Sobre algunas coordenadas para empezar a pensar la suerte de uno en la vida
El
otro día pensaba sobre mi suerte en la vida. Me pregunté ¿Qué hace que en la
vida me vaya bien o me vaya mal? Con frecuencia escucho que achacamos nuestra
buena o mala suerte a nuestras propias decisiones, habilidades y destrezas.
También se suele atribuir nuestra situación a la perspectiva que adoptamos ante
el mundo, de forma que una persona puede sentirse desgraciada en donde otra
puede ser feliz. No seré yo quien niegue el peso de cada uno en la
configuración de su historia personal ni la fuerza del sentido que cada uno da
a su situación, pero creo que también hay que tener en cuenta cómo las
circunstancias han condicionado nuestra libertad.
En el capítulo XXV de El Príncipe
de Maquiavelo podemos encontrar una forma de tratar
este tema. En él Maquiavelo habla de la Fortuna como una fuerza poderosa que
altera las circunstancias de modo que estas
se vuelven adversas o propicias impregnando
la vida de un fatalismo u optimismo, según sea el caso, que nos predispone a
dejarnos llevar por la situación. Es como "un río fatal que cuando se embravece inunda llanuras, echa a
tierra árboles y edificios, arranca terreno de un paraje para llevarlo a
otro". Sin embargo, no debemos caer en atribuir un peso
excesivo a la fortuna porque ésta no anula nuestro libre albedrío, de forma que
al menos nos deja espacios para la acción. Por eso contra los reveses del destino podemos tomar precauciones cuando nos sonríe
la vida. La fortuna solo bendice a aquellos que están preparados o inclinados a
recibirla, golpeando a aquellos que no han puesto los medios para encauzarla.
Con esto nos ofrece una visión de la importancia de las circunstancias cambiantes
en los asuntos humanos, que, a veces, son como fuerzas que, si nos son
contrarias y no estamos preparados, pueden arrasar las bases sobre las que se
apoyaba nuestra vida.
Las circunstancias pueden ser
tan importantes para una persona que la sintonía entre nuestra forma de ser
(nuestra naturaleza) y la época (los tiempos) puede ser una suerte. De hecho,
Maquiavelo tomando como referencia la acción individual muestra que la
consecución de los fines que se proponen los hombres no depende tanto de los
medios como de que las circunstancias les sean propicias. Los medios son
importantes pero no determinantes porque distintas personas usando los mismos
medios pueden obtener diferentes resultados(2010,p.194). A la
inversa, distintos medios pueden hacer que diferentes personas consigan
resultados parecidos. Las inclinaciones a la hora de proceder si concuerdan con
los tiempos que nos ha tocado vivir pueden llevarnos al éxito o al fracaso en
los objetivos que nos proponemos. Que la fortuna nos sonría o que seamos presos
de la fatalidad dependen de algún modo de los tiempos que nos encontramos. No
se puede cortar los hilos de la fortuna, solo tejerlos de algún modo para
conducirlos de una manera más propicia para nosotros (2010,p.276). Lo que
Maquiavelo llama fortuna quizá sería hoy para nosotros la predisposición de los
tiempos de una manera que crean unas condiciones que pueden sernos o no
propicias.
La razón es solo
una parte para la consecución de los fines que nos proponemos. Pero es la única
que aporta cierta libertad de acción y cierta claridad ante los acontecimientos. Contra la adversidad,
Maquiavelo propone una noción de virtud como poder creativo para gobernar los
acontecimientos y un talante para separarse de la predisposición a actuar que
nuestra naturaleza nos impone. Esta tendencia puede deberse al desconocimiento,
al no saber hacerlo, o al no asumir un riesgo por la experiencia previa del
éxito. En todo caso ser prudentes, pensar las cosas y no dejarnos llevar por la
rutina son elementos necesarios para
anticiparse a los acontecimientos y para construir un plan que frene la
adversidad buscando la oportunidad de llevarlo a cabo. Todo esto hay que entenderlo
en un sentido trágico, quizá como la propia vida del autor, llena de peripecias,
en las que los continuos vaivenes de la política le llevaron tan pronto a verse
como canciller a encontrarse encarcelado y sometido a
torturas. También hay que verlo dentro de la separación de la política de la
sabiduría práctica: aquí lo que importa es la supervivencia del más fuerte,
mantener la dominación o aumentarla dentro de una lucha constante por la
autoconservación.
En conclusión, una forma de
pensar la suerte que hemos corrido en la vida es mediante la oposición entre aquellos determinantes fuera de nuestra propia esfera de acción y nuestro actuar práctico en el mundo. Nos va bien o mal no sólo por nuestras
habilidades, decisiones y comportamientos, también influyen aquellas circunstancias
que quedan fuera de nuestra influencia pero que a la vez, pueden ofrecer alguna
ocasión para la acción. La respuesta que puedo ofrecer sobre mi suerte en la
vida puedo buscarla en mis decisiones y el proceso que me llevó a tomarlas.
Sobre todo debería tener en cuenta los hábitos fruto de los buenos momentos y,
por último, observar las circunstancias, que como la fuerza de una corriente de un río desbordado, nos
sumergen arrastrándonos dentro de los derroteros
de la historia.
Bibliografía:
a)Nicolas Maquiavelo, El Príncipe, Edición Digital, Quirites Ediciones.
b) Moisés González, Introducción al Pensamiento Filosófico,
Tecnos, 2010.
Como dice el poeta: "Porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino" (A. Nervo)
ResponderEliminar(Me gustó mucho tu publicación).
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarNo conocía este poema de Amado Nervo. Para pensar el destino he partido del poema de R.Reis (F.Pessoa) Los jugadores de Ajedrez, del que extraigo este fragmento:
ResponderEliminarCADA uno cumple el destino que le cumple,
y desea el destino que desea;
ni cumple lo que desea
ni desea lo que cumple.
Como las piedras en el borde de los canteros
el Hado nos dispone, y allí nos quedamos;
que la Suerte nos pone
donde hemos de estar.
No sé la suerte que nos depara, supongo que estar donde estamos, aceptar esto o cambiarlo si podemos y así lo queremos.
ResponderEliminarMi suerte? muchísima.Depende de mi? no creo. y, entonces? solo me queda vivir, vivirme en el presente consciente y siguiendo el oráculo de Delfos conocerme a mí misma y así conocer el universo entero.
¿Crees que lo único que podemos hacer es conocernos a nosotros mismos? O bien hacerlo a través del conocimiento del individuo (sujeto, cuerpo, conciencia...) para llegar al conocimiento del todo (objeto, naturaleza, universo...) o al revés partir del objeto para llegar al sujeto. Pero yo creo que el conocimiento de determinadas cosas están sujetas a cierta suerte, pero no una suerte de azar, de puro azar, sino a una suerte de una combinación de circunstancias que acontecen pero que son suerte por desconocidas. Algunos de los elementos de estas combinaciones los podemos conocer como por ejemplo, el estar donde estamos, las personas que nos rodean, algunas cosas del mundo en el que vivimos, algunas de nuestras inclinaciones pero otras no son imposibles, quedan fuera de nuestras posibilidades.
ResponderEliminarY esto es importante porque es una fuente de dolor o de felicidad para muchas personas.
un abrazo! y gracias por contestar!