domingo, 22 de septiembre de 2013

Hola amigos: Repasando algunos escritos que tengo en mis carpetas, encontré este que os adjunto. No sé si corresponde a algún tema de los que nos ocupan habitualmente. Si lo leéis y tenéis algún comentario, estaré encantado de verlo.
De cualquier forma, gracias anticipadas por vuestra atención.
Un fuerte abrazo.
CEREMONIAS CIVILES

Una pareja de amigos nuestros acababan de llegar de viaje, y sentados en la puerta de su casa, charrábamos de las incidencias del mismo, cuando en un momento determinado, mi amiga me pregunto:
¿Qué te parece eso de los bautizos “civiles”?.
Ante mi cara de extrañeza, comentó:
Bueno, como tú no ves televisión, debería explicarte porque te hago esta pregunta. Verás, continuo; hace unos días se dio la noticia, de que una pareja quería bautizar a su hijo.
Dicho así, la verdad es que  parecía que semejante cuestión,  un bautizo, no daba para que lo destacaran en el Telediario. El tema estaba en la segunda parte de la pregunta, “civiles”. Y terminó de contarme la noticia; Parece ser que la pareja en cuestión, no eran católicos, ni profesaban ninguna otra religión y por supuesto no estaban casados, pero, y aquí está lo curioso, querían bautizar a su hijo, pero por lo “civil.
En ese momento, su marido intervino añadiendo: Quizás deberías ampliar la noticia, diciendo, que no solo se están celebrando bautizos, sino también primeras comuniones. Por supuesto “civiles. Y así, me fueron poniendo al día de una de las últimas modas de nuestro país.
Cuando el destino te ha concedido la gracia de llegar a viejo, crees que ya has visto casi todo en el transcurso de tantos años, pero ante cosas de este tipo, uno ya no sabe si llorar o reír.
Muy cierto es aquel antiguo dicho: Los tiempos adelantan que es una barbaridad. Pero a mí, estos avances, me cogen un poco fuera de juego, y me sugieren un buen número de preguntas.

ö ¿Qué se pretende con esto?: ¿Ser diferente de los demás?
ö ¿Crear moda?
ö ¿Es un invento comercial, de algún gremio industrial, para paliar la crisis?
ö ¿Es un ataque a la religión, no solo a la católica, sino a todos los cultos?
ö ¿Es un insulto a los creyentes, solo por el mero hecho de serlo?
ö ¿Se quiere decir, que así ellos son más libres, y por eso hacen lo que les da la gana?
ö ¿Es una excusa para organizar una fiesta, y derrochar “su” riqueza?
ö ¿Hay que hacerlo, porque sino el niño tendrá un trauma, al ser distinto de sus compañeros?
ö ¿Se quieren equiparar a las bodas civiles?

Creo que podríamos seguir y seguir haciéndonos muchas más preguntas, pero con estas pueden ser bastantes, para llegar a la pregunta principal, que según mi criterio, sería: ¿Lo hacen por maldad, o por estupidez?
Yo casi preferiría que fuese por lo primero, porque ante el mal, te preparas y puedes contrarrestarlo. Pero ante la estupidez, es difícil la defensa, dado que no sabes con que incongruencia te va a salir.
Como no estoy muy versado en cuestiones religiosas, me tome la molestia de mirar que se decía en alguna enciclopedia, sobre los temas de “bautismo” y “comunión”. Se definen como unos sacramentos enmarcados en las practicas religiosas, con unos entramados de ritos, exigencias, personas activas y pasivas que deben intervenir en los mismos, con unas peculiaridades muy especificas, para poder ejercer en los diversos actos de estas ceremonias, y que llegan a exigir, que deberán ser “personas religiosas católicas practicantes”. Por lógica, todo esto deberá hacerse en un templo “religioso”, y no en un sitio civil, como parece ser que hicieron los padres, ya que aseguran que no están casados. Deduzco que quieren decir, no están casados “por la iglesia”.
Nada más lejos de mi intención, que sacar a colación el viejo tópico de que en mis tiempos se hacía esto y ahora se hace lo otro, que aquello si y esto no, etc. etc. Pero, usando una expresión callejera muy de moda, algunos “se están pasando varios pueblos”. Por supuesto que yo no soy quien para dictar normas de conducta a nadie, pero si para opinar ante actos semejantes que, para definirlos de un manera suave, constituyen una autentica torpeza, cuando no un ataque a otros que pueden pensar de distinta manera que nosotros, y que merecen todo nuestro respeto. Cuando estamos atravesando tiempos francamente difíciles a todos los niveles, políticos, económicos, de convivencia, tanto a nivel nacional como internacional, caer en estas cuestiones, me parecen de tal miseria moral e intelectual, que casi diría que rozan el delito. Si andan tan sobrados de todo, tiempo, economía, energías, etc., que se dediquen a ayudar a las muchas, muchas personas, que lo están pasando muy mal.
Que se dejen de hacer payasadas, que bastantes tenemos que aguantar todos días los ciudadanos normales de a pie, viendo lo que hacen nuestros dirigentes.
¿O es que lo hacen para salir en los “tomates”?

                                                                      francisco

viernes, 13 de septiembre de 2013

IV Encuentro de la Comunidad Filosófica


El sábado 26 de octubre, en Madrid, tendremos nuestra próxima reunión.

Ya fijaremos lugar y horario. Hay tres posibilidades: en el Centro de Humanidades de la UNED en Lavapiés, en el Ateneo o en la cafetería del Museo reina Sofía.
Para los dos primeros sitios debo pedir autorización. (Si la reunión se pudiera celebrar el viernes 18 por la tarde, se facilitarían los permisos).

El horario del sábado sería: de 11:00/11.30 hasta 13:30/14:00. Posteriormente comeríamos los que pudiéramos (de este modo también acompañaríamos a los amigos que vienen desde fuera de Madrid),

Próximamente haré una sugerencia de textos y temas (se admiten aportaciones). Además de un texto de actualidad (siempre con un sesgo filosófico), he pensado en otro clásico (de profundización filosófica). Estoy pensando en Epicuro ¿qué os parece?

jueves, 5 de septiembre de 2013

Sobre algunas coordenadas para empezar a pensar la suerte de uno en la vida
                El otro día pensaba sobre mi suerte en la vida. Me pregunté ¿Qué hace que en la vida me vaya bien o me vaya mal? Con frecuencia escucho que achacamos nuestra buena o mala suerte a nuestras propias decisiones, habilidades y destrezas. También se suele atribuir nuestra situación a la perspectiva que adoptamos ante el mundo, de forma que una persona puede sentirse desgraciada en donde otra puede ser feliz. No seré yo quien niegue el peso de cada uno en la configuración de su historia personal ni la fuerza del sentido que cada uno da a su situación, pero creo que también hay que tener en cuenta cómo las circunstancias han condicionado nuestra libertad.

                En el capítulo XXV de El Príncipe de Maquiavelo podemos encontrar  una forma de tratar este tema. En él Maquiavelo habla de la Fortuna como una fuerza poderosa que altera las circunstancias de modo que  estas se vuelven adversas  o propicias impregnando la vida de un fatalismo u optimismo, según sea el caso, que nos predispone a dejarnos llevar por la situación. Es como "un río fatal que cuando se embravece inunda llanuras, echa a tierra árboles y edificios, arranca terreno de un paraje para llevarlo a otro". Sin embargo, no debemos caer en atribuir un peso excesivo a la fortuna porque ésta no anula nuestro libre albedrío, de forma que al menos nos deja espacios para la acción. Por eso contra los reveses del  destino podemos tomar precauciones cuando nos sonríe la vida. La fortuna solo bendice a aquellos que están preparados o inclinados a recibirla, golpeando a aquellos que no han puesto los medios para encauzarla. Con esto nos ofrece una visión de la importancia de las circunstancias cambiantes en los asuntos humanos, que, a veces, son como fuerzas que, si nos son contrarias y no estamos preparados, pueden arrasar las bases sobre las que se apoyaba nuestra vida.

                Las circunstancias pueden ser tan importantes para una persona que la sintonía entre nuestra forma de ser (nuestra naturaleza) y la época (los tiempos) puede ser una suerte. De hecho, Maquiavelo tomando como referencia la acción individual muestra que la consecución de los fines que se proponen los hombres no depende tanto de los medios como de que las circunstancias les sean propicias. Los medios son importantes pero no determinantes porque distintas personas usando los mismos medios pueden obtener diferentes resultados(2010,p.194). A la inversa, distintos medios pueden hacer que diferentes personas consigan resultados parecidos. Las inclinaciones a la hora de proceder si concuerdan con los tiempos que nos ha tocado vivir pueden llevarnos al éxito o al fracaso en los objetivos que nos proponemos. Que la fortuna nos sonría o que seamos presos de la fatalidad dependen de algún modo de los tiempos que nos encontramos. No se puede cortar los hilos de la fortuna, solo tejerlos de algún modo para conducirlos de una manera más propicia para nosotros (2010,p.276). Lo que Maquiavelo llama fortuna quizá sería hoy para nosotros la predisposición de los tiempos de una manera que crean unas condiciones que pueden sernos o no propicias.

                La razón es solo una parte para la consecución de los fines que nos proponemos. Pero es la única que aporta cierta libertad de acción y cierta claridad ante los acontecimientos. Contra la adversidad, Maquiavelo propone una noción de virtud como poder creativo para gobernar los acontecimientos y un talante para separarse de la predisposición a actuar que nuestra naturaleza nos impone. Esta tendencia puede deberse al desconocimiento, al no saber hacerlo, o al no asumir un riesgo por la experiencia previa del éxito. En todo caso ser prudentes, pensar las cosas y no dejarnos llevar por la rutina son elementos necesarios  para anticiparse a los acontecimientos y para construir un plan que frene la adversidad buscando la oportunidad de llevarlo a cabo. Todo esto hay que entenderlo en un sentido trágico, quizá como la propia vida del autor, llena de peripecias, en las que los continuos vaivenes de la política le llevaron tan pronto a verse como canciller a encontrarse encarcelado y sometido a torturas. También hay que verlo dentro de la separación de la política de la sabiduría práctica: aquí lo que importa es la supervivencia del más fuerte, mantener la dominación o aumentarla dentro de una lucha constante por la autoconservación.

                En conclusión, una forma de pensar la suerte que hemos corrido en la vida es mediante la oposición entre  aquellos determinantes fuera de nuestra propia esfera de acción y nuestro actuar práctico en el mundo. Nos va bien o mal no sólo por nuestras habilidades, decisiones y comportamientos, también influyen aquellas circunstancias que quedan fuera de nuestra influencia pero que a la vez, pueden ofrecer alguna ocasión para la acción. La respuesta que puedo ofrecer sobre mi suerte en la vida puedo buscarla en mis decisiones y el proceso que me llevó a tomarlas. Sobre todo debería tener en cuenta los hábitos fruto de los buenos momentos y, por último, observar las circunstancias, que como la fuerza  de una corriente de un río desbordado, nos sumergen arrastrándonos dentro de  los derroteros de la historia.

Bibliografía:
a)Nicolas Maquiavelo, El Príncipe, Edición Digital, Quirites Ediciones.
b) Moisés González, Introducción al Pensamiento Filosófico, Tecnos, 2010.