jueves, 5 de septiembre de 2013

Sobre algunas coordenadas para empezar a pensar la suerte de uno en la vida
                El otro día pensaba sobre mi suerte en la vida. Me pregunté ¿Qué hace que en la vida me vaya bien o me vaya mal? Con frecuencia escucho que achacamos nuestra buena o mala suerte a nuestras propias decisiones, habilidades y destrezas. También se suele atribuir nuestra situación a la perspectiva que adoptamos ante el mundo, de forma que una persona puede sentirse desgraciada en donde otra puede ser feliz. No seré yo quien niegue el peso de cada uno en la configuración de su historia personal ni la fuerza del sentido que cada uno da a su situación, pero creo que también hay que tener en cuenta cómo las circunstancias han condicionado nuestra libertad.

                En el capítulo XXV de El Príncipe de Maquiavelo podemos encontrar  una forma de tratar este tema. En él Maquiavelo habla de la Fortuna como una fuerza poderosa que altera las circunstancias de modo que  estas se vuelven adversas  o propicias impregnando la vida de un fatalismo u optimismo, según sea el caso, que nos predispone a dejarnos llevar por la situación. Es como "un río fatal que cuando se embravece inunda llanuras, echa a tierra árboles y edificios, arranca terreno de un paraje para llevarlo a otro". Sin embargo, no debemos caer en atribuir un peso excesivo a la fortuna porque ésta no anula nuestro libre albedrío, de forma que al menos nos deja espacios para la acción. Por eso contra los reveses del  destino podemos tomar precauciones cuando nos sonríe la vida. La fortuna solo bendice a aquellos que están preparados o inclinados a recibirla, golpeando a aquellos que no han puesto los medios para encauzarla. Con esto nos ofrece una visión de la importancia de las circunstancias cambiantes en los asuntos humanos, que, a veces, son como fuerzas que, si nos son contrarias y no estamos preparados, pueden arrasar las bases sobre las que se apoyaba nuestra vida.

                Las circunstancias pueden ser tan importantes para una persona que la sintonía entre nuestra forma de ser (nuestra naturaleza) y la época (los tiempos) puede ser una suerte. De hecho, Maquiavelo tomando como referencia la acción individual muestra que la consecución de los fines que se proponen los hombres no depende tanto de los medios como de que las circunstancias les sean propicias. Los medios son importantes pero no determinantes porque distintas personas usando los mismos medios pueden obtener diferentes resultados(2010,p.194). A la inversa, distintos medios pueden hacer que diferentes personas consigan resultados parecidos. Las inclinaciones a la hora de proceder si concuerdan con los tiempos que nos ha tocado vivir pueden llevarnos al éxito o al fracaso en los objetivos que nos proponemos. Que la fortuna nos sonría o que seamos presos de la fatalidad dependen de algún modo de los tiempos que nos encontramos. No se puede cortar los hilos de la fortuna, solo tejerlos de algún modo para conducirlos de una manera más propicia para nosotros (2010,p.276). Lo que Maquiavelo llama fortuna quizá sería hoy para nosotros la predisposición de los tiempos de una manera que crean unas condiciones que pueden sernos o no propicias.

                La razón es solo una parte para la consecución de los fines que nos proponemos. Pero es la única que aporta cierta libertad de acción y cierta claridad ante los acontecimientos. Contra la adversidad, Maquiavelo propone una noción de virtud como poder creativo para gobernar los acontecimientos y un talante para separarse de la predisposición a actuar que nuestra naturaleza nos impone. Esta tendencia puede deberse al desconocimiento, al no saber hacerlo, o al no asumir un riesgo por la experiencia previa del éxito. En todo caso ser prudentes, pensar las cosas y no dejarnos llevar por la rutina son elementos necesarios  para anticiparse a los acontecimientos y para construir un plan que frene la adversidad buscando la oportunidad de llevarlo a cabo. Todo esto hay que entenderlo en un sentido trágico, quizá como la propia vida del autor, llena de peripecias, en las que los continuos vaivenes de la política le llevaron tan pronto a verse como canciller a encontrarse encarcelado y sometido a torturas. También hay que verlo dentro de la separación de la política de la sabiduría práctica: aquí lo que importa es la supervivencia del más fuerte, mantener la dominación o aumentarla dentro de una lucha constante por la autoconservación.

                En conclusión, una forma de pensar la suerte que hemos corrido en la vida es mediante la oposición entre  aquellos determinantes fuera de nuestra propia esfera de acción y nuestro actuar práctico en el mundo. Nos va bien o mal no sólo por nuestras habilidades, decisiones y comportamientos, también influyen aquellas circunstancias que quedan fuera de nuestra influencia pero que a la vez, pueden ofrecer alguna ocasión para la acción. La respuesta que puedo ofrecer sobre mi suerte en la vida puedo buscarla en mis decisiones y el proceso que me llevó a tomarlas. Sobre todo debería tener en cuenta los hábitos fruto de los buenos momentos y, por último, observar las circunstancias, que como la fuerza  de una corriente de un río desbordado, nos sumergen arrastrándonos dentro de  los derroteros de la historia.

Bibliografía:
a)Nicolas Maquiavelo, El Príncipe, Edición Digital, Quirites Ediciones.
b) Moisés González, Introducción al Pensamiento Filosófico, Tecnos, 2010.

5 comentarios:

  1. Como dice el poeta: "Porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino" (A. Nervo)

    (Me gustó mucho tu publicación).

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  3. No conocía este poema de Amado Nervo. Para pensar el destino he partido del poema de R.Reis (F.Pessoa) Los jugadores de Ajedrez, del que extraigo este fragmento:

    CADA uno cumple el destino que le cumple,
    y desea el destino que desea;
    ni cumple lo que desea
    ni desea lo que cumple.

    Como las piedras en el borde de los canteros
    el Hado nos dispone, y allí nos quedamos;
    que la Suerte nos pone
    donde hemos de estar.

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  4. No sé la suerte que nos depara, supongo que estar donde estamos, aceptar esto o cambiarlo si podemos y así lo queremos.
    Mi suerte? muchísima.Depende de mi? no creo. y, entonces? solo me queda vivir, vivirme en el presente consciente y siguiendo el oráculo de Delfos conocerme a mí misma y así conocer el universo entero.

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  5. ¿Crees que lo único que podemos hacer es conocernos a nosotros mismos? O bien hacerlo a través del conocimiento del individuo (sujeto, cuerpo, conciencia...) para llegar al conocimiento del todo (objeto, naturaleza, universo...) o al revés partir del objeto para llegar al sujeto. Pero yo creo que el conocimiento de determinadas cosas están sujetas a cierta suerte, pero no una suerte de azar, de puro azar, sino a una suerte de una combinación de circunstancias que acontecen pero que son suerte por desconocidas. Algunos de los elementos de estas combinaciones los podemos conocer como por ejemplo, el estar donde estamos, las personas que nos rodean, algunas cosas del mundo en el que vivimos, algunas de nuestras inclinaciones pero otras no son imposibles, quedan fuera de nuestras posibilidades.

    Y esto es importante porque es una fuente de dolor o de felicidad para muchas personas.

    un abrazo! y gracias por contestar!

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