FILOSOFÍA Y
ECONOMÍA
Al querer cumplir con el “mandato” de nuestro maestro (tarea
que como siempre me produce una gran satisfacción, primero por cumplir con él y
segundo por el desafío que me supone), lo que inmediatamente me vino a la mente
es que no veía forma de meterle mano; no sabía cómo relacionar ambos conceptos.
Por ello me lancé a buscar autores y trabajos que me ayudaran a aportar algo
que tuviera alguna consistencia y contribuyera a participar en el dialogo que
se formará entre todos mis queridos compañeros. Mi felicidad sería estar con
vosotros en persona, pero las cosas hay que tomarlas como vienen. Es por esto
que os pongo estas líneas, y aprovecho la ocasión para desearos una muy, muy
feliz jornada.
Ante mi ignorancia sobre…. (Permitidme una reflexión que me
surge al escribir la palabra ignorancia; siempre se ha dicho que esta era mala,
pero pienso que tiene una faceta muy interesante desde mi punto de vista, y es
que ante ella se dispara la curiosidad o la necesidad de saber, por lo que te
impele a investigar sobre eso que desconoces, y esto te lleva a ejercitar una de
las cuestiones más importantes de la
vida de una persona: aprender) Retomando lo arriba escrito; decía que ante mi
ignorancia quise averiguar la definición de la palabra economía. Según la RAE,
economía es: “administración recta y prudente de los
bienes”.
Por supuesto que tiene otras acepciones, pero
creo que en el tema que tratamos es la que mejor se adapta al mismo, dado que
las facetas “recta y prudente”, y sobre todo la primera apunta directamente a la filosofía. Podría
decirse que estaríamos actuando éticamente sobre una materia que se presta a
muy diversas formas de actuar, y que como vemos a diario, la inmensa mayoría de
las veces los que la manejan actúan muy lejos de la ética. ¿Podríamos decir que
todas esas veces actúan en contra de la ética? Siempre es aconsejable no
generalizar, pero la experiencia del día a día nos hace decantarnos por esta
opinión.
En mis investigaciones sobre el tema me encontré con dos
comentarios que, para mi ignorancia, se parecen mucho, hasta el extremo que me
pregunté ¿No habría leído el uno al otro a la hora de escribir su opinión sobre
la economía? Estos son los comentarios: “¿Por qué acontece que la especie humana ejercita
actos económicos, producción, administración, cambio, ahorro, valoración, etc.?
Por una razón estupefaciente y sólo por ella: porque muchas de las cosas que
desea y necesita no se dan con absoluta abundancia. Si de todo lo que habemos
menester hubiese copia sobrada, no se le habría ocurrido a los humanos
fatigarse en esfuerzos económicos. Así, el aire no suele ocasionar ocupaciones
que puedan llamarse económicas. Sin embargo, basta que en algún sentido
adquiera el aire la condición de escasez para que inmediatamente suscite faenas
de economía.”
Y este es el otro: “Hay, sin embargo, un concepto que sí puede
considerarse clave en la ciencia económica: la escasez. O dicho en otras
palabras, la limitación de los recursos disponibles. Eso, y no otra cosa, es lo
que crea la necesidad de que exista la economía. No tenemos de todo y por lo
tanto los seres humanos nos vemos ante la necesidad de administrar para
conseguir, mediante la producción o el intercambio (o su equivalente, la
compra), aquello que nos falta. Porque una cosa está clara: si tuviéramos todos
absolutamente de todo, ¿para qué íbamos a necesitar nada? La economía no
tendría entonces razón de ser y todos seríamos la mar de felices.”
No sé qué os parecerá a vosotros, pero a mí me suena muy, muy
parecido el argumento. Como decía más arriba podría decirse que el segundo
“Leopoldo Abadía” habría leído en algún momento al primero: a “Ortega y Gasset”
Ciertamente debo de decir que ambos autores dicen cosas muy
interesantes sobre economía, en particular para los que somos “dummies” como es
mi caso.
Como conclusión citaría de nuevo a uno de ello, a Abadía,
diciendo: “De lo que no cabe duda tampoco es que, la
dividamos como la dividamos, y por mucho que se empeñen los economistas, la
economía no es una ciencia exacta, como corresponde a una disciplina que tiene
como activos participantes a esos seres tan impredecibles que somos las
personas, los hombres y mujeres que compartimos este planeta.”
