martes, 11 de agosto de 2015

Cristina Díaz Carrère: el papel de la fe.

El papel de la fe en el ser humano. 
(Reflexiones y conclusiones experienciales).
¿Sabes lo que es la noche oscura del alma?
Sí, es una crisis.
Una crisis existencial pero no una cualquiera. Es aquella en que comienzo a darme cuenta de que mi vida no es lo mismo que mi existencia plena. Y, por ello, incluso no sabiendo que me estoy dando cuenta de eso en concreto, toda mi vida parece vacía y sin sentido. Todas sus facetas se desintegran. Mi punto de vista sobre mí y sobre todo lo que configura mi vida hasta el momento, se me vuelve un simple cúmulo de sinsentido. Ocurre de un modo que no es racional, por lo que el abismo que abre puede ser inmenso para la mente.
Toma distintas formas según la persona y sus circunstancias. Por momentos puede asemejarse a locura o a depresión, y es tan inaprensible para quién la vive como incomprensible para quiénes le rodean.
Es muy grande el desajuste entre lo que había sido la realidad y lo que quiere empezar a ser. El detonante, de haber alguno, puede ser cualquier cosa que enfrentas en el camino, una coyuntura particular de varios factores o una disyuntiva. Digo de haber alguno, porque mi vivencia particular fue que me cayera un jarro de agua fría. Se derramó sobre mí.
Enfrentaba una ruptura sentimental dolorosa. Mi situación personal sumaba a esto un sentirme abrumada por la vida con sus imposiciones materiales y el tener que hacerme camino. Y era joven: era el momento de elegir profesión, emprender la marcha hacia quién iba a ser. Nada que cualquier otra persona de mi estrato social y cultural no haya vivido.
En mi entorno la interpretación general era que tenía el corazón roto y debía superarlo. No digo que mi corazón estuviera en perfectas condiciones, nada en mí lo estaba, y quizá, si sólo hubiera sido eso, la experiencia hubiera sido muy diferente. Me era imposible comunicar dónde me encontraba, no tenía ni las palabras ni la experiencia para hacerlo. Estaba sola ahí. En ninguna parte. En un territorio interior desconocido y muy intenso.
Los amigos más intrépidos me dictaban los pasos a seguir para ordenar mi vida. Yo les escuchaba y mi inteligencia sabía que ese era el camino para re-engancharme a dónde había estado o debería estar. Mi corazón, o la intensidad que sentía en algún lugar de mí, me alertaba en contra. Esta disyuntiva me imposibilitaba tomar el consejo u otra acción. No había claridad en mí y no deseaba moverme hasta que la hubiera. Me daba miedo no moverme en esa dirección usualmente correcta y también me daba miedo hacerlo. Recuerdo mucho miedo.
Los amigos menos amigos no soportaron mi dolor y se alejaron en oleadas.
Los amigos más amigos fueron testigos de algo en mí que, seguramente, les dolía y no entendían del todo. Ellos me sufrieron todo aquel tiempo. Me acompañaron porque quisieron, cada uno a su manera, por aquel largo periodo de alrededor de dos años. Recuerdo también mucho dolor, mucha tristeza.
--------------------------------------------------
Cualquier cosa que no fuera estar sola o durmiendo me resultaba agotadora y tediosa. Salvo las muy puntuales ocasiones en que conseguía distraerme de mí misma, escasísimas en ese periodo… En ese estar sola, algunas veces encontraba alivio en forma de inspiración. Escribiendo algunos pensamientos que cobraban vida hasta conclusiones reveladoras o también en ensoñaciones. En la primera parte de esta larga noche, éstas dos cosas fueron las únicas que me mantenían conectada a la vida, dándole algún atisbo de algo similar a un rudimentario significado.
En el escribir, escribía sobre cosas que me pasaban por la cabeza, sin que tuvieran ninguna relación directa con mi experiencia. A veces reflexiones sobre posibles significados metafóricos de pasajes de la biblia, a veces observaciones sobre la naturaleza de las emociones a diferencia de sentimientos, a veces impresiones sobre el punto de vista de un insecto… Cogía el hilo de un pensamiento sentía ganas de escribirlo y al hacerlo me llevaba a un lugar que nunca se me había ocurrido. Me sorprendía de las conclusiones a las que llegaba. Las sentía simples, evidentes y a la vez totalmente nuevas para mí. Las leía y me hacían sentir algo, como si brillaran… Siempre me había gustado escribir, de pequeña era una de mis actividades favoritas, esconderme para imaginar y escribir a solas. Y esa sensación. Esa sensación que no había vuelto a tener en años.
------------------------------------------
