Llegan
estas fechas y no puedo por menos de recordar un par de cosas relacionadas con
una persona querida por mí-y espero que por muchos más-.
La
primera, una frase que dio mucho que hablar en su momento, y que quizás fuese
censurada por algunos-tal vez porque tengan la piel muy sensible-que pronunció
en las Cortes, cuando mando a la m…… a algunos.
La
otra, porque se cumplen años de su muerte. En aquel momento escribí una nota
sobre ello. Me atrevo a ponerla en nuestro blog como un pequeño homenaje hacia
él. Estoy hablando de José Antonio Labordeta.
AL “ABUELO”
Ante el acontecimiento mediático que ha seguido a su desaparición, alguien
quizás pudiera preguntarse: ¿Pero quién era esa criatura, como lo definiría el
profesor Pancracio Celdran, que ha concitado unas alabanzas tan grandes de
“casi” todo el mundo? Y destaco el casi, porque seguro que aquellos a los que,
en la tribuna en la que estamos, o deberíamos estar, todos los ciudadanos representados,
Las Cortes Españolas, él mandó a las cloacas, con aquella frase que ya es
historia, han sido los únicos que no han sentido el dolor que ha recorrido
España entera. Desde el mismo Rey, que dijo: “Era un gran amigo mío, y un gran
patriota”, hasta las gentes más anónimas de todos los rincones del país.
Yo me encontraba fuera de Zaragoza, en un pueblo de Cataluña, cuando se
produjo tan doloroso acontecimiento, y puedo decir que al día siguiente, cuando
nos reunimos los compañeros que compartíamos un taller en el Centro de Mayores,
fueron varios, por no decir todos, los que se acercaron a mí, como único
aragonés presente, para expresar su dolor ante su muerte. Como pudimos ver a
través de todos los medios de comunicación, esta fue la tónica general, sobre
todo en su Zaragoza natal, donde sus conciudadanos acudieron por millares ante
su capilla ardiente para darle su último adiós, y demostrarle así su cariño.
Lejos de mi intención queda el querer glosar su enorme personalidad, que
cantidad de personas mucho más preparadas que yo han hecho y siguen haciendo.
Pero sí que querría rendir mi pequeño homenaje, contando un par de
acontecimientos; uno que le escuche en una entrevista, y otro que vivimos
juntos.
Le entrevistaban en televisión, y ante la pregunta del entrevistador: ¿Con
que faceta de su vida se quedaría?, él contesto sin dudar: “La de cantautor”.
Aunque, aclaró a continuación, que en su DNI ponía, como profesión: Licenciado,
y añadía con aquella socarronería que le caracterizaba: “Que cada cual se quede
con la licenciatura que mejor le parezca”. Porque, si bien es cierto que
ejerció un sinfín de tareas en su vida, yo también creo que la que mejor
representaba su persona, era la de cantautor. En ella se refleja su gran obra
poética, como él mismo declaró: “Mis canciones no son sino poemas musicados”;
así mismo la de escritor, con más de veinte obras publicadas; por supuesto la
de un luchador infatigable por los derechos ciudadanos y por la libertad; la de
profesor que dejo una honda huella en sus discípulos; como no la de político,
que desde su faceta de creador de partidos políticos, hasta la de representante
de su pueblo en Las Cortes, ocupó una buena parte de su vida; fue un propagador
de la vida sencilla de nuestro país, cuando colaboró con televisión, en aquel
programa magnifico de “Un país en la mochila”; que decir de aquella escena tan
entrañable en la que aparecía en el balcón del Ayuntamiento, con la trompetilla
de alguacil en la mano, animando a todos los zaragozanos a gozar de las fiestas
del Pilar, cuando fue el pregonero de las mismas; y en fin, fue una persona que
cosechó simpatía y cariño allí donde acudía, como en la ocasión que tuve la
suerte de vivir junto a él.
En el Centro donde colaboro, “El Terminillo”, tenemos un “Taller de Revista”,
donde se edita “El Llamador”, un boletín que pretende llevar hasta los socios,
una serie de noticias y reportajes que enriquezcan sus vidas, o por lo menos
que se las amenicen. Bajo la dirección de la coordinadora de la misma, Asun
Cebollada, se propuso dedicar un número a su vida y obra, para lo cual teníamos
que contar con su colaboración. Era imprescindible que nos dedicara un tiempo
para llevarlo a cabo, y con la vida tan atareada que tenía, nos surgieron no
pocas dudas de si nos podría atender en nuestras peticiones. José Luis, el
compañero encargado de hacer las gestiones y redactar la entrevista, nos
contaba que, no solo se prestaba a ello, sino que además vendría hasta el
Centro y pasaría una tarde con todos aquellos que desearan asistir. Por
supuesto todo fue un gran éxito, y pasamos unos ratos tan entrañables, que creo
todos guardaremos un gran recuerdo por mucho tiempo. Para mí su faceta más
humana quedó reflejada, cuando en un aparte de esa tarde, me confesó: “Siento
no haber conocido antes este Centro y sus actividades. Me parecen magníficos”.
Así era él.
Recibió muchos homenajes y medallas, algunas de ellas, creo sinceramente a
destiempo, como pasa casi siempre, como las que se le han concedido
recientemente. ¿Por qué no haberlo hecho antes por parte de los que se las
otorgaron?
Querido “Abuelo” José Antonio Labordeta. Tú que has logrado llegar hasta esa
tierra a la que le pusiste el nombre de “LIBERTAD”, mándanos tu última lección
de magnifico profesor que eres, para que sigamos tus pasos, y que un día
podamos gozar juntos de eterna felicidad. Te queremos y nunca, nunca te
olvidaremos.
Francisco