Yo añadiría por mi cuenta: no se puede dejar en manos de “seres tan
malvados como algunos de los que estamos conociendo en estos momentos: véase el
caso de Grecia, donde con la excusa de la economía se está haciendo un daño
terrible a todo un pueblo”.
Y la pregunta final: ¿Debemos poner nuestras barbas a remojar al ver las de
nuestros vecinos? Ojala que los ciudadanos de este país, y de otros muchos
seamos suficientemente inteligentes para echar a estos monstruos que nos
“desgobiernan” y entren otros más “filosóficos”, más éticos, Amen.
Aunque es un poco largo no puedo dejar de poner en este trabajo, una
intervención que encontré y que me parece una magnífica exposición sobre el
tema que estamos tratando. Aquí lo pongo.
LA DIFÍCIL
RELACIÓN ENTRE ECONOMÍA Y ÉTICA EN EL PENSAMIENTO ECONÓMICO.
(Ponencia presentada por Luis Razeto en el
Tercer Congreso de Ética. Julio 2009, Santiago, Chile)
La relación entre economía y ética ha sido siempre muy difícil, porque en
la economía se manifiestan habitualmente comportamientos guiados por los
intereses de los individuos, las pasiones de los grupos, las ambiciones y el
afán de enriquecimiento y de poderío de muchos, que contradicen los más
antiguos y elementales principios éticos. Las formulaciones éticas, por
consiguiente, se esfuerzan por corregir tales comportamientos y se esmeran
en promover las virtudes y valores individuales y sociales en tan díscolo
espacio. La ética se ha siempre empeñado en domar los intereses, las pasiones,
las ambiciones, el afán de lucro, etc. utilizando para ello las herramientas
que le proporcionan la teología, la filosofía e incluso las ciencias; pero ha
tenido en ello poco éxito. Más aún, ha ocurrido que a nivel del
pensamiento, esto es, en cuanto al modo en que se ha pensado y concebido la
economía, el proceso histórico muestra un progresivo y muy lento pero inexorable
camino de autonomización de la economía (de las ideas sobre la
economía) respecto a la ética. Tal proceso marca la derrota histórica de
la ética, o bien el triunfo de las lógicas puramente económicas sobre las
razones y exigencias de la ética, esto es, en última síntesis, el triunfo de
los intereses sobre las virtudes.
Es interesante hacer una breve reseña histórica de este proceso, para
comprender en qué momento y situación nos encontramos.
Podemos comenzar con La República de Platón, en que aparece la que es tal
vez la primera formulación conceptual sobre la economía. El modelo
político-económico propuesto por Platón se funda exclusivamente en motivaciones
éticas, en cuanto toda la propuesta busca forjar un nuevo hombre en el cual la
virtud y la buena disposición del alma guiarán sus acciones y lo alejaran
del vicio y la violencia. Por ello Platón rechaza la propiedad privada y
postula la propiedad común, y en Las Leyes, aplica una rigurosa concepción
ética de la que desprende los principios que la traducen en la organización del
Estado y de la economía.
Platón es consciente que hay una absoluta distancia entre la economía real
y su formulación ética de la economía, pero es clara su intención de que ésta
llegue a aplicarse. Así se comprende claramente del siguiente diálogo, en La
República, 592b:
“Glaucón: Ya entiendo; quieres decir: en aquella ciudad que ahora hemos
fundado y discutido, que tiene su sede en nuestros razonamientos y discursos,
pues no creo que exista en ningún lugar de la tierra.
Sócrates: Pero en el cielo quizás exista un modelo de ella para el que
quiera verla, y viéndola se proponga fundarla en sí mismo”.
También Aristóteles examina la economía desde la ética, distinguiendo la
economía doméstica (el gobierno de la casa) y la crematística (los negocios),
ensalzando la primera y criticando la segunda, por razones morales. Aristóteles
enseña que la organización de la economía y del Estado debe orientarse por la
búsqueda del bienestar y la felicidad de los ciudadanos, y con este criterio el
conocimiento económico consiste en distinguir y juzgar lo que está bien y lo
que está mal en ella. Pero es más realista que Platón respecto a la naturaleza
humana, lo cual lo lleva a la importante afirmación económica (no propiamente
ética) de que “lo que es común a muchos obtiene un mínimo de cuidado, pues
todos se preocupan de sus cosas propias, y menos de lo común, o tan sólo en lo
que les atañe”.
