado tiempo. Entonces es que el trabajador está enfermo, cuando posiblemente esté en su momento más lúcido al darse cuenta de que su vida se desmorona y entiende cuál es la verdadera causa. Es cuando el trabajador dirige su mirada a su propia persona. El actor abandona su papel por ciertos momentos. El principio de la libertad, de lo natural en el hombre es lo enfermo para el mundo de la empresa. El sano empresarial termina olvidando quién es realmente, cuál es su vida real y cuáles son las cosas realmente importantes del hombre y como resultado termina por no saber vivir de otro modo. El papel usurpa al actor.

Si el trabajo debía liberar a las personas, liberar su tiempo, más aún con la irrupción de las máquinas, ha terminado por convertirles en meros apéndices de la maquinaria de mercado. El trabajo ya debiera haber reinventado la manera humana de "trabajar". Pero tras el trabajo está el poder, el poder sobre las personas a las que se les recuerda lo afortunadas que son por formar parte de este mecanismo y a las que se les obliga a mantener una actitud positiva sobre una situación no-natural que les coacciona a vender más tiempo del necesario y a actuar forzadamente bajo la ética de la empresa.
En definitiva, se trabaja para comprar sueños, comprar tiempos de vida ridículos, espacios y lugares imposibles de obtener a no ser que dispusieras 100% de tu tiempo vital a entera disposición.
Sí, compañeros, se trabaja para olvidarse de sí mismo, olvidar lo básico, negar lo familiar, dividir al ser humano diseccionándolo hasta que una parte consume a la otra. Se trabaja para asentir cuando te dicen que puedes comprar y poseer y 'vivir' la vida que te han elegido y que necesitan que mantengas para asegurar los circuitos de consumo. Ofrecerte cierto tipo de vida es el mejor aliciente que te pueden proponer. El mejor sustituto de (y con) la religión para el poder sobre el hombre. La historia del hombre (masculina) ha conseguido trasladar a su propio mundo a la mujer que esperaba poder liberarse, ahora esclavizada junto al hombre en pos de una hipoteca.
Se trabaja para olvidar que vivimos en un sistema que nos recuerda lo pésimo de la imaginación y la intención del ser humano. De lo mal que sabe hacer las cosas cuando quiere y del triunfo del egoísmo de unos pocos sobre muchos.




5 comentarios:

  1. Amigo Alberto: ¿Qué es para ti un trabajo académico? Permíteme decirte que para mí este que presentas, me ha dejado tocado; tanto por lo bien expuesto como por lo extenso del mismo.

    Me gustaría hacer solamente un par de comentarios, que me han surgido, así a bote pronto, después de leerlo y sin releerlo-que es para mí lo obligatorio-para poder asimilar todo su contenido.

    Me refiero, en primer lugar, a la frase que dices: “y a actuar forzadamente bajo la ética de la empresa”. Perdóname mi ignorancia y torpeza, pero como me parecía tan extraño poner las dos palabras “ética” y “empresa” juntas, me fui a la RAE y busqué la definición de la primera que la define como: “Recto, conforme a la moral”. Y la segunda acepción: “Conjunto de normas morales que rigen la conducta de las personas en cualquier ámbito de la vida”. Y yo te preguntaría: ¿Dónde está la ética en las empresas que nos describes? Sinceramente no encuentro este comportamiento en las empresas que nos muestras en tu relato. Porque yo lo único que encuentro es esclavitud, sometimiento, abuso, tratarnos como meros consumidores para que ellos tengan un mayor beneficio (como yo lo deduzco de tus propias palabras): “Se trabaja para asentir cuando te dicen que puedes comprar y poseer y 'vivir' la vida que te han elegido y que necesitan que mantengas para asegurar los circuitos de consumo”.

    Y no es lo malo que todo esto se ha pensado para el hombre (varón), sino que como tu muy bien dices se ha trasladado a la mujer; solo hace falta ver la película “Sufragistas” (muy dura desde mi óptica, pero genial por muchas cosas) o el último “Salvados” y las fábricas que suministran al “mundo rico”.

    En fin, admirado Alberto, no puedo sino felicitarte por tu trabajo.

    Y ya que estamos en comunicación, decirte que te agradezco mucho tus comentarios a mis escritos en este foro, y aprovecho para aceptar tu invitación de la “cervezica”. (¿Cómo privarme de la ocasión de gorronear a costa tuya?) Y en serio ¿Cómo privarme de tu compañía y de tu magnifica conversación?

