martes, 29 de octubre de 2013

Sábado de gloria.

      El pasado sábado fue de gloria para mí. Y no estamos en Semana Santa; ni el “desgobierno” que padecemos había editado un decreto. Pero sin duda fue un día muy especial. A pesar de que mi llegada Madrid fue con unos minutos de retraso.

     En la puerta del establecimiento me recibió, con su eterna y bella sonrisa, Rocío.

     Al llegar a la mesa de la reunión, donde se me esperaba, tuve la gran alegría de ser presentado a Victoria, a la que solo conocía por fotografía, y por unas pocas palabras que crucé hace bastante tiempo, en una de mis llamadas a Eduardo. Gracias Maestro por tu delicadeza. Así mismo fui saludando a los nuevos compañeros del grupo: Sara, Janeyre y Leticia. Minutos más tarde pude darle un fuerte abrazo a Javier. Se completó el grupo con la llegada de Alex.

     La mañana transcurrió, como todo lo agradable, en un suspiro, y en torno de las 2 de la tarde, y después de las fotos de rigor, que dejan constancia de nuestra reunión, fuimos a pasear por un sitio que me encantó: Lavapiés. El ambiente de sus calles era magnifico, con una cantidad de gente de todo tipo que llenaba las terrazas de los bares. En una de ellas nos sentamos a tomar un aperitivo, y aprovechamos para cambiar de impresiones y charlar entre amigos. Se fueron despidiendo los compañeros en función de sus obligaciones, quedándonos solo los tres: Victoria, Eduardo y yo. Me mostraron algunos lugares curiosos del barrio que me siguieron encantando por su originalidad, y por supuesto el variadísimo paisanaje que circulaba por sus calles. Terminamos en un curioso  restaurante marroquí, donde comimos. Me acompañaron hasta la próxima boca del Metro, y allí, con harto dolor de mi corazón, terminó la jornada.

     La parte didáctica, comenzó con una presentación de nuestro Maestro, sobre el tema que nos había propuesto: Epicuro. Como siempre nos dio una lección de filosofía, que dio paso a una presentación sobre el mismo tema por parte de Alex. Terminada esta, se estableció un animado coloquio en el que fuimos interviniendo todos los presentes. Lo pasé tan bien, que, como siempre me ocurre en estas ocasiones, cuando me quise dar cuenta, el tiempo se había terminado. Gracias a todos los compañeros por contribuir a gozar de una jornada tan estupenda.

     Y a ti, querido Eduardo, decirte que nunca te pagaré la oportunidad que me diste, y me sigues dando, desde el momento de nuestro primer encuentro, para poder participar en algo tan maravilloso como son estos encuentros y, sobre todo, tus enseñanzas.

Un fuerte abrazo para todos.  

Francisco.


1 comentario:

  1. Magnífico comentario, Francisco.
    Como siempre, debo agradecerte tus afectuosas apreciaciones.
    Un fuerte abrazo.

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