En la Edad Media, con la filosofía cristiana y la escolástica, la ética
continúa siendo entendida como la guía práctica de la actividad económica,
lo que se intenta lograr a través de la enunciación de “preceptos”, como los
relativos a la propiedad, a la usura, al trabajo, al salario, al
desprendimiento de la riqueza, al sentido social de ésta, etc. Si bien se
entiende que la economía es algo que como realidad es independiente, todo el
saber económico apunta a subordinarla a la ética. De este modo el conocimiento
económico se manifiesta en forma de enunciados sobre el “deber ser” de las
decisiones económicas. La economía es sierva de la ética, de igual modo
que la filosofía es sierva de la teología, en una estructura del saber
jerarquizado, en cuya cima se encuentra la teología.
Esta etapa de la relación entre economía y ética culmina en la
magnífica Utopía de Tomás Moro, que consta de dos libros.
El primero describe críticamente la situación económico-socio-cultural de
Inglaterra en ese tiempo, describiendo la ruina de los artesanos, el despojo de
los campesinos, el encarecimiento de la vida, el auge del vicio y de la
indigencia y la vagancia. Es una crítica ética de la economía. Que continúa en
el segundo libro, en que Tomás Moro formula cual debiera ser el orden económico
justo, la Utopía económica que corresponde al modelo de una economía ética, guiada
por la ética. Tanto el análisis de la economía como el proyecto de la economía
están basados en la ética, subordinados a ésta.
La separación del análisis científico de los hechos sociales y económicos
respecto al juicio y guía moral sobre ellos tiene lugar en los albores de la
época moderna, y sus inicios pueden atribuirse a Nicolás Maquiavelo,
considerado el fundador de la ciencia política, y a quien erróneamente se ha
atribuido la afirmación de que “el fin justifica los medios”. Maquiavelo nunca
afirmó esto, sino que le fue atribuido por quienes no comprendieron la
revolución intelectual que cumplía al afirmar que “Si un príncipe (o
gobernante) se quiere mantener en el poder, debe aprender a ser no bueno,
y a usarlo o no usarlo según la necesidad del momento”. La afirmación “el
fin justifica los medios” es un enunciado ético para justificar cierto
comportamiento. En cambio la afirmación que hace Maquiavelo es un riguroso
enunciado científico sobre cómo funcionan la política y el poder, donde los
objetivos se logran con independencia respecto a la ética.
Entre la segunda mitad del siglo XV y mediados del XVII aparece la teoría
económica conocida como “mercantilismo”, que por primera vez examina la
economía como realidad objetiva independiente de las doctrinas. Las
formulaciones de J.B.Colbert, William Petty, John Locke, John Law, etc.
constituyen el comienzo del proceso de autonomización de la ciencia económica
respecto a la ética; pero es una separación precaria, pues todavía se busca
apoyo moral para las formulaciones y propuestas económicas. En efecto, en un
contexto cultural dominado por las concepciones religiosas, el mercantilismo
busca todavía una fundamentación ética, o más exactamente, encuentra una
justificación ética en el pensamiento de Calvino y en la Reforma Protestante,
que dan una valoración positiva de la actividad económica, de los negocios y
del enriquecimiento personal y de las naciones.
Es importante tener en cuenta la función cumplida por la reforma
protestante en este cambio de perspectiva. Max Weber examina en su obra La
ética protestante y el espíritu del capitalismo, de qué modo la Reforma
estableció los fundamentos doctrinarios y éticos necesarios para justificar el
‘espíritu del capitalismo’, que identifica en la búsqueda racional de las
ganancias económicas y que supone la dedicación a los negocios como una
actividad que no es ‘mundana’ sino necesaria y éticamente justificada. La
justificación protestante del espíritu capitalista se desenvuelve
en varios momentos teóricos, estando su origen en la separación efectuada
a nivel teológico entre la salvación del alma de las personas respecto de su
comportamiento. Si la salvación está predeterminada por la Providencia y no
depende del ejercicio de las virtudes, la predilección divina de los individuos
puede encontrar manifestaciones ya en este mundo a través del éxito y el logro
de una situación de bienestar económico. Este momento conceptual era
indispensable, habida cuenta de la concepción cristiana que ponía a los pobres
como privilegiados divinos y a los ricos arriesgando su salvación. Por cierto,
la ética protestante valora el bienestar y la riqueza solamente cuando son
obtenidos mediante el esfuerzo personal y el trabajo, la vida modesta y el
ahorro, la creatividad y el espíritu emprendedor.
Después de Maquiavelo, todas las ciencias sociales, incluida la economía,
siguiendo en ello al filósofo empirista que fue también economista e
historiador David Hume, separan rigurosamente los juicios sobre los hechos de
los juicios de valor, el análisis de la realidad considerada objetiva (de lo
que es) del análisis del deber ser (considerada una cuestión subjetiva). Así,
por ejemplo, la sociología comienza con Durkheim que identifica el principio
metodológico de “tratar los hechos sociales como cosas”. Es la gran
revolución epistemológica realizada por el positivismo, que marca la ruptura de
la conciencia moderna respecto a las filosofías anteriores y la conciencia
antigua y medieval. De la conciencia como sujeto ético se pasa a la conciencia
como sujeto cognitivo.
La independencia definitiva del pensamiento económico respecto de la ética
se cumple con la Fisiocracia (Francisco Quesnay) y más marcadamente con el
liberalismo, que grafica esta independencia en la famosa frase “laissez
faire, laissez passer” de Vicente de Goumay. El proceso teórico culmina en Adam
Smith, considerado por muchos como el fundador de la ciencia económica moderna.
Smith era un filósofo y su primera obra “Teoría de los Sentimientos Morales”
tenía un marcado carácter ético en cuanto se centraba en el estudio de la
conducta humana. Pero la obra por la cual se lo reconoce como economista
– La Riqueza de las Naciones- establece
que los objetivos de la economía son: a) permitir que la gente se proporcione
ingresos, y b) proporcionar al Estado los ingresos crecientes que le permitan
la prestación de los servicios públicos.
La ética ha desaparecido así de los objetivos de la economía, y también del
análisis económico. En efecto, Adam Smith plantea que la economía se caracteriza
por hechos constantes y uniformes que se repiten y constituyen leyes. Es así
que formula como principios y leyes principales de la economía tras el logro de
sus objetivos de generar riqueza: a) el interés propio como motor de la
actividad; b) la competencia como impulsor de la eficiencia; c) la ley de la
oferta y demanda como mecanismo regulador, y d) la ley del valor del trabajo
como fundamento de la acumulación económica.
La ciencia económica continuará desde entonces y hasta nuestros días como
una disciplina que analiza los hechos y propone modelos teóricos exclusivamente
en base a la información empírica interpretada por conceptos supuestamente
referidos a los hechos, relaciones y procesos prácticos, ajena a toda
consideración ética. Ello es así incluso en la teoría crítica marxista, toda
vez que Marx y sus seguidores no abandonan el concepto de que la economía se
encuentra regida por leyes, tanto en su continuidad como en la transformación
de un modo de producción a otro, sin poner la menor expectativa de que los
cambios económicos puedan provenir de decisiones y formulaciones éticas que
adopten los individuos y los grupos.
El proceso de independización de la economía respecto de la ética llega a
su máxima expresión con Keynes, que por primera vez reconoce y formula
algo que estaba implícito en autores anteriores, a saber, que la economía
funciona de manera adecuada cuando se organiza contrariando directamente los
principios éticos tradicionales. Escribe Keynes textualmente: “Cuando más
virtuosos seamos, cuando más resueltamente frugales, y más obstinadamente
ortodoxos en nuestras finanzas personales y nacionales, tanto más tendrán que
descender nuestros ingresos cuando el interés suba relativamente a la
eficiencia marginal del capital. La obstinación sólo puede acarrear un castigo
y no una recompensa, porque el resultado es inevitable. Por tanto, después de
todo, las tasas reales de ahorro y gasto totales no dependen de la precaución,
la previsión, el cálculo, el mejoramiento, la independencia, la empresa, el
orgullo o la avaricia. La virtud y el vicio no tienen nada que ver con ellos”. (Keynes,Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, pág. 105)
Keynes es abundantemente reiterativo, y propone para ilustrar sus conceptos la
fábula “El panal rumoroso o la redención de los bribones” cuyos versos
principales rezan así: “Ay, pero en este concierto / del comercio y la
honradez / el panal de antigua prez / se va quedando desierto! / Pues si el
vicio a chorro abierto / despilfarraba millones / alimentaba a montones / que
hoy se quedan sin oficio / y echando de menos el vicio / emigran a otras
regiones. / Porque si bien se repara / la insobornable virtud / no es prenda de
la salud ...”