Con apenas fuerza vital me adentré en aquellas duras sesiones de adiestramiento actoral, sin ningún fin, sólo sintiendo que ir era lo único que podía hacer y me sumergía en ellas. En las horas que duraban todo se distorsionaba para mí: me aturdían, me agotaban y confundían lo que yo era –o creía ser- con lo que hacía –o pretendía hacer-. La confusión mental que ello me producía también me liberaba de algún modo de mí misma y podía sentir o atisbar algo extraño para mí y a la vez confortante: algo más allá de mí que me sostenía y movía y de lo que también yo formaba parte. Torpe y sin entender nada: aquello tenía sentido para mí. No el entrenar para, no el mejorar mis capacidades interpretativas o llegar a ningún fin con ello… si no ese sentir en particular. A veces no aparecía, y a veces era molesto, ensordecedor y algo dentro parecía no resistirlo, y a veces su influjo me acompañaba días y me sentía en ellos arrebatada, sobrevolaba escaleras en vez de caminarlas y volvía ligero mi quehacer. El misterio que en ello palpitaba, lo que fuera que había ahí para saber o descubrir, eso es lo que para mí tenía sentido del vivir; y comenzó mi investigación, una búsqueda desde la nada que acabó por conectarme con quién era antes de toda esta negrura. Esa búsqueda recuperó lo que perdí y me había dejado, (esa pérdida) sin yo saberlo, en el estado en que estaba. Esa curiosidad en lo intangible, ese nuevo interés por algo, me salvó y me cambió para siempre.
-------------------------------------------------------
Algunos me consta que consideran esto un llamado para algunos, un llamado a lo espiritual reservado a unos pocos. A otros, más religiosos, decir esto les sonará a osadía ignorante. Otros decidirán que es una experiencia sin la menor importancia vital, que no entra en los cánones de lo que cuenta… Yo no pienso de ninguna de estas maneras. Yo lo experimenté, y lo sigo experimentando, y, después de diez años de aquello, con mayor entendimiento: como un retorno, un descubrimiento de algo que no me es propio; desde luego no a mí y tampoco creo que a unos pocos. Si bien cambió por completo el curso de mi vida, que aún hoy es incierto, me siento afortunada de, tan pronto en la vida, haber contemplado y haber reunido el valor de volverme hacia lo que a todos nos es común.
Intento elaborar ahora algunas conclusiones en mi pensamiento, sólo las que me parecen menos discutibles y más razonadas:
Vivir, estar vivo y saberlo nos es común (me centro en el ser humano por no abordar otros debates) esto implica muchas cosas: unas comunes y otras que difieren atendiendo al lugar y condición en que toca nacer o vivir. Me atrevo a aventurar que en la búsqueda de un sentido, un por qué o para qué posibles, es lógico partir de las comunes; puesto que incluso la pregunta forma parte de dichas cosas comunes. Y si cada individuo se cuestionara esta pregunta fundamental (o pudiera hacerlo) de manera seria y sistemática, tal vez –digo tal vez- no pudiera ser formulada por ninguno su conclusión última por ininteligible o inexorable, pero fuera cual fuere dicha conclusión y llevase el nombre que le diese (Dios, Gran Misterio, Wakan Tanka, Alá, Universo, Naturaleza, Tao…) conduciría inevitablemente a un vivir similar, a una comprensión similar de sí mismo y del mundo. Uniría en vez de separar. No procede en este texto expresar cómo creo que esto se daría. Y sé que no uniría en el miedo, la esclavitud o la ignorancia, como hasta ahora han ejercido instituciones de poder o creencias tomadas de lo externo sin experiencia o cuestionamiento. Uniría seres sabios en lo profundo, seres intensamente libres y con una fortaleza y valor de los que verdaderamente cuentan.
Me baso en la certeza de que Conocer libera. Conocer engrandece. Conocer empodera. Por tanto llegar a conocer lo trascendente que hay en mí, que es ajeno a mi intelecto y lo trasciende, completa mi conocimiento. Negar que existe esta faceta en mí como humano –como experiencia íntima- es mentir o es un síntoma de cobardía extrema o, en todo caso, de ignorancia y auto-desconocimiento aberrante y enfermizo en un adulto. Una pérdida, una vida que se niega a madurar.
Añado: creer por creer, por consuelo o desorientación, sin vivenciada certeza, lo que me dicen o lo que corresponde a mi cultura, es de una ingenuidad peligrosa y genera esclavos.
Igual que históricamente ha venido ocurriendo, es un camino más accesible materialmente para pensadores, intelectuales y acomodados, que si logran vencer la cerrazón del intelecto y abrir su mente, cuentan con la comodidad necesaria para avanzar las duras pruebas a través de sí mismos con las necesidades básicas cubiertas y los recursos a su alcance. En su defecto enormes presiones o sufrimientos pueden abrir la brecha de acceso y también eventos o revelaciones… Siempre es un adentramiento solitario y para valientes. 
-----------------------------------------
Así es mi fe. Así creo que el mundo que ves puede cambiar. Así he visto que ocurre en mí y en otros. Tal vez he visto aún tan poco que sólo he hallado lo común (a pesar de haber contrastado lo que la vida me ha propuesto generosamente en culturas y condiciones…) No soy dueña de la verdad, sólo de mis conclusiones.
Simplemente creo con firmeza que la fe* es la clave de la comprensión de la felicidad y el sufrimiento, la llave que completa y conduce al ser humano al Buen Vivir, el convivir y al entendimiento de lo que ello significa… 
* (Entiendo la fe libre de nombres y preceptos. Entiendo la fe como algo a conquistar y ejercer de modo consciente y voluntario una vez hallado).
CRISTINA DÍEZ CARRÈRE (Para La Filosofía como Terapia).
(Extracto del texto original presentado por la autora para el Grupo Filosofía como Terapia en mayo pasado)


1 comentario: