Prólogo a la Autobiografía de
Bertrand Russell
PARA QUÉ HE VIVIDO
"Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas,
han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una
insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones,
como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta
cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la
desesperación.
He buscado el amor, primero,
porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera
sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he
buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en
que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable
abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he
visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han
imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba, y, aunque pudiera parecer
demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- he hallado.
Con igual pasión he buscado el
conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber
por qué brillan las estrellas. Y he tratado de aprehender el poder pitagórico
en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque
no mucho.
El amor y el conocimiento, en la
medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero
siempre la piedad me hacía volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de
gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos
desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y
dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo
ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro.
Ésta ha sido mi vida. La he
hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad.”
Bertrand
Russell, Autobiografía, 1967.
Cuando leo cosas como las líneas
anteriores, me asaltan, entre otros, dos sentimientos: El primero de una gran
tristeza-que procuro desterrar lo antes posible- por el reconocimiento de mi
gran ignorancia. El segundo, que sirve de antídoto ante lo dicho anteriormente,
es el descubrir día a día, palabras tan maravillosas, de gente tan
extraordinaria, como las expresadas por Russell.
He leído libros suyos, pero me
faltan muchos, muchos más, de él y de tantas mentes tan preclaras como la suya.
Solo pido al destino, que me conceda el mayor tiempo posible para poder seguir
descubriendo y disfrutando de todos los grandes hombres que nos han precedido,
sin olvidar ni mucho menos a los que tenemos en la actualidad, y que son
auténticos gigantes del pensamiento.
Ojala os gusten las palabras de
Russell tanto como a mí.
Saludos.
La autobiografía de Russell es interesantísima y altamente recomendable para su lectura. Gracias por traer su referencia a estas páginas.
ResponderEliminarEn cuanto a tu reflexión, la comparto plenamente. Cuanto más vivimos más nos damos cuenta de todo lo que nos resta por aprender. Me faltaría otra vida completa para poder leer todo lo que tengo pendiente y seguro que me resultaría también insuficiente.
¡Cuán conscientes somos de estas cosas a esta altura del camino!