De este modo la racionalidad ética parece haber perdido la partida
histórica en que se ha enfrentado con la racionalidad científica. Sin embargo
la ética no se ha dado por vencida, y en la economía moderna ha mantenido
la presencia de su discurso, buscando eficacia práctica por tres caminos
diferentes.
El primero ha sido el de plantear formas económicas éticas como
propuestas alternativas a las predominantes. Así el cooperativismo, el
comunitarismo, y más recientemente, las finanzas éticas, el consumo ético, el
comercio justo, etc. En todos estos proyectos, se proponen modelos de unidades
económicas (producción, distribución y consumo) derivados de principios éticos;
pero tienen un problema que no logran resolver, y es que no son verdaderamente
eficientes, exigen sacrificios a sus participantes (cuando la lógica de la
economía es la de maximizar los beneficios y el bienestar), y finalmente no
logran consolidarse ni expandirse en el mercado, permaneciendo como islas
testimoniales marginales respecto a la economía en su conjunto.
El segundo camino ha sido buscar la subordinación de la economía a la ética
a través de la acción del poder social y político. Las razones éticas
proporcionan argumentos a las luchas sociales de los sectores que
experimentan la marginación o la subordinación económica, y a las corrientes políticas
que las convierten en políticas del Estado y que imponen, por la vía de la
autoridad y las regulaciones, las exigencias éticas sobre la economía. Los
resultados parciales que se han logrado por esta vía suelen ser fuertemente
resistidos por los economistas en cuanto implican sacrificios de la eficiencia
macroeconómica, y en realidad no constituyen una genuina validación de la ética
sino de la razón política por sobre la razón económica.
El tercer modo en que se mantiene vigente el pensamiento ético sobre
la economía es a través de propuestas intermedias que buscan algún equilibrio
entre la búsqueda de la eficiencia económica y las exigencias de la
ética. Se sacrifica en parte la racionalidad económica y se moderan las
exigencias de la racionalidad ética, en una suerte de compromiso cultural.
Conceptos como los de responsabilidad social empresarial, salario ético,
políticas redistributivas, van en esta dirección. El problema es que tales
equilibrios intermedios dejan insatisfechas tanto a las razones de la economía
como a las de la ética, debiendo ambas renunciar a sus reales aspiraciones de
coherencia y consecuencia.
El problema de fondo que ponen estas tres maneras de enfrentar el problema,
así como toda la evolución histórica del conocimiento económico, es que en
realidad la ciencia económica tiene razón cuando sostiene que la subordinación
de la lógica económica a la ética, o más exactamente, las interferencias de
ésta en el mercado capitalista, implican sacrificar parte de la eficiencia
económica de este modo de organización económica. Sé que esta afirmación puede
ser y ha sido discutida con diversos argumentos, pero creo poder afirmar que la
evidencia histórica es al respecto decisiva y contundente.
¿Significa esto que la ética debe renunciar a su intento de obtener que la
economía proceda siempre hacia el bien social y que cumpla el
objetivo de favorecer el más completo desarrollo humano, contribuyendo
a crear las condiciones para que se instalen los valores en la
vida social y las virtudes en las conductas de los individuos?
No es la conclusión necesaria de este análisis. Hay una respuesta
diferente, que no va en la dirección antigua y medieval de subordinar la
economía a la ética, ni en la dirección moderna de mantenerlas separadas de modo
que la razón ética no interfiera en la razón económica. Se trataría de algo
completamente distinto y nuevo, consistente en introducir la razón ética en la teoría económica, esto es, desplegar una
nueva estructura del conocimiento científico, que lo haga capaz
de reconocer con rigurosidad científica las exigencias de la ética en el
razonamiento y el análisis propiamente económico.
