Sábado de gloria.
El pasado sábado fue de gloria para mí. Y no estamos en
Semana Santa; ni el “desgobierno” que padecemos había editado un decreto. Pero
sin duda fue un día muy especial. A pesar de que mi llegada Madrid fue con unos
minutos de retraso.
En la puerta del establecimiento me recibió, con su
eterna y bella sonrisa, Rocío.
Al llegar a la mesa de la reunión, donde se me esperaba, tuve
la gran alegría de ser presentado a Victoria, a la que solo conocía por
fotografía, y por unas pocas palabras que crucé hace bastante tiempo, en una de
mis llamadas a Eduardo. Gracias Maestro por tu delicadeza. Así mismo fui
saludando a los nuevos compañeros del grupo: Sara, Janeyre y Leticia. Minutos
más tarde pude darle un fuerte abrazo a Javier. Se completó el grupo con la
llegada de Alex.
La mañana transcurrió, como todo lo agradable, en un
suspiro, y en torno de las 2 de la tarde, y después de las fotos de rigor, que
dejan constancia de nuestra reunión, fuimos a pasear por un sitio que me
encantó: Lavapiés. El ambiente de sus calles era magnifico, con una cantidad de
gente de todo tipo que llenaba las terrazas de los bares. En una de ellas nos
sentamos a tomar un aperitivo, y aprovechamos para cambiar de impresiones y
charlar entre amigos. Se fueron despidiendo los compañeros en función de sus
obligaciones, quedándonos solo los tres: Victoria, Eduardo y yo. Me mostraron
algunos lugares curiosos del barrio que me siguieron encantando por su
originalidad, y por supuesto el variadísimo paisanaje que circulaba por sus
calles. Terminamos en un curioso restaurante
marroquí, donde comimos. Me acompañaron hasta la próxima boca del Metro, y
allí, con harto dolor de mi corazón, terminó la jornada.
La parte didáctica, comenzó con una presentación de
nuestro Maestro, sobre el tema que nos había propuesto: Epicuro. Como siempre
nos dio una lección de filosofía, que dio paso a una presentación sobre el
mismo tema por parte de Alex. Terminada esta, se estableció un animado coloquio
en el que fuimos interviniendo todos los presentes. Lo pasé tan bien, que, como
siempre me ocurre en estas ocasiones, cuando me quise dar cuenta, el tiempo se
había terminado. Gracias a todos los compañeros por contribuir a gozar de una
jornada tan estupenda.
Y a ti, querido Eduardo, decirte que nunca te pagaré la
oportunidad que me diste, y me sigues dando, desde el momento de nuestro primer
encuentro, para poder participar en algo tan maravilloso como son estos
encuentros y, sobre todo, tus enseñanzas.
Un fuerte abrazo para todos.
Francisco.
Magnífico comentario, Francisco.
ResponderEliminarComo siempre, debo agradecerte tus afectuosas apreciaciones.
Un fuerte abrazo.