    Esperando vernos muy pronto, te anticipo un fuerte abrazo.

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  3. Eso está hecho Francisco, y después de la primera vendrá la segunda; esto es muy probable si la charla se alarga, jajaja. No he visto aún la película pero el tema me interesa así que la buscaré y ya la comentaremos o incluso podremos hacer algún escrito. Respecto a tu pregunta sobre la ética de la empresa podemos partir de tu acepción:

    "Conjunto de normas morales que rigen la conducta de las personas en cualquier ámbito de la vida", en este caso en el ámbito de la empresa.

    Quizás partes de que este conjunto de normas morales que rigen una conducta humana deben ser siempre en beneficio de un ser humano que persigue su plenitud o perfección según se mire, es decir, en vista a una mejora espiritual o de su virtud. Sin embargo las normas que rigen la conducta de los seres humanos dentro del ámbito de la empresa persiguen esa finalidad: la de la empresa. Y esto marca unos valores que creo que son de todo el mundo conocidos, los propios del liberalismo donde se fomenta la competencia y la protección del derecho individual sobre el de todos. Esto ha conducido a fomentar por ejemplo también el elitismo (incluso de género) y la jerarquía. Mientras la persona permanece física y temporalmente en el ámbito de una empresa se le exige una 'conducta', una 'actitud', se le impone el tan 'por supuesto' lema del 'más es mejor que menos (o que lo mismo)', pauta que por cierto damos por 'lo normal' incluso fuera de la empresa. Ya no solamente hablamos de conseguir cosas materiales sino incluso en nuestras relaciones sociales (por ejemplo, elijo estar con uno mejor o antes que estar con otro, y así nos pasa con múltiples cosas). Por eso en otros textos de este blog proponía realizar autobservación de cuánto de nuestros valores personales se identifican o han sido contagiados por ese espíritu liberal. Mejor cuánto de nosotros hay en nosotros (o quizás, cuánto somos Cultura y cuánto añadido).
    Incluso dentro de la empresa, por muy trabajador pasivo que seas y si te quieres mantener en el barco, sigues (o deberías seguir) 'manteniendo cierta postura', el actor que llevas dentro, el actor que nadie aplaude (no-reconocido) y el actor que muchas personas ni siquiera intuyen en sí mismos y se funde con su propia identidad (de nuevo el actor no-reconocido, esta vez por el propio sujeto).
    Es interesante ver cómo pudo haber ido surgiendo esta 'moralidad' desde el surgimiento del capitalismo. Max Weber por ejemplo expone en su libro "La ética protestante y el espíritu del capitalismo" cómo la conducta y los valores del protestantismo facilitaron el impulso del espíritu del capitalismo, pero también la obra de Anthony Giddens "El Capitalismo y la Moderna Teoría Social" hace un repaso a varios autores sobre este mismo tema. Creo que pueden ser buenos puntos de partida.

    Una vez más gracias por tu respuesta que te aseguro que me resulta terapéutica, es el discurso que se construye con el otro, el confirmarse humano al abrirte a otros, el dar de mí para ti, en definitiva, se trata del camino y no tanto de la conclusión lo que como nos dice Eduardo, nos resulta un bálsamo a las dolencias del alma.

    Un abrazo

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  4. Amigo ALBERTO: Dices al termino de tu comentario: “es el discurso que se construye con el otro, el confirmarse humano al abrirte a otros, el dar de mi para ti”. Al leerlo me vino a la mente una letra, que creo que viene a cuento, y que me gusta mucho.
    RECIBIR

    Jamás siento que recibo tanto
    como cuando aceptas algo de mí
    cuando comprendes
    la alegría que siento al dártelo.

    Sabes que mi ofrecimiento
    no busca que estés en deuda conmigo,
    sino vivir el amor que siento por ti.

    Recibir con gracia
    quizá sea la mayor forma de dar.
    No puedo separar
    una cosa de la otra.

    Cuando tú me das algo,
    yo te doy el recibirlo.
    Cuando tomas algo de mí,
    siento que soy yo quien
    recibe.
    Ruth Bebermeyer

    Ojala te guste tanto como a mí.
    Un abrazo.

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  5. Muy bonita Francisco, gracias de nuevo, la poesía siempre dice mucho más de lo que dice. Nos vemos el sábado

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