Es lo que creemos haber de algún modo realizado en la teoría económica
de la economía de solidaridad, y en
la Teoría Económica Comprensiva que la
fundamenta. Algunos ejemplos de ello – que por razones de espacio y de tiempo
nos limitamos a enunciar solamente para dar una idea del significado de esta
propuesta teórica, son:
- La elaboración de un
nuevo concepto de eficiencia, que no limita la utilidad económica a la
rentabilidad del capital ni los costos al pago de los factores implicados en la
actividad, sino que considera en el análisis todos los beneficios y los
sacrificios humanos, sociales y ambientales involucrados en la actividad
económica.
- El concepto del “Factor
C” como expresión económica de las virtudes y relaciones de solidaridad,
cooperación, compañerismo, etc. en cuanto constituyentes de una fuerza o factor
productivo real, al que debe reconocerse su particular productividad y
contribución en la generación de la riqueza.
- El reconocimiento de las
relaciones y flujos de reciprocidad, donación, compensación, comensalidad,
cooperación y otros tipos de relación que incorporan un importante contenido
ético, como componentes internos del proceso de distribución de la riqueza, y
que es preciso integrar al análisis teórico del mercado y la circulación.
Un nuevo concepto
de empresa, como organización económico-social que integra la subjetividad de
todos los sujetos que la conforman, aportando cada uno sus propios valores,
energías y potencialidades en la generación del producto.
SOBRE EL APORTE QUE HIZO FRANCISCO DEL TEMA"FILOSOFIA Y ECONOMIA
ResponderEliminarHaciendo un recorrido por la evolución histórica del pensamiento económico me ha hecho conocer el tema de la Ética y la Economía, desde Platón a nuestros días y su interrelación. Como actúan una inspirando a la otra o independizándose la Economía de la Ética cuando priman los intereses económicos sobre los virtuales. Los principios éticos siempre los escucho en los discursos inaugurales de cada gobierno, pero con el transcurso del tiempo los objetivos se diluyen hasta desdibujarse.
He conocido a lo largo del trabajo de Francisco todos los componentes de un proceso económico y como se van agregando otros surgidos por las necesidades propias de un determinado momento .En la actualidad cuanta importancia se le da a los procesos sociales( y está bien) y a los conceptos de propiedad, salario justo, trabajo, usura, riqueza y sentido social de la misma .Según el aporte de Francisco Economía "es la administración recta y prudente de los bienes y que existe Economía porque " muchas cosas que se necesitan no se dan en abundancia". Pienso que un gobierno tiene que procurar el "bienestar" de cada uno de los ciudadanos desde el escalón social más bajo y ascender, para hacer una justa distribución de los recursos y por supuesto perseguir el progreso de los mismos, es su correlato."Bienestar" es sinónimo de casa, hogar, alimento, salud, educación, justicia, recreación, salario justo etc., en fin, dar oportunidad de ascenso social que es lo que engrandece a una nación.
Pero qué sucede cuando la Economía en vez de administrar escasez, como dice su original concepto, tiene la suerte de administrar abundancia de recursos de
diversa índole como sucede en nuestro país y en cambio se genera cada vez más pobres?
La administración económica es errante, los comportamientos son soberbios, las ambiciones desmedidas, y el afán de enriquecimiento de los grupos poderosos es asfixiante.
El trabajo de Francisco propone "el cooperativismo “como una de las formas de Economía Ética .Creo que sí es un buena forma, pero agotada. Las cooperativas hoy en nuestro país son “un relicto" de otras formas económicas que surgieron con la llegada de los inmigrantes en la gran oleada europea y asiáticas de principios de siglo .Surgieron para agrupar a los "pequeños” productores agropecuarios, obreros, artistas, comerciantes, campesinos, artesanos para proteger sus esfuerzos de los "grandes" que se unían en "sociedades”. Las cooperativas cumplieron un rol importante en el asentamiento de los pueblos dando servicios esenciales, fueron además aglutinadores de jóvenes que se formaban en los principios democráticos, de progreso ,cooperación y ética .Fueron importante soporte financiero de gran prestigio moral .El esfuerzo aportado por cada miembro se distribuía de acuerdo a las necesidades de cada uno .En nuestro país´ lograron consolidarse y se expandieron en el mercado .Desaparecieron muchas cooperativas por causa de repetidas" inflaciones" y agobiadas económicamente no soportaron el embate del momento .Actualmente las que subsisten tienen una lucha permanente con los capitales extranjeros que siempre "triunfan".
Hoy no solo Argentina está en una situación preocupante, son muchas las naciones en busca de mejores horizontes, los conflictos surgen y surcan por doquier, los motivos son diversos, pero me parece que todo se resume en la lucha desigual ,no ya del "hombre por el hombre" sino del "hombre sobre el hombre”. Los científicos e intelectuales tienen mucho para replantear y aportar.
Hace pocos días escuché al economista Bernardo Kliksberg decir que" se nota un vacío ético en la política y en consecuencia en la economía (hablando en general para todas las naciones).FELICITACIONES Francisco por el trabajo presentado y a vos EDUARDO por la orientación en el estudio de cada tema que presentan!!! HASTA PRONTITO.
Amiga María Inés: Me permito tratarte así por el feliz motivo de compartir algo magnifico: ambos somos alumnos del un gran maestro: nuestro querido Eduardo.
EliminarQuiero, en primer lugar, que me disculpes por no haber contestado antes a tus comentarios sobre mi trabajo. Y aunque nunca es disculpa el tener otras tareas que atender, debo decirte que estos días en que comenzamos con los talleres en el colegio, son de muchas horas de trabajo hasta que todo se pone en marcha. Además de estar celebrando estos días las fiestas del Pilar, la más importante para nuestra ciudad de Zaragoza.
En segundo lugar, quiero agradecerte muy mucho, tanto el que hayas leído y comentado mi trabajo, además de alabarlo, cosa que no merezco. De todo corazón gracias.
Querría hacer algún comentario a tus observaciones. Estoy completamente de acuerdo cuando dices: “La administración económica es errante, los comportamientos son soberbios, las ambiciones desmedidas, y el afán de enriquecimiento de los grupos poderosos es asfixiante”. Precisamente por ser esto así, entiendo que los que no estamos en las “élites asfixiantes” debemos de organizarnos para poder existir a pesar de ellos; y si es posible combatirlos con los medios a nuestro alcance como pueden ser las cooperativas. También es cierto que el espíritu que debe tener el cooperativista está muy reñido con lo que tantas veces he escuchado en mi país, y que dice: “cada español tiene un rey dentro de sí”. No sé si en tu preciosa patria, también ocurre algo parecido.
Deseo terminar con las citas de dos personajes. Uno ya desgraciadamente fallecido y que dijo: “ Que para él era fundamental que toda persona: 1º) impulsara la solidaridad. 2º) Obviara los incentivos materiales. 3º) Buscara el bien común”. Fue el Che Guevara.
El otro, felizmente vivo, y ojala por muchos años, que nos habla de luchar: “Pero no hay milagro, eso es pura poesía, tu progreso sale del trabajo, del compromiso, de la ciencia, de la seriedad, del levantarse todos los días y volver a empezar, y sentir una derrota. Y, finalmente, tengo el derecho de gritar que en este mundo derrotados son solo aquellos que dejan de luchar”. El gran José Mújica.
Recibe un cariñoso abrazo.
Francisco: Muchas gracias por el trato amable que me brindás y por interesarte en mis comentarios sobre tu preciado aporte sobre Filosofía y Economía y por supuesto muy feliz de haberme reencontrado con Eduardo e invitarme a participar.
ResponderEliminarEn tu trabajo concuerdo con la propuesta de “cooperativismo” como una de las formas de Economía Ética.
Mi padre era un cooperativista activo y muchos conocimos los beneficios que brindaban esas organizaciones; por supuesto el espíritu que guiaba la acción a seguir nada tenía que ver con el actual dicho tan usado entre los argentinos que dice:”sálvese quien pueda”, que es su equivalente en España al:”cada español tiene un rey dentro de sí” .El dicho encierra puro egoísmo, lo contrario al espíritu altruista de las cooperativas.
Y en cuanto a las citas del Che Guevara que nombras las acepto convencida que así se debe actuar.
Y con respecto a los dichos del ex –presidente Mujica concuerdo que: el progreso personal “no cae del cielo”. Es puro esmerarse: estudiar, trabajar, complementarse, sacrificarse y si hay algún tropiezo… levantarse y continuar.
Nuevamente, Felicitaciones Francisco. Un cariñoso abrazo..